08/01/2026
Quiero decir algo especialmente a las mujeres jóvenes de esta generación:
Ustedes heredaron derechos por los que otras mujeres tuvieron que luchar. Y creo que muchas veces no dimensionamos lo reciente que es esa historia.
Y digo todo esto desde mi perspectiva como mujer latina, como mujer de color.
Cuando hablamos de que las mujeres obtuvieron el derecho al voto en Estados Unidos en 1920, tenemos que contar toda la historia. La 19.ª Enmienda prohibió negar el voto por razón de s**o, pero eso no significó que todas las mujeres pudieran simplemente llegar a las urnas y ejercer ese derecho.
Para muchas mujeres negras, latinas, indígenas y otras mujeres de color, todavía existían barreras de idioma, ciudadanía, impuestos electorales, pruebas de alfabetización, intimidación y otras formas de discriminación. Algunas de esas barreras continuaron durante décadas.
Y ser mujer casada tampoco significaba tener la independencia legal y económica que hoy damos por sentada. En 1922 comenzó a cambiar la ley federal que había vinculado la ciudadanía de una mujer casada con la nacionalidad de su esposo. Y todavía en nuestra historia reciente, una mujer podía encontrarse con enormes obstáculos para obtener crédito independientemente de un hombre.
No fue hasta 1974, con la Equal Credit Opportunity Act, que la ley federal prohibió a los acreedores discriminar por s**o o estado civil.
1974. Déjenme repetirlo: 1974. YO TENÍA TRES AÑOS.
No estoy hablando de una historia antigua que solamente conozco porque la leí en un libro. Esto ocurrió durante mi propia vida.
Por eso, cuando veo a algunas jóvenes de hoy actuar como si la independencia que tenemos siempre hubiera existido, quiero decirles: aprendan su historia.
Para una mujer de color, esa historia tiene todavía más capas. Las generaciones anteriores no solamente tuvieron que luchar por ser mujeres. Muchas tuvieron que luchar simultáneamente contra el racismo, la discriminación, la pobreza, las barreras del idioma y sistemas que ni siquiera fueron construidos pensando en ellas.
Hoy yo puedo tener mi propia cuenta bancaria. Puedo establecer crédito. Puedo ser dueña de un negocio. Puedo firmar contratos. Puedo votar. Puedo tomar decisiones económicas sin pedirle permiso a un hombre.
No considero ninguna de esas cosas pequeñas, porque sé que hubo mujeres antes que yo que no tuvieron las mismas opciones.
Y eso no me enseña a despreciar a los hombres. No me enseña que no necesito a mi esposo ni que la familia no importa. Me enseña algo completamente diferente: una mujer puede amar a su familia, caminar junto a un hombre y aun así tener voz, identidad, preparación y responsabilidad sobre su propio futuro.
Nuestros derechos no aparecieron por casualidad. Hubo generaciones que pagaron el precio para que nosotras pudiéramos vivir con opciones que ellas jamás tuvieron.
Así que a las jóvenes les digo: disfruten de su libertad. Úsenla. Estudien. Prepárense. Construyan. Emprendan. Formen familias si eso desean. Amen. Crezcan.
Pero nunca confundan haber nacido con derechos con pensar que esos derechos siempre existieron.
Porque conocer lo que costó llegar hasta aquí cambia completamente la manera en que valoramos lo que tenemos hoy.
Y la lucha no terminó.
Hoy todavía tenemos que defender nuestra voz y nuestra autonomía sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestros negocios y nuestras familias. Tenemos que seguir defendiendo nuestra capacidad de tomar decisiones, de construir nuestro propio futuro y de abrir todavía más puertas para nuestras hijas.
Porque los derechos que una generación conquista, la siguiente generación tiene la responsabilidad de conocerlos, valorarlos y defenderlos.
A las mujeres que vinieron antes que nosotras les debemos memoria.
A nosotras mismas nos debemos valentía.
Y a nuestras hijas les debemos un futuro con todavía más posibilidades.
I would add this near the end, just before the final lines:
Y también quiero que este sea un mensaje de gratitud.
Mira a las mujeres que estuvieron antes que tú. Tu madre. Tu abuela. Tu bisabuela. Pregúntate qué tuvieron que soportar, qué oportunidades nunca tuvieron, qué sueños tuvieron que guardar y cuántas veces tuvieron que seguir adelante simplemente porque no tenían otra opción.
Tal vez tu abuela no pudo estudiar. Tal vez tu madre tuvo que depender económicamente de alguien. Tal vez tu bisabuela vivió en una época en la que la voz de una mujer tenía muy poco peso. Tal vez algunas de ellas trabajaron toda su vida sin que nadie reconociera siquiera que lo que hacían era trabajo.
No todas marcharon en las calles. No todas aparecieron en los libros de historia. Pero también abrieron camino.
Lo hicieron criando hijos. Trabajando. Sobreviviendo. Sacrificándose. Enseñando. Ahorrando lo poco que tenían. Manteniendo familias enteras de pie y, muchas veces, haciendo todo eso sin recibir reconocimiento.
Así que si todavía tienes a tu madre, a tu abuela o a una mujer mayor que haya sido parte de tu historia, escúchala. Pregúntale. Aprende de ella. Y dale las gracias mientras todavía puedas hacerlo.
Y si ya no está aquí, honra su memoria aprovechando las oportunidades que quizás ella nunca tuvo.
Porque nosotras no empezamos desde cero. Empezamos desde donde ellas lograron dejarnos.
A las mujeres que vinieron antes que nosotras les debemos gratitud y memoria.
A nosotras mismas nos debemos valentía y preparación.
Y a nuestras hijas les debemos un futuro con todavía más posibilidades.
Gracias, mamá. Gracias, abuela. Gracias, bisabuela. Gracias a cada mujer que abrió una puerta, aun cuando sabía que probablemente ella misma nunca tendría la oportunidad de atravesarla.
Ahora nos toca a nosotras mantener esa puerta abierta para las que vienen detrás.