27/08/2026
Hace un par de noches, caminando por el centro de Lima, me encontré con una historia que no estaba buscando.
Afuera de un restaurante ví a un hombre elegantemente vestido, con corbata y varios libros entre las manos. Los ofrecía a quienes pasaban. Yo iba de prisa, pero algo en él me resultó familiar.
Me detuve.
Le pregunté de qué trataban los libros que vendía y me respondió que eran libros de poesía. Me contó que era Profesor, que venía de provincia y había llegado a Lima para compartir aquello que más me apasionaba: escribir.
Entonces lo miré nuevamente y recordé donde lo había visto antes.
Hacía algunos años en los semáforos de una ciudad de provincia, había visto a ese mismo hombre. Pero aquella vez era distinto: estaba profundamente afectado, descuidado, con el rostro marcado por momentos que parecían haberle arrebatado casi todo.
Le pregunté si era el.
Sonrió y me dijo:
“Si amigo, soy yo”.
Y entonces me contó que había atravesado momentos muy difíciles. Que necesitó tratamiento psiquiátrico inclusive. Que hubo días en los que parecía imposible volver a empezar.
Pero volvió a empezar.
Hoy camina con dignidad, escribe poesía y sale a las calles a vender sus propios libros.
Su nombre es Luis Fernando Aspajo Pozo y su libro se llama Antajios: por un amor que se lucha.
Compré uno.
Pero, después de conversar con él. Sentí que en realidad no estaba comprando solamente un libro.
Estaba llevando conmigo una historia de superación.
Porque a veces la vida nos obliga a descender hasta lugares que jamás imaginábamos conocer. Nos rompe, nos desordena, nos hace sentir que no volveremos a ser los mismos..
Pero también nos enseña que siempre puede existir un camino de regreso.
Hoy entiendo Antajios como algo más que un libro de poesía. Para mí, es la conquista de una cumbre. Es la prueba de qué después de una caída, todavía podemos levantarnos, volver a crecer y comenzar nuevamente.
No sé cuántas personas comprarán este libro.
Pero sé que detrás de cada ejemplar hay un hombre que decidió no rendirse.
Y quizá sea la verdadera poesía.
No importa cuán difícil haya sido el camino. Siempre podemos volver a empezar.