02/11/2025
Acabo de ver un discurso de un joven de Nepal que me ha hecho reflexionar profundamente sobre mi país, sobre mi México. Hablaba con una fuerza que resuena con lo que millones sentimos aquí: ya estamos hartos.
Estamos hartos de la ineptitud de gobiernos que parecen vivir en una realidad ajena a la nuestra. Hartos de la corrupción que se lo come todo. Hartos de ver cómo el narcotráfico y la violencia nos arrebatan la paz, la seguridad y el bienestar social.
Vemos casos como el de Carlos Manzo en Uruapan, que gritó pidiendo ayuda una y otra vez, y la respuesta llegó tarde. Es la historia de siempre: quieren tapar el pozo solo después de que el niño se ha ahogado. Esa negligencia, esa indolencia, tiene un costo en vidas humanas, en familias rotas.
Como mexicano, y especialmente como michoacano, siento ese hartazgo en carne propia. Vemos a nuestros jóvenes sin oportunidades, a nuestras comunidades viviendo con miedo.
Pero, ¿saben qué? Ese "hartazgo" no puede ser el final de la historia. Debe ser el principio.
La inspiración que me deja ese video no es de resignación, sino de responsabilidad. Si las instituciones fallan, si los que deben protegernos no lo hacen, entonces la sociedad debe despertar.
México no se va a salvar solo. Nos toca a nosotros. A los jóvenes, a los trabajadores, a cada ciudadano que ama esta tierra. Dejemos de ser espectadores de nuestra propia tragedia y empecemos a ser los protagonistas de nuestro cambio.
Que este hartazgo se convierta en organización. Que nuestra frustración se convierta en exigencia. Que nuestro miedo se transforme en valor.
Por la memoria de todos los que nos han quitado, por el futuro de los que vienen, y por el amor a este país que duele tanto como se quiere.
Es hora de levantar la voz, pero más importante, es hora de actuar.