09/08/2026
𝗘𝗹 𝗱𝗶́𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗮𝗯𝗼𝗴𝗮𝗱𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿 "𝗻𝗼", 𝗲𝗺𝗽𝗶𝗲𝘇𝗮 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗶𝗼.
Hoy tuve que decirle a un potencial cliente que no podía aceptar su caso.
Llegó con su familia y una bebé en brazos. Habían perdido un proceso de desalojo en dos instancias y habían iniciado una demanda de prescripción adquisitiva con la esperanza de evitar el lanzamiento. Los escuché con atención y, antes de responder a su consulta, les hice una sola pregunta:
—¿𝘛𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘥𝘰́𝘯𝘥𝘦 𝘪𝘳?
Sabía que mi respuesta no era la que esperaban. Pero, después de revisar el caso, no encontré una vía jurídica que, con honestidad, pudiera defender. Se los dije con respeto. Incluso les pedí disculpas por la franqueza.
Tal vez otro colega acepte el patrocinio. Yo preferí ser honesto. En lugar de alentarlos a seguir un camino que no veía viable, les recomendé buscar una salida negociada con la demandante, más aún cuando, además del desalojo, se exponían a una eventual demanda de pago de frutos. Hace mucho decidí que mi trabajo no consiste en vender esperanzas, sino en ofrecer criterio.
Ese criterio no siempre genera un encargo. Pero sí construye confianza. Y, para mí, esa confianza vale mucho más que un honorario.