01/06/2026
📌 DEBATE PRESIDENCIAL 2026: CUANDO LA PERCEPCIÓN TÉCNICA EMPEZÓ A PESAR MÁS QUE EL DISCURSO POLÍTICO
El debate presidencial del 31 de mayo dejó una sensación bastante clara para quienes observaron más allá de los aplausos, las frases preparadas y los ataques políticos: uno de los candidatos intentó convencer al país de que puede administrar el Estado; el otro intentó convencer al país de que el Estado debe cambiar profundamente.
Si se analiza el debate entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez desde tres criterios fundamentales —nivel técnico, orden discursivo y visión de país— la diferencia se hizo evidente especialmente en el bloque económico, donde la percepción de preparación y capacidad de gestión comenzó a pesar más que el discurso político.
Keiko Fujimori llegó con un mensaje centrado en la estabilidad macroeconómica, la inversión privada, la generación de empleo, la disciplina fiscal, la seguridad jurídica y la gobernabilidad. No fue una exposición revolucionaria ni basada en promesas grandilocuentes, pero sí estructurada, consistente y orientada a la ejecución de políticas públicas. Su estrategia fue clara: transmitir predictibilidad y confianza.
Roberto Sánchez, por el contrario, presentó una narrativa más política que económica. Sus intervenciones estuvieron enfocadas en la desigualdad, la exclusión, la redistribución de la riqueza, la transformación social y una mayor participación del Estado en la economía. Sin embargo, cuando el debate exigió precisión sobre sostenibilidad fiscal, financiamiento de programas sociales, déficit público, autonomía institucional y reglas económicas, comenzaron a surgir interrogantes sobre la viabilidad de varias de sus propuestas.
Uno de los momentos más comentados fue su referencia a la Constitución de 1979 para sustentar la autonomía del Banco Central de Reserva. Si bien dicha Constitución reconocía bases importantes para la institucionalidad monetaria, el diseño moderno de autonomía del BCR, su independencia funcional y su protección frente a interferencias políticas fueron fortalecidos de manera mucho más clara en la Constitución de 1993.
La situación generó una percepción contradictoria. Durante meses, sectores cercanos a Sánchez cuestionaron aspectos centrales del modelo económico vigente e impulsaron la necesidad de una nueva Constitución. Sin embargo, en la etapa final de la campaña comenzó a defender la continuidad de Julio Velarde y la autonomía del Banco Central. Políticamente puede interpretarse como moderación; técnicamente como una rectificación; pero para muchos electores también pudo percibirse como una señal de improvisación.
Y precisamente allí apareció una de las mayores fortalezas de Keiko Fujimori durante el debate: la consistencia.
Su discurso económico es prácticamente el mismo que ha sostenido durante toda la campaña: crecimiento mediante inversión privada, fortalecimiento empresarial, recuperación de la confianza, respeto a las instituciones económicas y estabilidad para atraer inversiones. En política económica, la consistencia suele generar más confianza que la espectacularidad.
También fue evidente una diferencia en el manejo del lenguaje. Mientras Keiko hablaba de reglas de juego, crecimiento, infraestructura, empleo, inversión y gobernabilidad, Sánchez recurría constantemente a conceptos como justicia social, poder popular, transformación democrática y nuevo pacto social. El problema no radica en utilizar esos conceptos, sino en que un debate presidencial constituye, ante todo, una evaluación de la capacidad de gestión de quien aspira a conducir el país.
En cuanto al nivel técnico, la ventaja fue para Keiko Fujimori. Sus propuestas estuvieron acompañadas de referencias más concretas a mecanismos de ejecución estatal, estabilidad económica y continuidad de políticas públicas. Sánchez presentó iniciativas orientadas a una mayor intervención estatal, fortalecimiento de pequeños productores e industrialización, pero con menor detalle respecto a su implementación y financiamiento.
Respecto al orden y manejo del debate, Keiko mantuvo una línea argumentativa consistente en los bloques de seguridad, democracia, salud, educación y economía. Sánchez, en cambio, dedicó una parte importante de sus intervenciones a cuestionar al fujimorismo y al pasado político de su contendora, estrategia que le permitió conectar con sectores críticos del modelo actual, pero que redujo el espacio para desarrollar propuestas concretas.
Sobre la visión de país, ambos candidatos mostraron proyectos claramente diferenciados. Keiko defendió un modelo basado en estabilidad económica, inversión privada, fortalecimiento institucional y lucha contra la inseguridad. Sánchez planteó un modelo orientado a la redistribución, mayor presencia estatal, reformas institucionales y participación ciudadana. Son dos caminos distintos que reflejan las dos grandes preocupaciones del Perú actual: el temor a la inestabilidad económica y la sensación de que el crecimiento no ha beneficiado a todos por igual.
Y precisamente allí radica la principal fortaleza electoral de Roberto Sánchez: representar el descontento acumulado de sectores que sienten que el crecimiento económico nunca llegó a sus vidas. No en la técnica ni en la macroeconomía, sino en la capacidad de canalizar una demanda de cambio.
Sin embargo, los debates suelen definirse en los márgenes. Y los márgenes los deciden los indecisos. Aquellos ciudadanos que no buscan una revolución ni una continuidad absoluta, sino certezas sobre el futuro del país.
Por ello, si separamos desempeño y contenido, la impresión general que dejó el debate fue la siguiente:
✔️ Nivel técnico: Keiko Fujimori.
✔️ Orden y manejo del debate: Keiko Fujimori.
✔️ Claridad programática: ligera ventaja para Keiko Fujimori.
✔️ Capacidad de confrontación política: Roberto Sánchez.
✔️ Propuestas de cambio estructural: Roberto Sánchez.
✔️ Percepción de gobernabilidad: Keiko Fujimori.
La noche no dejó un triunfo aplastante ni resolvió el debate sobre qué modelo de país necesita el Perú. Pero sí dejó una impresión relevante entre muchos ciudadanos: mientras Keiko Fujimori proyectó una imagen de gestión, estabilidad y capacidad para administrar el Estado, Roberto Sánchez proyectó una imagen de cambio y cuestionamiento del sistema.
Y en términos de percepción técnica, control emocional, consistencia económica, orden discursivo y sensación de gobernabilidad, el debate terminó favoreciendo a Keiko Fujimori.
No porque haya tenido todas las respuestas.
No porque haya ganado cada intercambio.
Sino porque proyectó con mayor claridad la imagen de una candidata preparada para gobernar el Perú.
Mientras Roberto Sánchez pareció más preparado para cuestionar el sistema que para conducirlo.
Mg. Abog. Henry Rogger Siancas Quezada
Transparent Justice & Abogados SAC