14/08/2024
A propósito de los hechos ocurrido en Yurimaguas sobre el cruel as*****to de una mujer en manos de un hombre en un centro de toma de ayahuasca, les invito a leer un artículo, que pueden encontrarlo tambipen en mi página: nhidalgosan.com
Del ayahuasca y otros alucinógenos
Autor: Néder Hidalgo Sánchez
ADVERTENCIA
A propósito de lo ocurrido en Yurimaguas con un tipo que trata de responsabilizar al Ayahuasca de su accionar salvaje, a modo de una investigación sencilla o indagación medianamente rigurosa, acabo de leer la obra de Aldous Huxley “Las Puertas de la percepción”.
Procuraré analizar la obra de Huxley desde mi propia experiencia y perspectiva, intentaré en todo lo que pueda, no recurrir a otros autores que desarrollan el tema, sé que los hay muchos sobre todo desde el mundo de la medicina y específicamente desde la psiquiatría o psicología.
SOBRE EL AUTOR
Aldous Huxley, es un escritor inglés, de los primeros en el siglo XX que buscó descubrir los cambios objetivos que produce la ingesta de dr**as alucinógenas en la mente humana a partir de su propia experiencia producida por la toma de la mescalina, yo tomé ayahuasca, ya les cuento.
LA MESCALINA
La Mescalina (trimetoxifenetilamina) es una sustancia psicoactiva que se encuentra naturalmente en dos tipos de cactus, el Pe**te (Lophophora williamsii) y el San Pedro (Trichocereus pachanoi). Desde hace miles de años estos cactus han sido utilizados tradicionalmente por diferentes pueblos indígenas del continente americano, siendo muy importante en la ritualidad, espiritualidad y cosmogonía de estos pueblos. En la actualidad además de su uso ancestral, es consumida en la cultura occidental ya sea en forma de preparaciones crudas con alguno de los cactus, o purificada mediante extracción o síntesis (Ludwig Lewig, 1886). Se podría hablar en nuestro contexto del Ayahuasca.
LA OBRA
No es poco el interés que he tenido en conocer sobre este tema, ni mucho menos, en razón de que nunca me he suministrado droga alguna, ni tan siquiera por curiosidad; ocurre que un hijo mío estudió psicología, de modo que se me dio por tomar el libro de su estante, además de la curiosidad que despertó en mí el haber salido recientemente de tratar el tema de la Estética de la Recepción de Robert Hans Jauss (1967) en un Máster sobre escritura creativa en español que seguí en la Universidad de Salamanca, a ver qué efecto causaba en mí la obra de Huxley.
Al comenzar con la lectura, pude descubrir que Las puertas de la percepción, es un ensayo que trata sobre la trascendencia del yo (subrayado mío) y cómo es que la ingesta de alucinógenos provenientes de las plantas producen cambios en la conciencia humana a partir de la liberación del yo del mundo encapsulador en que nos encontramos, ese mundo que nos encierra en las necesidades generadas por la codiciosa “necesidad material diaria” o consumismo que nos agobia y en el que estamos sumidos hoy; el no yo liberado de mi asfixiante abrazo dice el autor, debo presumir que se refiere a ese yo diferente del que vive diariamente en la soledad de su oficina rodeado de libros y muebles, de una sociedad irritantemente exigente como la que nos rodea.
En su visión o lo que le llama en su viaje, bajo los efectos de la mescalina, Huxley señala ver de una manera diferente a las patas de las sillas de su sala, que luego las va a ver reflejadas en un cuadro de Van Gogh al visitar una droguería y abrir un viejo libro de arte; en el cuadro La silla, su simple silla ordinaria de su oficina aparece ahora siendo la misma que en esencia había visto en su “viaje” bajo los efectos de la mescalina; luego al observar en el libro de Botticelly el cuadro El nacimiento de Venus, lo que más llama su atención es el color púrpura de las flores que viera en su viaje en las rosas de su sala, el corpiño … reflejaba lo visto ya… esas rosas ordinarias de su sala, aparecen bajo el efecto de la mescalina con una belleza extraordinaria similar a la belleza del cuadro de Botticelly; esto es la percepción en ciernes, que en tanto se avanza en la lectura de su libro se aclara de manera interesante.
Ver unas rosas bajo el efecto de la mescalina es como ver a Adán contemplando el milagro de la creación, de la existencia desnuda.
Huxley, relaciona la percepción al mundo del arte con una retórica endiablada –uso este término para magnificar, no sé si correctamente sobre lo que sigo leyendo en el libro- y es que hace unas referencias intrincadas pero claras de filósofos, artistas, psicólogos y otros, mezcla de lírica, narrativa y diálogo depurado con quienes le acompañan en su experiencia con la mescalina (su esposa y un investigador). Cito un verso para graficar lo que digo:
Rosas:
Las flores son fáciles de pintar
Difíciles las hojas.
Cuando Huxley, para desarrollar la idea de la percepción dice: “nada es lo que nuestra imbecilidad llama mera cosa, todo puede ser visto de distinta manera”, considero contundente, inclusive sin los efectos de la mescalina, que sí pues, que se puede mirar las cosas de manera distinta a como las vemos: el andar bamboleante de un perro con rabia o sin esta, el gris panza de b***o de los cielos en invierno de Lima, las lluvias machos o hembras desperdigadas sin cesar en la selva, los mal olientes desagües de la ciudad de Iquitos, la descarnada tristeza de alguien que perdió un ser querido por el covid 19 o el dengue, el vuelo de un colibrí al parecer sin alas succionando la miel de las rosas…todo es cuestión de percepción; deberíamos verlos tal vez no como se presentan ante nuestros ojos, sino con una mirada que mezcle colores, sentimientos, musicalidad operando en nuestro cerebro, porque de esa manera, tal vez el perro rabioso no resulte ser tan bravo como creemos que sea o que el cielo gris de Lima o de cualquier tarde lluviosa también encierra belleza incomprensible, etc.
Es así como deberíamos ver, pues si no lo miramos así, dice Huxley, ni el más prosaico escritor menos el pintor, podrían aspirar a realizar nada bello.
Ahora bien, a lo largo de Las Puertas de la percepción, el autor establece una relación interesante entre el tema de la percepción y la educación, dice que:
…la educación está fundamentalmente hecha de palabras, formamos estudiantes de ciencias naturales que nada saben de naturaleza y estudiantes de humanidades que nada saben de humanidad, ni de la suya ni de la ajena.
Huxley aparece entonces, como un crítico cáustico, corrosivo de la educación contemporánea, de la formación que se da a los chicos del mundo contemporáneo y, razón no le falta, pues considero, cuando precisa que hay que ampliar el campo de la percepción humana y aumentar su agudeza, que la educación solo ha venido desarrollando una serie de marcos básicamente conceptuales alejados -en el caso de américa latina y el Perú- de áreas importantes como el arte y la filosofía, que prácticamente ha desaparecido de los currículos, sin tener en cuenta que esta puede desarrollar en los chicos una mejor percepción de las cosas así como su sensibilidad … y sin recurrir al uso de la mescalina o cualquier otro alucinógeno.
No sé si resulte un atrevimiento, pero Huxley –que escribe supongo bajo los efectos de la mescalina- al referirse a la humanidad señala que la mayoría de humanos paramos casi siempre en el afán permanente de escapar de nosotros mismos y del ambiente en que nos encontramos, y que tal vez se necesite una nueva droga que alivie y consuele a nuestra doliente especie sin hacer a la larga más daño del bien que hace a la corta –estar o no de acuerdo con esto no es mi tema-. Con este último párrafo, se refiere al daño que causan la coca, el alcohol y el cigarro, a los que se consume con más gasto del que se hace en educación, pese a que hoy leemos permanentemente los efectos que estas tienen, como la psicosis, conductas inadecuadas detrás de la embriaguez, cáncer a los pulmones, etc.
La única acción razonable –señala- es abrir puertas mejores, con la esperanza de que hombres y mujeres cambien sus viejas malas costumbres por hábitos nuevos y menos dañosos; por lo demás –refiere- jamás se ha sabido que la mescalina genere dependencia o tolerancia, igual que el ayahuasca –agrego- que se usa básicamente en rituales, y no se sabe que aquellos que lo toman en espacios de más o menos dos meses tengan la necesidad o la ansiedad de volver a tomarlo, como en el caso de los drogodependientes o bebedores consuetudinarios, por lo tanto resulta inocua, y se utiliza básicamente para los rituales, al igual que la hoja de coca en los andes.
En efecto, la experiencia de trabajar en la selva peruana con indígenas del pueblo Candoshi, Skawis y Secoyas donde he vivido la experiencia me ha demostrado que con el consumo del ayahuasca -“soga del diablo”, nombre quechua para un té elaborado con el arbusto psychotria viridis y utilizado para fines rituales por los indígenas en el Amazonas-, nadie ha quedado pasmado o borracho o ha perdido el control y se ha convertido en una bestia descontrolada, siempre existe la serenidad, la cortesía y consideración entre los que lo toman, no como en otros espacios donde se bebe para emborracharse o se consume otros tipos de droga en el que la condición humana se denigra y bestializa a extremos.
La experiencia vivida con el ayahuasca, me lleva a preguntar: ¿el desarrollo de la percepción tal vez necesite de un elemento externo que lo genere, para llegar a la trascendencia?; no sé me quedo sin respuesta, pero debo aclarar que al igual que la mescalina de la experiencia de Huxley, el ayahuasca ha generado en mí una percepción diferente de las arañas, de las estrellas de mar y hasta de las serpientes en que se convertían mis dedos e inclusive la visión exacta de la muerte de un familiar en ese mismo instante en que los efectos del alucinógeno hacían presa de mi conciencia en medio de estrellas y luces de miles de colores, es más, lo extraordinario de la experiencia es que se produce en un estado de conciencia absoluta, y el despertar de ella es sentirse nuevo y ver las cosas de tu alrededor de manera distinta; no en vano los indígenas de la amazonía, lo toman para ser mejores cazadores, para ser mejores dibujantes, para ser mejores músicos o mejores personas, para tener una mejor relación con los elementos de su entorno, de su naturaleza, esa cuyo silencio o bullicio, magia y mitología … encanta. Confieso que las arañas, las serpientes rodeadas de luminosidad, luces titilantes que van y vienen bajo los efectos del ayahuasca, me han parecido de una belleza extraordinaria, en el mundo real a las arañas y serpientes no las vemos así, es más nos llenan de espanto y entramos en la extrema necesidad de eliminarlos, de criminalizarnos.
Huxley, en suma y magistralmente, nos lleva a recorrer el insondable mundo de la mente humana -con o sin mescalina o ayahuasca diría yo-, con un exquisito análisis desde lo psicológico, artístico, literario, educativo y hasta religioso .
Creo, en fin, que todo es un asunto de percepción, hasta lo que escribe Huxley, pero de que se quiera culpar al ayahuasca del comportamiento criminoso me parece una treta abogadil, y un despropósito cultural atrevidamente inaceptable.
Néder Hidalgo Sánchez
Abogado, educador, master en Escritura creativa en Español
Tarapoto, agosto del 2024.