03/08/2026
Talos: el gigante de bronce que anticipó la era de los robots
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
Mucho antes de que los laboratorios construyeran máquinas capaces de caminar, vigilar territorios o ejecutar instrucciones, la imaginación griega concibió a Talos, un gigante de bronce encargado de proteger la isla de Creta. No era un hombre oculto dentro de una armadura ni una divinidad transformada temporalmente en metal. Era una criatura fabricada, dotada de movimiento y destinada a cumplir una misión concreta. Su historia pertenece al mito, pero revela que el deseo de construir seres artificiales antecede por muchos siglos a la robótica moderna. Adrienne Mayor lo sitúa entre las antiguas representaciones de criaturas “hechas, no nacidas”, concebidas para imitar o superar determinadas capacidades de los organismos vivos (Mayor, 2018).
Llamarlo el primer robot de la historia resulta atractivo, aunque requiere prudencia. Los griegos no conocieron computadoras, programas, sensores ni sistemas electrónicos de control. Sin embargo, imaginaron un cuerpo artificial que se desplazaba de forma autónoma, detectaba la presencia de intrusos y respondía violentamente contra ellos. Talos no poseía inteligencia artificial en el sentido contemporáneo, pero encarnaba problemas que continúan abiertos: quién controla a una creación automatizada, quién responde por sus decisiones y qué ocurre cuando una entidad sin conciencia recibe autoridad para determinar quién representa una amenaza. Su figura reúne el entusiasmo ante la capacidad humana de fabricar y el temor de que toda creación poderosa termine revelando los límites morales de sus autores (Mayor, 2018).
Artículo de información José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez 3 de agosto del 2026 Mucho antes de que los laboratorios construyeran máqu