31/08/2026
Incapacitar a las personas es un acto poderoso. Muchos prefieren construir el discurso del "no se puede" antes que sentarse a buscar una solución.
Durante los pasados fines de semana me tocó arreglar mi propio auto. Ante la necesidad, asumí la tarea. Previo a comenzar la reparación, me encontré con comentarios como "cómprate un carro nuevo" o "llévalo al mecánico". Entre tantas opiniones, ninguna fue: "eres capaz de resolverlo" o "tú puedes repararlo".
El mundo de la mecánica, desde la visión tradicional, dice que esto es "solo para hombres" y que las personas gay no sabemos de eso. En ese sentido, corremos con la misma suerte que las mujeres frente a un discurso que busca incapacitarnos.
¿El resultado?
- Cambié la puerta dañada e instalé una nueva. (montada y desmontada en más de una ocasión).
- Removí e instalé el guardalodo.
- Cambié los cinturones de seguridad.
- Desinstalé y monté el cristal para que el power window funcionara a la perfección.
Todo este trabajo estaba estimado entre $4,000 y $5,000 dólares —considerando que apoyar lo local en Puerto Rico a veces implica entregar un pulmón y medio corazón—. ¿Mi inversión real? Menos de $1,000.
¿Qué me falta? Pintar el vehículo. ¿Y saben qué estoy haciendo? Leyendo y estudiando para aprender a hacerlo yo mismo, con todo lo que eso implica.
Como le decía a una compañera de trabajo: "¡ya parezco maestra de Economía Doméstica!"
El sistema de consumo está diseñado para comprar y botar, no para reparar ni ver oportunidades. Hoy decido reaccionar, atender y demostrarme que existe capacidad.
No estoy en el lugar en el que estaba antes, pero voy camino a un mejor espacio. Ojalá le sirva a alguien. ¡Puedes!