07/07/2026
PERÚ Y EL LIBRE MERCADO PARA SER LA MEJOR ECONOMÍA DE LATINOAMÉRICA
El mercado libre y la libertad han colocado al Perú como la economía más sólida del continente. Reconocida por contar con una de las monedas más fuertes y estables, una inflación históricamente baja y altos fondos de reservas internacionales netas, pero que -sin embargo- afronta graves problemas estructurales como la informalidad, desigualdad e inseguridad ciudadana, que son los retos a vencer para el próximo gobierno.
El modelo que se practica en nuestro país posee características que encajan bien en el concepto, pero aún no se encuentra lo suficientemente desarrollado cómo para cubrir completamente con las expectativas de economía de mercado y economía social de mercado, plasmadas tanto en las Constituciones de 1979 pero fundamentalmente en la de 1993.
El capítulo económico de la Constitución de 1993, planteó un esquema de economía social de mercado que prioriza la libertad de empresa y la estabilidad jurídica, basado en el rol subsidiario del Estado, donde éste solo interviene en tanto la empresa privada no llega, limitando su ingerencia a ente regulador y promotor del mismo.
• En los últimos treinta años ha sido el propio mercado quien ha permitido crecer a la economía, empero solo una parte de la población se ha visto beneficiada con ese crecimiento. En ese sentido no ha habido una correcta redistribución y es allí donde debió acontecer un rol más protagónico del Estado. Vale decir, el mercado evoluciona los indicadores de la economía, pero la repartición de los ingresos que eso genera, de momento, no ha satisfecho las expectativas de todos.
Es más, contuvo su marcha de crecimiento pasando de un promedio del 6,2 por ciento anual entre 2005 y 2014 al 2,4 por ciento entre 2015 y 2024 por causa de la baja productividad, el crimen organizado y los altos niveles de informalidad de la Población Económicamente Activa (PEA) superan el 70%, lo que se traduce en falta de derechos laborales y un sistema de pensiones precario en el país.
A pesar de esto, el Perú se consolida como el país con mayor estabilidad económica en Sudamérica, con un meritorio 4.85%, lo que ratifica su solidez, producto de políticas responsables de Estado a despecho de las distintas coyunturas, confianza en los mercados y el esfuerzo de todos los sectores productivos del país. Brasil ocupa el segundo lugar con 3.92%, seguido por Chile con 3.45%, Colombia con 3.15% y Uruguay con 2.98%, marcando un buen cuadro regional pero con liderazgo peruano, generando oportunidades de inversión, desarrollo sostenible y ser un referente económico, atractivo para los negocios.
En el Índice de Libertad Económica regional, Perú continúa en una ubicación expectante, pero en términos de estabilidad cambiaria frente al dólar, el sol peruano manda en la región. En este contexto, el Perú retrocedió dos posiciones frente al año anterior y pasó a ubicarse en el puesto 56 del índice, con un puntaje de 66.3, debido a deficiencias en el derecho de propiedad, el exceso de trámites burocráticos, un código laboral rígido y el alto impacto de la corrupción en la administración pública. Con esto, el país conserva una categoría de libertad moderada, tanto a nivel global como en el continente.
La independencia del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), respaldado por leyes que garantizan su autonomía, ha sido clave para el control de la inflación y la estabilidad de la moneda frente a fluctuaciones externas. Asimismo, el elevado nivel de reservas internacionales netas, le concede un blindaje frente a choques externos y crisis globales.
Respaldada por una demanda interna sólida, en particular el consumo privado, el BCRP prevé que el PIB crezca un 3,2 % en 2026, superando el promedio de América Latina estimado en un 2.1%, y un promedio similar en 2027, más allá que el nuevo gobierno apuesta por alcanzar un ambicioso 5%.
El modelo de libre mercado y la promoción de Tratados de Libre Comercio (TLC) han insertado al Perú en la economía global, atrayendo inversión privada y fomentando sectores como la agroexportación y la minería. Al respecto, la fuerte demanda global de minerales, impulsada por la transición energética y la inteligencia artificial, proyecta exportaciones récord que superan los $118,000 millones.
El evolución del mercado eleva la recaudación tributaria y, en ese orden, la cantidad de dinero que el gobierno poseerá para invertir en educación, salud pública, agua y desagüe, etc. Sin embargo, si ese capital se pierde en corrupción o simplemente las entidades públicas no saben cómo gastarlo, entonces no habrá una suficiente redistribución. Aquí aparecen las consecuencias de reformas postergadas; sin ellas solo habrá asistencialismo y no mejoras reales en la entrega de servicios básicos de calidad.
Para que realmente el libre mercado se consolide en nuestro país, debemos descartar el mercantilismo. Es decir, ciertos grupos de poder que están conectados con el gobierno de turno para g***r de privilegios y obtener facilidades de modo que crezcan cada vez más. Donde la competencia no se da en igualdad de condiciones y, en la mayoría de los casos, la forma para obtener sus metas son las conexiones con funcionarios involucrados en los tres niveles de gobierno a cambio de dinero.
El éxito de la economía es que la generación de la riqueza no se concentre en unos pocos, a través de la corrupción, eso no es una economía social de mercado, pues los recursos no se asignan en función de las capacidades de cada uno, sino a partir de beneficios logrados al margen de la ley.
Al respecto, para que el mercado funcione con eficacia, se requiere también que el Estado lo haga. Si el mercado se expande absolutamente solo, pero sin la supervisión del Estado, entonces no habrá economía social de mercado. Pueden cambiar las leyes pero si no existe una real redistribución, el pueblo no percibirá las bondades del sistema. La interacción con otros ámbitos como la política y la ley es primordial.