23/03/2026
Delfina Acosta ya es una escritora que ha transitado con vocación y persistencia en el arte de escribir.
Tal vez el hecho, que es una virtud, en su número de obras editas, multiplica su valor por la consistencia y contenido de su creación.
Es posible que el hecho provenga de alguna manera, por su integración con coetáneos que practicando el mismo oficio, desde ya hace casi 50 años, constituyen un infrecuente pero valioso testimonio de mutuorespeto, máximo aprecio y siempre con el propósito de competir en lacalidad de las obras que de ellos mismos emana. Convivir en un grupo cultural durante cinco décadas, no es un fenómeno común, y que entextos de producción literaria, vaya sumando valores, que se notan ydisfrutan en nuestro medio.
Ser escritor en el Paraguay, no es tarea fácil. Hay pocas revistasculturales y los suplementos en los diarios, son cada vez más prietos, ya nosolo para los nóveles, sino aún para los escritores consagrados.
Para más, últimamente se puso de moda producir material literario,unas veces para escandalizar, otras para incursionar en el género delterror y eso no está mal, si ella surge como creación de una mente quetransita en ese habito, como degustación y estilo propio y no por seguiruna moda.
Delfina Acosta acaba de publicar "Pueblo Negro", 2026. Fausto Ediciones, en una novela con 180 páginas, y dentro de una óptica realista,como surgía hace unos 80 años en la obra de Casaccia Bibolini y José María Rivarola Matto.
Escribir sobre una ciudad (o pueblo) negro, implica una ardua tareacreacional, porque los hechos que conforman esa realidad nacional, debenrasgar las vestiduras de lo tradicional. Las escuelas a veces se repiten, pero el escenario vivencial debe ser novedoso. Ambientado en un pueblosin nombre, en un tiempo que transita entre 1925 a 1935 gusta ductilidad y practicidad con que recrea a las personas que viven en unmundo arido, pero que no deja de tener humanidad o vocación deexpresión.
A Casaccia, cuando publicó (1952) su icónica novela “la Babosa", algunos críticos literarios lo tildaron de destructor del hábitatde una sociedad, corrompida por la decadencia, con personajes aún másdecadentes.
No hay tal, si uno retrata el tiempo de una obra, en forma real,fantástica o surreal; lo que vale es el estilo y el resultado en valoresexpresivos.
Delfina Acosta apasiona siempre en sus obras, y ello desde elcomienzo, conoce el oficio literario, lo practica y lo expone en todas sus creaciones. Ella vive de su arte: socialmente, colectivamente, y económicamente.
Enseña y trasmite su conocimiento a otras personas, no se apartade la realidad funcional del país, todo eso demuestra con “El pueblo Negro”, siendo de gran valor estético y creativo todo lo que expone enella. Refleja su deseo de querer servir y ser útil a la sociedad.
Campos Cervera, el poeta, de estructura fenomenal, decía “todo arte debe servir”, y Elvio Romero, veinte años más joven, produce una poesía comprometida con los valores sociales y de gran calidadconstructiva.
La buena obra no envejece, y así como los otros escritores,que hemencionado, buscaron lo suyo y sobreviven, así también Delfina Acosta ysus coetáneos escritores, sobrevivirán al tiempo, porque lo hicieron y losiguen haciendo con arte y compromiso.
Pedro Gamarra Doldan
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