17/06/2026
El Ministerio Público solicitaba CADENA PERPETUA. Mi cliente, un joven empresario, conjuntamente con sus dos compañeros estaban recluido en el Penal de Trujillo por la muerte de un hincha de la 'U'. Estaba a un paso de perder su vida para siempre, pero el destino en el camino le tenía preparada una prueba de fuego mucho antes del juicio.
Mi cliente detenido desde el primer momento de los hechos, fue llevado a la carceleta del Poder Judicial ubicado, tiempo atrás, en el centro de Trujillo, la misma que estaba cerca a las puerta que da a la calle Bolívar.
Un 24 de diciembre fue un día fatal. La fiscalía había solicitado prisión preventiva y el juez aún no resolvía. Mi patrocinado se encontraba en los calabozos del Poder Judicial de la calle Bolívar con otros varios detenidos y solo había un guardia, quien era un efectivo policial conocido con trayectoria impecable a punto de jubilarse; su compañero de menor rango le había pedido permiso.
Por humanidad, el policía permitió que los presos salieran al teléfono monedero ubicado dentro del Poder Judicial, al costado de los calabozos para saludar a sus familiares por la nochebuena. Fue un error fatal.
Los detenidos se percataron que se encontraba solo; un aproximado de 10 personas lo emboscaron. Salieron raudos hacia las rejas de la calle Bolívar y escaparon hacia su libertad. Mi cliente y sus dos compañeros tuvieron la puerta abierta, la calle Bolívar los llamaba, PERO DECIDIERON QUEDARSE. NO HUYERON. Minutos después, se escuchó un disparo: El guardia, quebrado por la culpa, SE HABÍA QUITADO LA VIDA EN SU ESCRITORIO. Mi cliente vio la muerte de cerca en esa celda.
La prisión preventiva fue declarada fundada. De los calabozos del Poder Judicial mi patrocinado fue trasladado al Penal del Milagro. El proceso penal continuó.
Llegamos al juicio oral. Mucha presión y actuación probatoria. Al final, el Ministerio Público implacable cumpliendo con su rol y solicitando cadena perpetua para mi patrocinado. Mi cliente escuchaba atento los alegatos finales del fiscal y yo me daba cuenta como su semblante se desvanecía ante cada palabra. Luego me miraba desde el banquillo de los acusados con los ojos de quien ya se siente perdido, pero en el fondo me decía que era inocente. Lo que él no sabía, es que ese día no solo ganaría su libertad, sino que encontraría su destino. Mis alegatos finales fueron técnicos y emocionales, no podía dejar nada, me preparé al detalle como quien alguien se va a la guerra; mi cliente se jugaba la vida, en términos literales. Él me miraba desde el banquillo, asintiendo con cada palabra; yo miraba cómo sus ojos vidriosos seguían cada uno de mis movimientos; en la sala de audiencias, el silencio pesaba. El derecho es técnica, pero la defensa es pasión. ¿El resultado? ABSOLUCIÓN TOTAL. Fue declarado inocente. Mi patrocinado nunca cometió el delito.
Años después, comenzaba el semestre académico en la universidad y entro a mi aula en la facultad para dictar clase derecho penal. En primera fila, un rostro familiar me sonríe. Era él, mi patrocinado, mi cliente, el empresario. Me dijo: “DOCTOR, DECIDÍ ESTUDIAR DERECHO POR LA FORMA EN QUE USTED ME DEFENDIÓ”. Estaba estudiando Derecho por mí.
Lo increíble fue que en el examen final, sin que él supiera, planteé un caso de robo agravado seguido de muerte (189º último párrafo del código penal): ERA SU PROPIO CASO. Él, mi cliente y luego mi alumno, tuvo que analizar desde la dogmática el proceso que casi le quita la vida.
Hoy, ese empresario es un abogado que ejerce el derecho en la ciudad de Lima. Pasó de ser un procesado a ser mi colega, ahora es mi amigo.
Ahora me doy cuenta que el derecho penal no solo aplica leyes, sino también transforma vidas.
Ahora me doy cuenta que el derecho penal no solo son códigos y leyes, sino es la herramienta para transformar el dolor en justicia.
CASO POOL FERNANDEZ BERNABE