30/05/2025
𝐕𝐨𝐭𝐚𝐫 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐢𝐜𝐢𝐚: 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐭á 𝐞𝐧 𝐣𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐞𝐧 𝟐𝟎𝟐𝟓
𝐏𝐨𝐫: 𝐂𝐄𝐌𝐆 𝐒𝐨𝐜𝐢𝐨 𝐲 𝐅𝐮𝐧𝐝𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐁𝐔𝐅𝐄𝐓𝐄 𝐉𝐔𝐑Í𝐃𝐈𝐂𝐎 𝐌𝐔𝐒𝐀 & 𝐀𝐒𝐎𝐂𝐈𝐀𝐃𝐎𝐒.
En 2025, México vivirá una elección inédita: por primera vez, los ciudadanos votarán directamente por jueces, magistrados y ministros. Este hecho por sí solo debería hacernos reflexionar profundamente. Porque en esta elección no solo se definirá la conformación del Poder Judicial. Se definirá también el tipo de justicia que tendrá el país por la próxima década.
Votar no es solo un derecho: es un acto de defensa propia.
Y esta vez, más que nunca, nuestro voto tiene consecuencias directas sobre nuestra libertad, nuestro patrimonio y nuestra dignidad. Si votamos con desinformación o —peor aún— no votamos, estaremos dejando en manos de la improvisación, del clientelismo o del oportunismo político, la impartición de justicia en un país ya profundamente lastimado por la impunidad.
En esta elección, no está en juego una ideología. Está en juego el único poder que puede protegernos del poder mismo: el judicial.
Porque mientras debatimos si votar o no, el colapso judicial ya está en marcha.
Cientos de jueces y magistrados sin experiencia ocuparán tribunales desbordados, con más de 1.9 millones de casos acumulados. El sistema está saturado, y la nueva reforma ha debilitado los cimientos: eliminó la carrera judicial, politizó el acceso a los cargos y sometió la imparcialidad a las lógicas de campaña electoral.
¿Quién protegerá a los ciudadanos cuando quienes deben impartir justicia ni siquiera entienden cómo opera un juzgado?
La prisión preventiva, los despidos injustificados, los amparos contra abusos de autoridad: todas estas figuras requieren conocimiento técnico, criterio jurídico y compromiso ético. Pero un juez sin preparación no solo es ineficaz. Es una amenaza institucional.
La justicia en manos inexpertas no es justicia: es error sistemático, es daño estructural, es impunidad con sello oficial.
Cada sentencia mal dictada, cada audiencia postergada por desconocimiento, cada derecho ignorado por incapacidad erosiona la confianza en el sistema, pero también condena a personas reales a consecuencias irreparables.
El caos judicial no es una predicción alarmista. Es una realidad en construcción.
Y esa realidad puede evitarse. Pero solo si participamos. Solo si exigimos transparencia en los procesos, capacitación en lugar de clientelismo, y mérito en lugar de militancia.
La sociedad debe exigir jueces competentes, reformas sensatas y un sistema que proteja derechos, no que los ponga en peligro.
Por eso, repito: en 2025, votar es un acto de defensa propia.
Si entregamos el Poder Judicial al azar, seremos cómplices del daño que vendrá. Pero si votamos con memoria, con información y con responsabilidad, todavía podemos revertir el rumbo.
Porque sin justicia no hay democracia.
Y sin nuestro voto, no habrá justicia.