27/02/2023
“El primogénito de Eva no es abandonado a sí mismo, rumiando su resentimiento y su ira. Dios interviene con su palabra y se dirige precisamente a Caín, en primer lugar a través de una doble pregunta que es una invitación a entrar en diálogo: «El Señor le dijo: “¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja?”» (Gn 4,6).
El Señor reconoce el estado emocional de Caín y le ofrece una visión externa de lo que ocurre en su interior. Las preguntas sirven para sacudir a Caín, para que no se repliegue en su dolor, sino que reflexione con alguien distinto a él, con Dios, sobre las razones que le han llevado a tal estado de postración[10]. Se exhorta a Caín a salir de un repliegue sobre sí mismo que lo empuja cada vez más hacia abajo. La pregunta del Señor es una invitación al primogénito de Eva para que se detenga y busque una respuesta a lo que sucede en su interior, evitando permanecer desequilibrado por su propia afectividad frustrada. Las palabras de Dios pretenden llevar a Caín a una mayor conciencia de su propia interioridad y de sus reacciones emocionales, pero ¿será capaz de evitar consecuencias perjudiciales? La palabra del Señor no se expresa a través de una declaración que altere mágicamente el estado de ánimo de Caín, sino que apela a la libertad y a la responsabilidad del primogénito de Eva: «Si obras bien podrás mantener [la cabeza] erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo» (Gn 4,7).
La expresión es bastante compleja, difícil de traducir del hebreo a otros idiomas[11]. Es importante destacar cómo el Señor no le dice a Caín que no se enoje, sino que le pone delante dos caminos, dos opciones posibles, con sus respectivas consecuencias[12]. El Señor sigue interactuando con Caín a través de preguntas que le ayudarán a salir de la ira y la depresión en la que se encuentra. Si Caín actúa bien y no se deja llevar por las acciones dictadas por su estado de ánimo, entonces podrá volver a levantar la cabeza y revertir el estado de postración en el que se encuentra[13]. Las palabras del Señor muestran que no sólo los afectos llevan a la acción. También ocurre que las acciones buenas o malas pueden cambiar las disposiciones afectivas. Caín tiene la oportunidad de actuar en dirección contraria a lo que le molesta e irrita, y así poder volver a levantar su rostro. ¿Lo logrará?
La segunda parte de la pregunta del Señor advierte a Caín de que no haga el mal: el pecado es como una bestia salvaje agazapada a la puerta, temblando, lista para atacar, si Caín le abre la puerta. La clave del futuro del primogénito de Eva está en su acción y afectividad. ¿Será capaz de domar al animal que está en su puerta? Caín se encuentra ante dos opciones igualmente posibles: el bien y el mal; por el momento, nada está aún comprometido. André Wénin lo plantea en los siguientes términos: «¿Encontrará [Caín] su dignidad de hombre deteniendo el mal que le golpea y le atraviesa, o dejará que lo convierta en una nueva víctima? ¿Podrá «domesticar» al animal que hay en él y convertirse, según la hermosa expresión del P. Beauchamp, en el «pastor de su propia animalidad», realizando así, en su difícil condición, la vocación de todo ser humano?»[14].
El Señor interactúa con Caín a través de múltiples preguntas para alentar una respuesta sensata y persuadir al primogénito de Eva de que nada es irremediable. Dios apela a los afectos de Caín para que no actúe bajo los efectos de su onda emocional, que puede resultar destructiva para él y para los demás. El Señor no detiene la mano del primogénito de Eva; la historia, antes bien, prepara el escenario para el drama de la libertad del hombre, que puede dirigirse hacia el bien o el mal.”