Mtro. Mariano Rocha

Mtro. Mariano Rocha Abogado de profesión, docente por convicción. Especializado en: Ciencia Penal, Criminología, Victimología, Psicología Criminal y Estudios Legislativos.

Chiste de inicio de semana!
03/08/2026

Chiste de inicio de semana!

La crítica ciudadana: entre la participación legítima y la responsabilidad histórica.En los últimos años hemos sido test...
27/07/2026

La crítica ciudadana: entre la participación legítima y la responsabilidad histórica.

En los últimos años hemos sido testigos de un fenómeno cada vez más común en los municipios: la aparición de espacios digitales, páginas de opinión y grupos ciudadanos cuyo principal objetivo es señalar, cuestionar y evaluar el desempeño de los gobiernos en turno.

La crítica pública es, sin duda, una de las expresiones más importantes de una sociedad democrática. Un gobierno que no escucha, que no acepta cuestionamientos o que pretende gobernar sin rendir cuentas, termina alejándose precisamente de quienes le dieron la responsabilidad de representarles.

Sin embargo, también vale la pena reflexionar sobre un aspecto que pocas veces analizamos: la legitimidad de quien critica y el momento en que decide hacerlo.

Porque una cosa es la participación ciudadana que surge desde la preocupación genuina por mejorar el entorno donde vivimos, y otra muy distinta es aquella crítica que aparece únicamente cuando existen cambios políticos, cuando un grupo pierde espacios de poder o cuando una administración enfrenta dificultades.

Esto ocurre con mayor frecuencia en municipios pequeños y medianos, donde la cercanía social genera una dinámica muy particular: todos se conocen, todos tienen una historia y todos saben cuál ha sido la participación de cada personaje dentro de la vida pública.

En estos lugares, una crítica no solamente se analiza por lo que dice, sino también por quién la expresa, cuál ha sido su trayectoria y qué responsabilidad tuvo anteriormente frente a los mismos problemas que hoy señala.

Un verdadero ejercicio ciudadano no debe limitarse a enumerar deficiencias. La sociedad merece más que diagnósticos; merece propuestas.

Los grandes ejercicios de participación ciudadana que históricamente han acompañado la construcción de planes de desarrollo tenían una característica fundamental: no solamente reunían voces, también buscaban soluciones.

En Veracruz existen antecedentes importantes de verdaderos ejercicios ciudadanos. Durante diferentes etapas de gobierno estatal, desde Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte de Ochoa y Miguel Ángel Yunes Linares, se realizaron consultas y foros donde la característica principal era la participación directa de ciudadanos, especialistas, sectores sociales y organizaciones.

Quien escribe tuvo la oportunidad de participar en diversos ejercicios de esa naturaleza, incluso en procesos relacionados con la construcción de propuestas que posteriormente formaron parte de instrumentos jurídicos y administrativos del Estado.

La esencia era sencilla: identificar problemas, escuchar voces ciudadanas y presentar alternativas de solución.

Por eso, cuando hablamos de un foro ciudadano, la reflexión obligada no debe centrarse solamente en quién participa, sino en cuál es el propósito real del ejercicio.

Un verdadero foro ciudadano debe abrir espacios donde las personas puedan expresar sus necesidades, pero también donde exista la capacidad de construir propuestas concretas.
Porque la crítica es válida, necesaria e indispensable, pero adquiere mayor valor cuando viene acompañada de alternativas.

Un señalamiento tiene mayor fuerza cuando responde preguntas fundamentales:

¿Qué solución planteamos?

¿Cómo resolveríamos el problema?

¿Qué estamos dispuestos a hacer para cambiar la realidad que estamos cuestionando?

Porque también debemos reconocer algo importante: muchos de los problemas que hoy enfrentan los municipios no nacieron de un día para otro ni son responsabilidad exclusiva de una sola administración. Son consecuencia de años de decisiones, omisiones, falta de planeación y necesidades acumuladas.

Y entonces aparece una reflexión necesaria:

Si un problema existía desde hace años, ¿por qué la exigencia no surgió antes?

Si una solución era posible, ¿por qué no se impulsó cuando se tuvo la oportunidad?

La participación ciudadana no debe ser una herramienta que se activa únicamente cuando conviene políticamente. Debe ser una práctica permanente, incluso cuando quienes gobiernan son aliados, conocidos o forman parte de un mismo proyecto.

Porque también debemos reconocer que quienes han tenido la responsabilidad de gobernar deben ser evaluados por su propio legado.

La historia de los municipios no se construye solamente con discursos, publicaciones en redes sociales o señalamientos públicos. Se construye con decisiones, obras, políticas públicas y resultados que permanecen cuando los gobiernos terminan.

Y aquí aparece una reflexión todavía más profunda:

La congruencia en la vida pública no solamente se demuestra cuando se tiene una opinión sobre los problemas que enfrenta una comunidad. La congruencia se construye con una trayectoria permanente, con presencia, con participación y con la voluntad demostrada de buscar soluciones incluso cuando no existen reflectores, cargos públicos o espacios de protagonismo.

La verdadera preocupación social no aparece únicamente cuando existe una ausencia, una oportunidad política o un escenario que permite asumir una representación que antes no se ejercía.

También debemos preguntarnos:

¿Dónde estaban esas propuestas cuando los problemas comenzaban?

¿Cuáles eran los proyectos concretos que pretendían transformar la realidad de una comunidad?

¿Qué acciones se impulsaron antes de que una circunstancia permitiera hablar en nombre de una causa?

En política y en la vida pública, los legados no se heredan únicamente por cercanía familiar, por pertenencia a un grupo o por una circunstancia determinada.

Los legados se construyen con hechos, con participación y con resultados.

Cuando se habla de continuar un proyecto, la ciudadanía tiene derecho a conocer cuál era ese proyecto, cuáles eran sus objetivos, qué soluciones planteaba y cómo pretendía llevarlas a cabo.

De lo contrario existe el riesgo de que una legítima preocupación social termine confundida con una oportunidad para ocupar espacios de representación.

Y ahí aparece una diferencia fundamental:
Una persona comprometida con su comunidad busca resolver los problemas incluso cuando nadie la observa.

Una persona que solamente aparece cuando existe una oportunidad de posicionamiento corre el riesgo de que su participación sea interpretada como oportunismo.

La sociedad es inteligente. Observa trayectorias, recuerda participaciones y compara discursos con acciones.

Por eso la responsabilidad pública exige algo más que señalar lo que está mal.

Exige haber estado presente cuando era necesario construir soluciones.

Porque al final, los municipios no necesitan nuevos protagonistas de los problemas.

Necesitan personas dispuestas a convertirse en protagonistas de las soluciones.

La verdadera transformación de una comunidad no surge cuando alguien descubre que existen problemas.

Surge cuando alguien, mucho antes de que exista una oportunidad política, decide involucrarse, trabajar y construir caminos para resolverlos.

Porque gobernar no es solamente ocupar un cargo.

Y participar no es solamente opinar.

La congruencia debe ser permanente: en los momentos de reconocimiento y también en los momentos difíciles; cuando existen reflectores y cuando nadie observa.

Porque la ciudadanía no solamente evalúa lo que una persona dice cuando tiene la oportunidad de hablar.

También recuerda lo que hizo cuando tuvo la oportunidad de actuar.

Al final, la historia de una comunidad no la escriben quienes llegan a explicar los problemas cuando ya son evidentes.

La escriben quienes estuvieron presentes cuando todavía había tiempo para resolverlos.

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Mtro Mariano Rocha
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El día de ayer, la Presidenta de México presentó con evidente satisfacción los resultados obtenidos por el Gabinete de S...
15/07/2026

El día de ayer, la Presidenta de México presentó con evidente satisfacción los resultados obtenidos por el Gabinete de Seguridad, destacando una disminución significativa en diversos delitos considerados de alto impacto, particularmente aquellos relacionados con robos violentos.

Desde una perspectiva institucional, debe reconocerse que cualquier reducción sostenida en los indicadores delictivos representa un objetivo legítimo y deseable para cualquier sociedad democrática. La seguridad pública no debe analizarse desde posiciones partidistas, sino desde la evidencia: menos delitos significa menos víctimas y mayor capacidad del Estado para cumplir una de sus funciones esenciales.

Sin embargo, la presentación de estos resultados genera una reflexión inevitable desde el análisis de las políticas públicas y la criminología: si hoy existen avances atribuibles a una estrategia gubernamental, esos mismos resultados obligan necesariamente a revisar qué ocurrió durante el sexenio anterior, encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

Y es precisamente ahí donde aparece una paradoja política y técnica.
Durante el periodo 2018–2024, el gobierno de López Obrador construyó una narrativa basada en una premisa fundamental: la violencia en México era consecuencia de décadas de abandono social, corrupción y falta de oportunidades. Su propuesta central fue conocida como “atender las causas”, colocando los programas sociales como la columna vertebral de una estrategia preventiva.

La hipótesis era que al reducir las condiciones sociales que generan vulnerabilidad, disminuiría la incorporación de jóvenes a actividades criminales y, consecuentemente, bajaría la violencia.

Desde el punto de vista criminológico, atender factores sociales de riesgo es una estrategia válida. Ningún especialista serio negaría la importancia de la prevención social del delito. El problema surge cuando una política pública deposita prácticamente toda su capacidad transformadora en un solo componente y deja en segundo plano elementos indispensables como la investigación criminal, la inteligencia, la persecución financiera de organizaciones delictivas, la profesionalización policial y la recuperación territorial del Estado.

La seguridad pública no se construye únicamente combatiendo las causas estructurales del delito; también requiere capacidad institucional para enfrentar a quienes ya operan dentro de economías criminales organizadas.

Por ello, los resultados presentados ayer generan una pregunta obligada:

Si la estrategia de “atender las causas” era la solución estructural para disminuir la violencia, ¿por qué durante seis años no se observaron resultados similares en los principales indicadores de seguridad?

Porque una política pública no se evalúa por la intención de sus principios, sino por su capacidad para modificar la realidad.

El gobierno de López Obrador recibió un país con una profunda crisis de seguridad. Eso es una realidad histórica. México no llegó al 2018 sin problemas. Existían consecuencias acumuladas de décadas de debilidad institucional, corrupción y crecimiento de organizaciones criminales.

Pero también existe otra realidad: después de seis años de gobierno, con una estrategia propia, con una narrativa de transformación y con un modelo diferente al de administraciones anteriores, los resultados en materia de seguridad no alcanzaron las expectativas planteadas.

La permanencia de niveles elevados de homicidio doloso, desapariciones, extorsión y control territorial de grupos criminales demuestra que la prevención social, aunque necesaria, no fue suficiente.

Y aquí surge la mayor contradicción:
Los resultados actuales parecen confirmar que la acción operativa del Estado sí es indispensable.

La disminución de delitos como robo de vehículo o robo a transportista no puede explicarse únicamente por transferencias sociales o programas asistenciales. Requiere coordinación institucional, inteligencia, despliegue operativo, investigación y capacidad de respuesta.

Es decir, aquello que durante años fue presentado como una alternativa frente a los modelos anteriores, hoy parece complementarse necesariamente con herramientas tradicionales de política criminal.
La conclusión no debe ser que la prevención social sea incorrecta. La conclusión es que ninguna política de seguridad puede funcionar si carece de integralidad.

El gran aprendizaje del periodo 2018–2026 debería ser que México necesita abandonar las visiones simplificadas. Ni la seguridad se resuelve únicamente con programas sociales, ni exclusivamente con acciones coercitivas. Un Estado moderno debe prevenir, investigar, sancionar y reconstruir tejido social.

Por ello, los resultados presentados ayer tienen un doble significado:

Por un lado, muestran avances que deben reconocerse.

Pero por otro, inevitablemente exhiben una pregunta histórica sobre el sexenio anterior:
Si el mismo proyecto político que gobernó México entre 2018 y 2024 hoy presume una reducción de delitos mediante una estrategia de seguridad, entonces debe explicar por qué esa capacidad no se reflejó con la misma contundencia durante la administración de López Obrador.

La evaluación de un gobierno no se realiza por la fuerza de su discurso, sino por la evidencia de sus resultados.

Y en materia de seguridad, los resultados son finalmente el único lenguaje que importa.

Mtro. Mariano Rocha
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12/07/2026

🎓⚖️ 12 de julio – Día del Abogado

Fiat iustitia, pereat mundus.

Ingresé a la Licenciatura en Derecho en 1993 y egresé en 1997, gracias al esfuerzo incansable de mis padres —especialmente de mi madre (+)—, y por no haber ingresado a la UV. Desde entonces, el Derecho ha sido mi forma de vida.

Hoy, a 29 años de haber egresado, puedo decir con absoluta certeza que aún no termino de construir el legado que me propuse.

Vengo de una familia de jurisconsultos, pero es a mi tío Vicente, a quien siempre le debo el haberme enseñado a amar esta carrera, a honrarla, y a entender que ser abogado es lo más importante de este mundo.

Él fue mi guía, mi inspiración, mi modelo. Siempre.

Estoy convencido:

Soy abogado. Nací abogado. Moriré abogado.
Natus advocatus, mortuus advocatus.

La carrera no formó mi carácter; ya traía el temple agrio necesario para ser un buen abogado. El tipo de agrura que no amarga, sino que afila el juicio y templa el alma.

Hoy felicito a quienes, desde cualquier trinchera —juzgados, aulas, despachos, tribunas o calles— ejercen la abogacía con dignidad, respeto, conocimiento y compromiso por la justicia social.

El verdadero abogado no se jacta de quebrar la ley, ni de deslegitimar las instituciones del Estado. El verdadero abogado propone, construye, interpreta, y enaltece la justicia como punto medio de la equidad.

Veritas, iustitia, aequitas.

Cicerón decía: "Historia magistra vitae est."
Y en el Derecho, esa historia la construimos quienes entendemos que la toga no otorga honor: lo otorga la conducta. El título no garantiza respeto: lo gana la ética con la que se ejerce.

El antiguo juramento del abogado exigía:

"...que ayudará bien e lealmente a todo aquel a quien prometiere su ayuda; y que no se trabajará, a sabiendas, de abogar en pleito mentiroso o injusto..."

Agradezco en vida, y lo seguiré haciendo siempre, a mi tío Vicente, porque gracias a él aprendí que ser abogado no es solo un destino: es una forma de estar en el mundo.

🎓 Felicidades a mis primos abogados, a mis tíos, a mis maestros.
🎓 Felicidades a mis amigos y colegas, quienes cada día demuestran que esta profesión tiene historia, presente y futuro.

Después de tantos años de ejercicio profesional, puedo decir que me he divertido siendo abogado:

He estado en el litigio, en la impartición y procuración de justicia; he formado parte de la administración pública estatal y federal; he sido académico, asesor legislativo y formador de generaciones enteras. Incluso he sido autor invisible de muchas tesis, títulos, maestrías y doctorados… y todo ello lo he vivido con pasión y orgullo.

Cierro con este terceto que me acompaña desde siempre:

Sanctus Ivo erat Brito
Advocatus et non latro
Res miranda populo

Felicidades a todas y todos los abogados.
Porque aunque esta profesión muchas veces solo se valore en tiempos difíciles, es en la paz donde más se necesita la justicia.

Y aunque los pseudoabogados manchen el nombre de la abogacía, la nobleza de nuestra profesión vive en quienes ejercen con conciencia, verdad y sentido humano.

Advocatus ex corde.

¡Felicidades, abogados!

Conoce más sobre mi y mis marcas. Entra al enlace en la imagen.

✍️Mtro. Mariano Rocha
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T-MEC: la contradicción del discurso económico.Durante ocho años hemos escuchado al gobierno de la llamada Cuarta Transf...
07/07/2026

T-MEC: la contradicción del discurso económico.

Durante ocho años hemos escuchado al gobierno de la llamada Cuarta Transformación repetir una y otra vez que el neoliberalismo fue el responsable de prácticamente todos los males del país. Se le atribuyó el debilitamiento de las instituciones, el incremento de la desigualdad, la entrega de los recursos nacionales y un modelo económico que, según esa narrativa, benefició a unos cuantos y dejó atrás a la mayoría.

Ese ha sido el discurso político que ha acompañado a este gobierno desde su llegada al poder.

Sin embargo, hoy nos encontramos frente a una contradicción que merece ser analizada.

Estados Unidos anunció que no acepta renovar el T-MEC en su forma actual y abrió una nueva etapa de negociaciones. El tratado continúa vigente mientras ese proceso concluye, pero la decisión abrió un debate que trasciende el comercio internacional.

La pregunta es sencilla.

Si el neoliberalismo era tan malo, ¿por qué hoy el gobierno mexicano defiende con tanto interés el instrumento económico más importante surgido precisamente de ese modelo?

No debemos olvidar que el T-MEC tiene su origen en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, impulsado durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, una de las administraciones que con mayor frecuencia ha sido presentada como símbolo del llamado modelo neoliberal.

En otras palabras, el principal mecanismo que hoy sostiene buena parte de las exportaciones mexicanas, la atracción de inversión extranjera y millones de empleos nació bajo el mismo esquema económico que durante ocho años se ha señalado como responsable de los problemas nacionales.

Ahí aparece la primera gran contradicción.
Si el modelo era tan perjudicial, resultaría lógico apartarse de él. Si, por el contrario, se reconoce que el tratado es indispensable para la estabilidad económica del país, entonces también habría que aceptar que ese modelo generó herramientas que siguen siendo fundamentales para México.

No es posible sostener ambas posiciones sin abrir un debate sobre su congruencia.
Conviene recordar que la apertura comercial nunca estuvo exenta de críticas. El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, expresó, entre otras demandas, la preocupación por las desventajas que enfrentarían miles de pequeños productores mexicanos frente a economías mucho más fuertes como la estadounidense y la canadiense, además del reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indígenas.

La discusión sobre el libre comercio no comenzó con este gobierno ni terminará con él.
Lo interesante ocurre ahora.
Estados Unidos decidió no renovar el acuerdo en sus términos actuales.

Entonces surge otra pregunta.

¿Toda la responsabilidad corresponde al gobierno estadounidense o también vale la pena analizar cuál fue la posición que asumió México durante esta revisión?

Aquí aparece una hipótesis que merece discutirse.

Si durante ocho años este gobierno ha sostenido que el neoliberalismo fue el origen de los grandes problemas nacionales, también sería razonable preguntarse si realmente existía un interés político por conservar sin modificaciones el principal tratado comercial construido bajo esa lógica.

No afirmo que esa sea la explicación definitiva. Tampoco existen elementos públicos suficientes para sostenerlo como un hecho. Sin embargo, sería un error asumir automáticamente que toda la responsabilidad corresponde a Washington.
En una negociación internacional participan dos gobiernos. Ambos construyen acuerdos y ambos pueden contribuir a que esos acuerdos se compliquen.

Otro aspecto llama la atención.

Cuando al gobierno se le formula una pregunta sobre un tema en el que considera que posee una ventaja política, las respuestas suelen ser extensas, abundantes en antecedentes y cargadas de explicaciones.

En cambio, cuando el cuestionamiento recae sobre decisiones cuya responsabilidad podría corresponder directamente a la administración, el discurso cambia. Las respuestas se vuelven breves, ambiguas y, con frecuencia, la conversación termina desplazándose hacia administraciones pasadas o hacia factores externos.

Esa diferencia en la manera de responder también forma parte del análisis político. La revisión del T-MEC ofrece un ejemplo de ello. En lugar de explicar con claridad cuál ha sido la postura negociadora de México y cuáles han sido los puntos de coincidencia o de desacuerdo durante la revisión del tratado, la discusión pública se ha concentrado casi exclusivamente en la decisión anunciada por Estados Unidos.

Si el gobierno considera que actuó correctamente durante la revisión del acuerdo, sería deseable conocer con mayor detalle cuál fue la estrategia que defendió, cuáles fueron sus propuestas y qué elementos llevaron a que Estados Unidos rechazara renovar el tratado en sus términos actuales. Esa explicación resulta indispensable para que la sociedad pueda valorar, con información suficiente, el desempeño de ambas partes y no únicamente la decisión final de una de ellas.

El debate sobre el T-MEC conduce inevitablemente a una discusión todavía más profunda.

¿Qué modelo económico pretende construir este gobierno?

Durante estos años se ha fortalecido una política basada en la expansión de los programas sociales. Millones de mexicanos reciben actualmente algún tipo de apoyo gubernamental y nadie puede negar la dimensión que esa política ha alcanzado.
La discusión, sin embargo, no consiste en decidir si esos programas deben existir o desaparecer. Toda sociedad democrática tiene la obligación de proteger a quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad.

La verdadera pregunta es distinta.

¿Ha recibido el mismo impulso la creación de oportunidades que la distribución de apoyos?
Existe una diferencia fundamental entre ambas.
Los programas sociales redistribuyen recursos.
La inversión, la productividad, la innovación, el emprendimiento y el empleo son los elementos que generan esos recursos.

Sin crecimiento económico no existe riqueza suficiente que repartir.

Una economía puede sostener programas sociales durante un tiempo, pero difícilmente podrá hacerlo de manera permanente si reduce su capacidad para atraer inversión, producir más y elevar la productividad.

En ese punto aparece otra reflexión.
La distribución de la riqueza sigue siendo profundamente desigual en México. No obstante, el discurso oficial transmite con frecuencia la idea de que la justicia social se alcanza ampliando la cobertura de los programas gubernamentales.

Ambos conceptos no son necesariamente equivalentes.

Una sociedad puede recibir más apoyos y, al mismo tiempo, mantener escasas oportunidades de movilidad social.
Una familia progresa cuando encuentra mejores empleos, crea una empresa, incrementa sus ingresos o desarrolla nuevas capacidades, no únicamente cuando recibe una transferencia económica del Estado.

Ese es el verdadero equilibrio que debería buscar cualquier política pública.

Redistribuir riqueza es una responsabilidad del Estado.

Crear las condiciones para generar más riqueza también lo es.

La revisión del T-MEC no representa únicamente una discusión comercial.
También pone sobre la mesa dos visiones distintas del desarrollo económico.

Una privilegia la intervención del Estado como principal distribuidor de recursos.

La otra sostiene que el crecimiento económico, la inversión, la competitividad y la apertura comercial constituyen la base sobre la cual puede construirse una política social sólida y sostenible.

México necesita ambas cosas.

Necesita un Estado que proteja a quienes más lo requieren, pero también una economía capaz de generar oportunidades suficientes para que cada vez menos personas dependan permanentemente de un apoyo gubernamental.
Al final, esa es la verdadera discusión.

No se trata únicamente del futuro del T-MEC.
Se trata de definir si el país aspira a construir una sociedad con más oportunidades o una sociedad con mayor dependencia.

La prosperidad no nace cuando el Estado reparte más.

La prosperidad comienza cuando existen las condiciones para que cada ciudadano pueda producir más, emprender más, trabajar mejor y depender cada vez menos del gobierno para construir su propio proyecto de vida.

Mtro. Mariano Rocha
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DEJEMOS DE SOÑAR... DESPERTEMOSDurante las últimas semanas, millones de mexicanos demostramos algo que siempre ha estado...
06/07/2026

DEJEMOS DE SOÑAR... DESPERTEMOS

Durante las últimas semanas, millones de mexicanos demostramos algo que siempre ha estado ahí: cuando existe una causa que nos emociona, somos capaces de dejar a un lado nuestras diferencias y caminar en un mismo sentido.

La participación de la Selección Nacional en la Copa Mundial de la FIFA 2026 nos regaló momentos de alegría, esperanza, frustración y orgullo. Nos abrazamos con desconocidos después de un gol, sufrimos juntos una derrota y volvimos a creer que, unidos, podemos alcanzar objetivos que parecían imposibles.

Y precisamente ahí está la gran lección.

Si somos capaces de unirnos por noventa minutos frente a una cancha, ¿por qué no hacerlo para construir un mejor país?

¿Por qué no unirnos para exigir mejores hospitales, mejores escuelas, mayor seguridad y mejores oportunidades para nuestros hijos?

¿Por qué no hacerlo para exigir que quienes gobiernan cumplan aquello que prometieron cuando solicitaron nuestro voto?

Es momento de dejar de soñar únicamente con el fútbol y comenzar a despertar frente a la realidad nacional.

Mientras celebrábamos un partido, miles de familias seguían buscando a un ser querido desaparecido. Madres buscadoras continúan recorriendo caminos con la esperanza de encontrar respuestas. Miles de ciudadanos siguen enfrentando extorsiones, secuestros, robos y una violencia que modifica la forma en que vivimos.

Muchos jóvenes concluyen una carrera universitaria sin encontrar un empleo digno que les permita construir un proyecto de vida independiente. Otros tantos deben abandonar sus comunidades por falta de oportunidades.

No podemos conformarnos con apoyos temporales cuando el verdadero objetivo de cualquier gobierno debe ser crear las condiciones para que cada persona pueda salir adelante por su propio esfuerzo, mediante educación de calidad, empleo, inversión, desarrollo económico y certeza jurídica.

Necesitamos instituciones fuertes. Necesitamos autoridades preparadas. Necesitamos servidores públicos cuya principal obligación sea resolver problemas y no administrar discursos.

La justicia debe ser accesible, profesional, imparcial y eficiente. La seguridad debe permitirnos vivir sin miedo. La educación debe preparar ciudadanos competitivos y libres. Los servicios de salud deben responder con calidad y oportunidad a las necesidades de la población.

También debemos preguntarnos si las grandes obras públicas, los programas gubernamentales y las decisiones presupuestales están generando los resultados que el país necesita. No se trata de descalificar por descalificar, sino de evaluar con objetividad, exigir transparencia, eficiencia y rendición de cuentas en el uso de los recursos públicos.

La democracia no termina el día de la elección.

La democracia comienza al día siguiente, cuando los ciudadanos vigilamos, cuestionamos, proponemos y exigimos resultados.

Ha llegado el momento de dejar atrás la discusión permanente sobre los errores de gobiernos anteriores. Cada administración debe asumir plenamente la responsabilidad que le corresponde. Gobernar significa resolver los problemas del presente y construir el futuro, no vivir permanentemente comparándose con el pasado.

México necesita menos confrontación y más soluciones.

Menos propaganda y más resultados.

Menos polarización y más acuerdos.

Menos justificaciones y más cumplimiento de la palabra empeñada.

No importa cuál sea nuestra ideología, el partido por el que votemos o nuestras diferencias políticas. Todos compartimos las mismas preocupaciones: que nuestros hijos vivan mejor que nosotros; que exista seguridad para caminar por las calles; que la salud pública funcione; que la educación abra oportunidades; que el trabajo permita vivir con dignidad y que la justicia llegue para todos por igual.

La emoción que sentimos durante un Mundial demuestra que los mexicanos sabemos unirnos.

Ahora imaginemos lo que podríamos lograr si esa misma energía, esa misma pasión y ese mismo sentido de pertenencia los dedicáramos a participar como ciudadanos, a informarnos, a involucrarnos en nuestra comunidad y a exigir gobiernos más eficientes, instituciones más sólidas y mejores políticas públicas.

Porque un campeonato puede hacernos felices durante unas semanas.

Pero un mejor México puede transformar la vida de generaciones enteras.

Celebremos el fútbol.

Disfrutemos cada victoria.

Aplaudamos a quienes representan dignamente a nuestro país.

Pero cuando termine el partido, no volvamos a dormirnos.

Despertemos.

Porque el verdadero partido que definirá el futuro de México no se juega en un estadio.

Se juega todos los días, en nuestras decisiones, en nuestra participación y en la responsabilidad con la que exigimos un país más justo, más seguro, más próspero y con mayores oportunidades para todos.

Mtro. Mariano Rocha
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Cuando este país cuente con una oposición inteligente, propositiva y encabezada por un verdadero líder moral, cuya integ...
26/06/2026

Cuando este país cuente con una oposición inteligente, propositiva y encabezada por un verdadero líder moral, cuya integridad no esté sujeta a duda ni a discusión política, económica o social, entonces podremos comenzar a hablar de una nueva transición democrática para México.

Cuando existan periodistas plenamente preparados, informados y capacitados para investigar, cuestionar con rigor, ser inquisitivos sin caer en la agresión, privilegiando los hechos sobre los rumores y las notas sobre los chismes de pasillo, estaremos frente a un periodismo crítico, analítico y verdaderamente capaz de influir positivamente en la conciencia ciudadana.

La historia nos enseña que las grandes transformaciones no ocurren de la noche a la mañana. Al partido que gobernó México durante más de siete décadas le tomó más de 70 años perder la hegemonía política. Del mismo modo, el liderazgo político que hoy continúa marcando la agenda nacional se construyó a lo largo de más de dos décadas de presencia pública, organización, discurso e identidad ideológica.

Por ello, quienes aspiran a construir una verdadera alternativa deben comprender que el cambio no se improvisa. Se construye con liderazgo, preparación, credibilidad, propuestas y una visión de país que trascienda los intereses personales y coyunturales.

La historia demuestra que para transformar una nación, se requiere mucho más que el deseo de ganar una elección.

Mtro. Mariano Rocha

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