04/06/2026
¿SE REPITE LA HISTORIA DEL 2011? ROBERTO SÁNCHEZ Y EL FANTASMA DE LA "HOJA DE RUTA" DE OLLANTA HUMALA.
No se requiere ser pitoniso para predecir el desenlace de este proceso; basta con tener un mínimo de intuición histórica.
El último debate presidencial ha desnudado las verdaderas posturas programáticas de las dos fuerzas políticas en contienda, demostrando que las propuestas de la derecha neoliberal de Keiko Fujimori y la llamada izquierda de Juntos por el Perú, liderada por Roberto Sánchez, tienen marcadas diferencias retóricas, pero no antagónicas. En el fondo, ambos actores han decidido moverse y actuar dentro de las fronteras del modelo económico vigente.
Roberto Sánchez emula hoy la estrategia que llevó a Ollanta Humala a la presidencia en el año 2011: la mutación hacia una nueva «Hoja de Ruta» para viabilizar su victoria.
El fujimorato y la demagogia del orden
Por un lado, la señora Keiko Fujimori despliega un discurso palaciego, profundamente ausente de autocrítica y honestidad, que dista de representar los intereses reales del pueblo y de la nación. Conocida por una retórica trasnochada, encarna la vieja carta de un modelo decadente que reivindica el legado autocrático de su padre; un legado que hoy su partido aplica a través de una dictadura congresal mafiosa caracterizada por la cooptación legislativa, el quiebre democrático, la corrupción sistemática y el asedio institucional que propició la caída del expresidente Pedro Castillo.
En materia de seguridad ciudadana, la señora Keiko Fujimori propone el denominado «Plan de Pacificación Nacional», un remedo anacrónico de las recetas de la década de los noventa aplicadas a una coyuntura y contexto completamente distintos. Su promesa de priorizar la inteligencia policial carece de un plan estratégico real, evidenciando una postura meramente demagógica.
La concentración del poder es el verdadero sello del fujimorato actual. Para asegurar el control absoluto del Estado, han instrumentalizado al Ejecutivo colocando gobernantes marioneta y aliados funcionales —como Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar—, expresiones inequívocas de la descomposición del régimen. Bajo este diseño, instituciones clave como el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, el JNE y la ONPE han perdido su autonomía, convertidas en satélites de los intereses políticos y económicos del Parlamento, y grupos de poder.
Por ello, cuando la candidata afirma que «si los peruanos nos dan una oportunidad, en cinco años dejaremos un país con más empleo y más seguridad», incurre en una falacia insostenible. La realidad la contradice: ella ya cogobierna desde su pacto mafioso en el Legislativo, y el resultado ha sido el caos, la degradación institucional, corrupción y el desborde delictivo.
Sánchez y la nueva hoja de ruta
Por otro lado, el candidato Roberto Sánchez se presentó en el debate como un personaje renovado, marcando distancia del desgaste de su rival, pero a costa de moderar sustancialmente su lenguaje y su programa de la primera vuelta. Su discurso antineoliberal perdió el filo agudo de su verbo para volverse romo y digerible para diversos sectores, incluso para las élites. Su nuevo plan de gobierno es un documento de consenso que condensa los aportes de cuatro agrupaciones aliadas: Ahora Nación, Partido Cívico OBRAS, Primero La Gente y Venceremos.
En la reestructuración de su nuevo plan de gobierno, Sánchez sacrificó las banderas que sostuvieron su campaña primigenia. El retorno a la democracia a través de una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución quedó pospuesto a un plano secundario. Asimismo, el repudio a la sacralización del mercado, la renegociación de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y el control estatal directo de los recursos estratégicos fueron explícitamente excluidos del nuevo programa.
El nuevo documento o nueva hoja de ruta, contiene 4 transformaciones clave:
1º. Transformación: De un sistema en crisis a una democracia real y participativa.
2º. Transformación: De una economía extractiva y desigual a una productiva y soberana.
3º. Transformación: Del centralismo a un país de territorio con poder real.
4º. Transformación: De la exclusión a una sociedad de derechos y cuidados.
En lo concreto, Sánchez ha aceptado actuar bajo las reglas del libre mercado tradicional. El régimen económico estatuido en la Constitución de 1993 permanecerá incólume.
En el bloque económico, el señor Roberto Sánchez señala: “Aquí hay un régimen mercantilista, aquí hay un régimen en los medicamentos, oligopolios, monopolios; no hay economía social de mercado. Es un régimen, el más salvaje neoliberalismo de América Latina.”
Aquí parece encontrarse la esencia de la nueva hoja de ruta de Roberto Sánchez. La inferencia que sostiene le permite realizar concesiones respecto del régimen económico vigente y asumir una nueva posición orientada a preservar la Economía Social de Mercado como eje fundamental del sistema económico peruano.
El candidato parte de la premisa de que la Economía Social de Mercado (en adelante, ESM) y el neoliberalismo constituyen conceptos distintos. Al respecto, resulta pertinente efectuar un breve análisis de la ESM. Este modelo surgió como un proyecto piloto en la República Federal de Alemania durante la etapa de reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial. Su aplicación respondió a circunstancias históricas, políticas y económicas muy particulares, permitiendo al país superar una profunda crisis socioeconómica. Sin embargo, posteriormente se intentó extrapolar dicho modelo a realidades nacionales sustancialmente diferentes.
La denominación "Economía Social de Mercado" fue acuñada por el economista alemán Alfred Müller-Armack, quien incluso reconoció las tensiones conceptuales que coexistían dentro de la propia terminología. La ESM fue concebida como una tercera vía entre el liberalismo clásico capitalista y la economía planificada socialista. Mientras el término y el concepto de libre mercado responde a una tradición liberal, la noción de justicia social encuentra sus raíces en postulados propios del pensamiento socialista. En tal sentido, la adopción de esta fórmula conceptual respondió, en gran medida, a una búsqueda de conciliación entre corrientes ideológicas divergentes, aunque no estuvo exenta de críticas por su carácter ecléctico, ambiguo y, en ocasiones, marcadamente oportunista desde el punto de vista político.
Por otra parte, frente a quienes intentaron establecer una separación tajante entre la Economía Social de Mercado y el neoliberalismo, el economista alemán Wilhelm Röpke sostuvo que la teoría neoliberal se sustenta principalmente en la técnica de la política de competencia, mientras que la Economía Social de Mercado constituye una concepción más amplia que trasciende el ámbito estrictamente competitivo. Esta apreciación evidencia que ambas corrientes comparten fundamentos doctrinarios comunes, aunque difieran en algunos aspectos de su aplicación práctica.
Asimismo, ante las críticas de sus detractores, quienes calificaban a la Economía Social de Mercado como una construcción carente de profundidad intelectual y rigor teórico, Müller-Armack salió en su defensa afirmando que detrás de ella subyacía la concepción neoliberal, cuya fundamentación científica no podía ponerse en duda. Esta afirmación resulta particularmente relevante porque demuestra que los propios arquitectos intelectuales de la ESM reconocían la estrecha vinculación existente entre este modelo y el pensamiento neoliberal.
En consecuencia, la pretensión de presentar la Economía Social de Mercado como una alternativa completamente diferenciada del neoliberalismo carece de sustento histórico y doctrinario. Más bien, la evidencia sugiere que se trata de una variante del mismo paradigma económico, aunque revestida de una narrativa social destinada a dotarlo de mayor legitimidad política y aceptación ciudadana.
El Statu quo garantizado
No es casual, por tanto, que Sánchez haya manifestado su conformidad con la continuidad del ortodoxo Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva (BCRP). Tampoco es accidental la sugerente presencia del embajador de los Estados Unidos, Bernie Navarro, en el debate presidencial; un gesto de sutil intromisión en los asuntos internos del país ante el cual ninguno de los candidatos se atrevió a deslindar en defensa de la soberanía nacional.
Esta alineación geopolítica coincide con lo expresado por el embajador peruano en EE. UU., Alfredo Ferrero, quien en un reciente artículo titulado «Marco Rubio y la nueva visión de EE.UU. hacia América Latina» señaló que, cualquiera sea el gobierno elegido, se deberán mantener dinámicas las relaciones con Washington. Desde la perspectiva de la geopolítica norteamericana, lo primordial es que el orden económico de la región no sufra alteraciones.
En conclusión, el debate presidencial de la segunda vuelta del 2026 ha sepultado las expectativas de un cambio estructural a través de la nueva Constitución y la Asamblea Constituyente. El nuevo plan de Roberto Sánchez ya no representa una confrontación ni “amenaza” para los intereses fácticos ni para el modelo neoliberal. Su reconfigurada “Hoja de Ruta” ha sido diseñada fríamente para capturar los votos del centro e incluso sectores de la derecha moderada y neoliberal, allanando un camino casi seguro hacia Palacio de Gobierno. Keiko Fujimori perderá por el peso de su propio accionar y desprecio popular, pero los guardianes del modelo económico ya pueden respirar tranquilos, porque la espuria Constitución fujimorista del 93, aun sobrevive en agonía a duras p***s.
BENNET.
JUNIO 2026.