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28/08/2026

Cuando nuestro Director, el Abogado Penalista Carlos Castillo Vera efectuó este alegato de clausura, no pudo filmarlo. Hoy con la ayuda de la inteligencia artificial presentamos el video de esta defensa, de la cual obtuvo un resultado favorable para su defendida, obteniendo su absolución en base al principio del Indubio Pro Reo.

A TREINTA AÑOS DE LA CAPTURA DEL MONSTRUO DE PARCONALa primera tarea del detective, para investigar se debe comprender l...
19/08/2026

A TREINTA AÑOS DE LA CAPTURA DEL MONSTRUO DE PARCONA

La primera tarea del detective, para investigar se debe comprender la conducta delictiva.....

Los pesquisas cuando investigan un hecho criminal, se formulan las siete preguntas de oro:
¿Quién lo hizo?, ¿A quién se lo hizo?, ¿Cuándo lo hizo?, ¿En dónde lo hizo?, ¿Con qué lo hizo?, ¿Cómo lo hizo? y ¿Por qué lo hizo?.
Es muy probable, que se sepa, quién es el autor del crimen, que se logre identificar a la víctima, la data del delito, el lugar en dónde sucedió, el arma que se utilizó y hasta el mecanismo empleado. Pero es casi seguro, que nunca se sepa el por qué esa persona cometió dicho delito y los móviles que inspiraron en su resolución.
La criminología tiene como objetivo descubrir los factores endógenos y exógenes que influenciaron en la psiquis del hombre para que este cometa delitos; es decir, dar respuesta a una de esas preguntas de oro… ¿Por qué lo hizo?, explicar científicamente los móviles o los motivos que sirvieron de premisas psicológicas, sociológicas, antropológicas, biológicas, etc. que lo conllevaron a delinquir.

Para ello, la criminología está dotada de un método científico de estudio que la guía en su compromiso teleológico para con la humanidad. Este método en su etapa inicial, es empleado por los detectives encargados de la investigación de un hecho delictuoso y esa es la INVESTIGACIÓN CRIMINAL.

El 03 de setiembre del 2026, se cumplen 30 años de la captura de NICOLÁS GUTIÉRREZ MENDOZA más conocido como el MONSTRUO DE PARCONA.
La presente publicación tiene por fin develar la inteligencia y sabiduría profesional de quienes tuvieron a cargo la investigación criminal, de quien la ciencia criminalística decidió denominarlo como el PRIMER ASESINO SERIAL DEL PERÚ.

Era el año 1996, los atentados terroristas protagonizados por Sendero Luminoso, que por esa data, agobiaban al Perú, no parecía distraer la atención de los pacíficos pobladores iqueños, quienes vivieron momentos de tensión y desesperación. Las niñas estaban desapareciendo sin dejar rastro alguno.

La primera en desaparecer, era una hija de unos humildes campesinos del distrito de Parcona, Karen Flores Medrano de 08 años de edad, desapareció el 16 de agosto de 1996 cuando regresaba de su colegio. Sus padres fueron a la comisaría para asentar la denuncia respectiva, pero los efectivos se negaron diciendo que tenían que pasar 24 horas para que se considere desaparecida.
La segunda niña extraviada, se llamaba Gina Villafuerte Calderón y tenía 07 años de edad. Igualmente se perdió sin dejar rastro alguno cuando salió de su colegio Santa Rosa, el día 17 de julio de 1996.
La tercera niña, fue Lizeth Palomino Velásquez de 07 años de edad, las circunstancias fueron las mismas que las anteriores menores.
La cuarta fue Noemí Gamboa Sairitúpac de 06 años, secuestrada el 26 de julio en Ica y no regresó a su casa al salir de su colegio Nro. 22319.

La población iqueña estaba indignada y hacían proclamas de protestas contra las autoridades que estaban mudas, ciegas y sordas ante la ola de desapariciones sin rastro.

En el distrito de Parcona, el 03 de setiembre del 1996 al promediar las 6 de la tarde; los campesinos Juan y Carlos Espino Castillo, obreros de la Hacienda Buendía, fueron testigos del preciso momento en que un varón hacía ingresar a la fuerza a una niña de unos 10 años de edad, a una casa aparentemente yerma; pero lo que más les llamó la atención fueron los gritos de la niña. Los hombres acudieron raudos y grande fue su sorpresa cuando descubrieron a la niña semi desnuda y al sujeto sobre ella dando la impresión de que pretendía abusar de ella. Al verse descubierto, el facineroso empuño un cuchillo y amenazó a los pobladores, logrando huir del lugar. Juan lo persiguió, mientras que el otro, Carlos, se quedó en la escena cuidando a la niña. El malhechor corrió y corrió sin ser alcanzado y se guareció en su vivienda ubicada también el distrito parconense. El perseguidor, pidió auxilio a los vecinos del lugar: “aquí está el culpable de las niñas desaparecidas”, “ayúdenme a sacarlo”, “lo descubrí cuando intentaba violar a una niña”. Los pobladores primero tímidos e incrédulos se aproximaban a la vivienda que estaba cerrada. El campesino emitió un relato creíble, tanto así, que no tardó mucho en recibir el apoyo de los vecinos quienes acudieron con palos y piedras con la finalidad de capturar al sujeto, hasta ese momento desconocido. Rompieron la puerta con violencia e ingresaron a viva fuerza, llevando consigo a este sujeto poniéndolo a disposición de la autoridad policial en la comisaría de Parcona.

El pueblo montó vigilia toda la noche, la misma que se prolongó hasta al amanecer, ocasión en que un efectivo policial salió de su aposento militar para dirigirse a la población enardecida, “no tenemos pruebas, lo vamos a soltar”. El pueblo montó en ira y amenazaron con destruir la comisaría y linchar al malhechor reclamando justicia popular.

Al día siguiente....

Por ese entonces, el distrito de Parcona no tenía Ministerio Público adscrito a su jurisdicción, dependiendo de la Fiscalía Penal de Turno de Ica. Una de sus representantes, la Dra. María Elena Figueroa Avendaño, acudió a la comisaría de este populoso distrito y realizó coordinaciones con el Departamento de Homicidios de Ica, el mismo que estaba jefaturado por el Capitán PNP Luis Alberto Toribio Paulino, procedente de la Gloriosa POLICIA DE INVESTIGACIONES DEL PERU { P.I.P.}. Un sabueso de la investigación y policía curtido en el arte de la pesquisa.
Este oficial lo primero que hizo fue tomar contacto con la escena del crimen tentado.
Se trataba de una casa deshabitada a la que se ingresaba con facilidad, por un forado en la pared de adobes. Tenía un solo ambiente de unos nueve metros cuadrados, sin techo ni piso. No tenía muebles, sólo boñigas y papeles viejos remedando un camastro primitivo.
Eran las 12 del medio día y el sol quemaba como queriendo decir algo. Cómplice, penetró la tierra sacando a relucir el aroma morboso de la carne pútrida oculta en sus honduras. El Capitán Toribio conocedor de ese olor característico que tiene la muerte, característica del detective de Homicidios, intuyó que debajo de esos viejos y arrugados periódicos se ocultaba algo. Ordenó a sus colaboradores que con mucha cautela descubran la tierra que parecía recientemente movida. Los efectivos se abonaron tal arqueólogos a desentrañar la tierra mohecida, hasta que algo terrible apareció.
¡Horror!, la manito de un cadáver hizo estallar en sufrimiento a los pobladores que miroseaban la actividad policial. Los detectives celosos en su labor, sabían que estaban siendo protagonistas de un hecho histórico, y se afanaron en seguir cavando hasta que descubrieron el cuerpecito descompuesto de una niña, luego otro, uno más y después otro. Eran los despojos disecados de cuatro angelitos a quienes les arrebataron su inocencia y la vida, para ser sepultadas en un terral árido y silencioso.
De inmediato, la autoridad fiscal dispuso el levantamiento de los cadáveres y ordenó la necropsia de ley.
El caceseno a quien se le identificó como NICOLÁS GUTIÉRREZ MENDOZA fue trasladado a los ambientes de Homicidios en la ciudad de Ica, siendo recluido en una de sus carceletas en donde guardaba hermético silencio.

La necropsia estuvo a cargo del Médico Forense Francisco Brizuela, experto científico de reconocida trayectoria. Actuó con especial diligencia y profesionalismo. No perdió la orientación ni la paciencia frente a la presión de la autoridad fiscal que exigía resultados. En aquellas épocas el plazo de detención era solo de 24 horas, las mismas que ya estaban próximas a cumplirse.

Reza un adagio criminalístico; “cuando las personas no hablan pregúntales a las cosas”. Entonces el galeno le preguntó a los cadáveres que retozaban en la fauna cadavérica y uno de ellos habló, mostró en la zona a**l un vello púbico.
¡Eureka!, aquí está la respuesta. Se contrastó dicho perfil biológico con el mapa genético del imputado, arrojando una coincidencia categórica con una probabilidad estadística de certeza prácticamente absoluta. Pero eso sucedió después.

Mientras esto ocurría, en el calabozo, el Monstruo de Parcona, detenido, era observado por el Capitán Toribio, quien con sagacidad y técnicas especiales del interrogatorio pretendió romper su equilibrio psicológico, susurrándole al oído, cual heraldo divino: "esas niñas no te van a perdonar, son angelitos que están en el Cielo", lo que al parecer hacía que el ma***to, se sorprenda hasta el punto de quebrarse. NO pudo más y confesó su atrocidad.

Estas son las verdaderas proezas del gran detective, el Capitán, hoy Mayor en retiro de la Policía Nacional del Perú, Luis Alberto Toribio Paulino, quien con reconocida experticia logró el descubrimiento de los cuerpecitos de las víctimas sepultadas en el baldío y con admirable destreza policial, pudo obtener de este asesino serial, su plena confesión, permitiendo su prisión en el Penal de Cachiche en Ica.

Sin la participación notable de este pesquisa, la justicia no habría tenido otra alternativa que liberar al Monstruo, dado que la prueba de ADN, desde esos tiempos como en los contemporáneos, se realiza en la ciudad de Lima y el tiempo obraba como una guillotina.

Extracto de su declaración confesa......

“Me iba a las salidas de los colegios; me gustaban las niñas que tenían “panty”. Me acercaba y les decía: hola mamita, como te llamas, cuantos años tienes, te doy S/.5 soles y me ayudas a llevarle una carta a mi enamorada. La llevaba a la chacra y en el camino la iba manoseando, pero las niñas no decían nada; era para mi, como si aceptaran lo que les iba a pasar. Tocaba su parte íntima y les decía: estoy enamorado de ti…”
“…luego empezaba a besarle su vgna y pasaba del personaje bueno a la bestia. Yo cambio de personalidad; cuando veo una niña débil la trato de convencer, me transformo en un verdugo, en un criminal, tengo un arranque dentro de mi…”
“…tenia una segunda relación con ella, hasta una tercera vez; como su ge***al era pequeño, la sentaba en mi encima; después me venía el deseo de matarla; la colocaba “boca abajo” para tener relaciones por “atrás”. Las mataba después de la relación; enumeraba a mis víctimas, quería ser famoso…”
“…estando mu**ta, empezaba otra vez y alucinaba como si estuviera viva y empezaba a tener más relaciones. Sentía más placer cuando estaba mu**ta. Le salía sangre, sentía el olor de su sangre, es como si su sangre me excitaba más, tomaba su sangre y me excitaba más…”
“…después pasaba el tiempo, y ya quería otra vez tener relaciones; tenía deseos de violar y matar; trataba de controlarme pero no podía. En casa tenía mis sobrinas, por eso me retiraba para no matar a mis propias sobrinas…”

No hay perfil psicológico......

A pesar de que el Monstruo de Parcona, jamás, fue sometido a un examen psiquiátrico que describa su perfil psicosexual, la ciencia criminológica ha logrado determinar que, este irrecuperable, para asesinar a las niñas, primero engañaba a sus víctimas, la mayoría escolares, a quienes seleccionaba de acuerdo a su vestimenta, resaltando su afición por las “Pantys medias” y la edad, entre 06 y 09 años. En su mayoría eran mestizas y de cabello lacio Se les acercaba pidiéndoles su nombres y seduciéndolas con ofrecerles dinero. Las llevaba lejos, a una chacra, hasta estar a solas para luego atacarlas sexualmente, les hacía tocamientos indebidos y luego cambiaba de personalidad pasando de un personaje bueno a la bestia; le venía el deseo de matarlas. Primero, las colocaba boca abajo para tener relaciones contranatura. Las asesinaba asfixiándolas, para luego practicar la necrofilia con los cadáveres, alucinando que sus víctimas aún tenían vida, sintiendo mayor placer y excitación al oler y beber su sangre. Posteriormente los mutilaba y hacía desaparecer los cuerpos enterrándolos en un socavón del que los exhumaba de vez en cuando, pasado algunos días, para seguir manteniendo relaciones. Coleccionaba a con el ánimo de querer ser famoso. Pasado el tiempo estos instintos volvían a presentársele no pudiendo controlarlos, teniendo que reprimirlos, por ello tenía que buscar nuevas víctimas para no tener que abusar de sus sobrinas quienes tenían la edad de sus víctimas.

Cadena perpetua.....

El Monstruo de Parcona, fue sentenciado a cadena perpetua por un Tribunal iqueño. Actualmente se encuentra cumpliendo condena en el Penal de Máxima Seguridad de Piedras Gordas en Ancón, luego de estar recluido en la cárcel pública de Cachiche en Ica y luego en el Establecimiento Penitenciario La Capilla en Juliaca, Puno.

Los crímenes de ésta naturaleza nos dejan un serie reflexión que debe convocar a toda la comunidad que está asociada con la persecución del crimen, que todo imputado por un delito de sangre, debe ser sometido a un test criminal, con la finalidad de comprobarse su patología psicológica. Sólo de esta manera se pueden establecer científicamente patrones para detectar, investigar, acusar y procesar delincuentes de crímenes tan atroces como el que cometió el MONSTRUO DE PARCONA.

Mi humilde reconocimiento......

Desde esta humilde tribuna, quiero rendir homenaje a mi querido amigo Luis Alberto Toribio Paulino, por ser un criminalista de reconocida trayectoria, referente de una investigación criminal científica de vanguardia, auténtico paradigma de las nuevas generaciones de investigadores, tan indispensables en estos tiempos en que la violencia azota a nuestro querido Perú.

Gracias Luchito.

30/05/2026

Alegato de Apertura por el delito de Violación Sexual.

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07/05/2026

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