14/08/2026
CRÓNICA DEL TIEMPO: EL PADRE FRANCISCO JAVIER FERNÁNDEZ ORTÍZ.
Por los caminos del sur del estado Monagas, entre sabanas, ríos y poblaciones que parecen guardar el tiempo en su propio paso, hubo una voz que alzó la oración, una mano que bendijo, y un corazón que se entregó por completo a su ministerio entre nosotros. Su nombre: Padre Francisco Javier Fernández Ortiz.
Hace ya muchos años, cuando las calles de Barrancas, Uracoa y Temblador conservaban aún el eco de su llegada, este sacerdote llegó para compartir con sus gentes la fe, la palabra y el amor de Dios. No sabemos con exactitud cuándo comenzó a recorrer estas tierras, ni en qué fecha fue asignado oficialmente a servirnos en cada comunidad; lo que sí permanece vivo en la memoria de quienes lo conocieron es su entrega, su cercanía y su presencia tranquila entre los hogares y los templos de esta región.
El Padre Francisco Javier ejerció su ministerio en tierras que conforman los tres municipios del sur del estado Monagas; En Barrancas, en la Iglesia de San Rafael, fue donde su voz se alzó por última vez; pero antes, recorrió con fe y abnegación Uracoa, Tabasca, Las Alhuacas y demás comunidades de esta extensa zona. Antes también había servido en Cumaná y en Maturín, dejando en cada lugar el sello de su vocación y su bondad.
Era un hombre de 47 años cuando el Señor lo llamó de manera repentina, mientras cumplía su sagrado oficio: un paro cardíaco lo sorprendió en pleno ejercicio de su ministerio, en la casa de Dios en Barrancas. Quedó así sellada su vida: muriendo como vivió, en el servicio al Altísimo y a su pueblo.
Su partida causó profundo dolor en cuantos lo conocieron. Amado y respetado en todos los pueblos donde ofició, su recuerdo no se ha perdido del todo, aunque con el paso de los años muchos ya no logren recordar con precisión fechas ni detalles de su llegada entre nosotros. Lo que permanece es su huella: la de un sacerdote que caminó nuestras tierras, que bendijo nuestros hogares, que celebró la fe en nuestras iglesias, y que se hizo uno más entre los hijos de esta tierra.
Sus restos fueron velados en la Iglesia de San Simón de Maturín, y luego llevados primero a Caracas y después a Málaga, España, lejos de aquí, pero su alma y su obra quedaron sembradas en nuestro suelo. Su madre, doña Carmen Ortiz de Fernández, recibió el consuelo de las autoridades eclesiásticas y del pueblo entero que lloró su partida.
Hoy, al recobrar esta noticia guardada en las páginas de un diario antiguo, rescatamos también su nombre y su historia, para que no se pierda en el olvido. Que esta crónica sirva para que las nuevas generaciones sepan que por estas tierras pasó un hombre de fe, que dio su vida por servirnos, y que en los municipios Sotillo, Uracoa y Libertador, su nombre merece ser recordado con gratitud y respeto.
Quizás alguien, aún hoy, guarda en su memoria aquel día en que lo vio llegar, o la misa que celebró en su comunidad. Si así es, que este escrito sirva para unir recuerdos y mantener viva la memoria del Padre Francisco Javier Fernández Ortiz: sacerdote que caminó entre nosotros, que nos enseñó con su ejemplo, y que ahora descansa en la casa del Padre al cual sirvió toda su vida.
“Bienaventurados los siervos fieles que el Señor encuentre velando cuando llegue.”
Redacción: Carlos José Medrano.