Mtro. Mariano Rocha

Mtro. Mariano Rocha Abogado de profesión, docente por convicción. Especializado en: Ciencia Penal, Criminología, Victimología, Psicología Criminal y Estudios Legislativos.

Sarampión en México: entre la certificación de 2016 y la erosión de coberturasA propósito del tema del sarampión:En 2016...
13/02/2026

Sarampión en México: entre la certificación de 2016 y la erosión de coberturas

A propósito del tema del sarampión:

En 2016, la primera dosis rondaba el 95 %, mientras que la segunda dosis se ubicaba ligeramente por debajo, alrededor del 90–92 %. El estándar para sostener eliminación exige 95 % sostenido, especialmente en ambas dosis.

En 2017 y 2018 se observa un descenso leve pero constante. La MCV1 baja hacia 93–94 %, y la MCV2 comienza a situarse en torno al 88–90 %. Es decir, aún no había un colapso, pero el blindaje comenzaba a erosionarse.

Para 2019 la MCV1 ya estaba cerca de 92 %, y la MCV2 descendía hacia 86–88 %. El país empezaba a acumular cohortes susceptibles.

El golpe más fuerte se observa en 2020 y 2021, en pleno contexto de pandemia. Las estimaciones sitúan la primera dosis en rangos de 83–89 % y la segunda incluso por debajo de 85 %. Ese descenso sí es epidemiológicamente significativo, porque el sarampión no tolera brechas prolongadas. Cuando la cobertura baja del 95 %, el riesgo no es inmediato, pero comienza a acumularse.

En 2022 y 2023 hay una recuperación parcial, pero los niveles no regresan de manera sostenida al umbral de 95 %. Se mejora, sí. Pero no se restituye completamente el blindaje colectivo óptimo.

Con esta línea temporal en la mano, el argumento debe formularse con cuidado.

Primero: en 2016 existía certificación internacional válida. Eso significa que hasta ese momento el estándar técnico estaba cumplido. La OPS no certifica sistemas frágiles.

Segundo: la erosión de coberturas comienza antes de la pandemia, pero se profundiza de manera clara entre 2020 y 2021.

Tercero: la pérdida de inmunidad colectiva es acumulativa. Cuando durante varios años consecutivos las coberturas permanecen por debajo del 95 %, el país comienza a generar “bolsas susceptibles”. Esas bolsas no aparecen en un año específico; se construyen con el tiempo.

Cuarto: si en 2025–2026 observamos mayor incidencia en menores de 1 año y en niños de 1 a 4 años —como muestran los datos recientes— eso indica que el blindaje reciente no fue suficiente. Esos niños dependen completamente de coberturas actuales y de inmunidad colectiva vigente. No son cohortes de hace veinte años.

Ahora bien, respecto a la afirmación de que la responsabilidad es exclusiva de gobiernos anteriores, la cronología no permite una conclusión tan lineal. Es cierto que el descenso inicia antes de 2020, pero también es cierto que la administración en turno hereda el estándar alcanzado en 2016 y tiene la obligación constitucional de sostenerlo.

El artículo 4° de la Constitución impone al Estado el deber de garantizar el derecho a la protección de la salud. Ese deber es continuo. No se extingue con el cambio de administración ni se limita a señalar tendencias heredadas. Si las coberturas comienzan a descender, la obligación es corregir la trayectoria.

Por tanto, el argumento técnicamente sólido es este:

– México cumplía con estándares internacionales en 2016.
– Las coberturas comenzaron a descender progresivamente después.
– La caída más pronunciada ocurre en el periodo de pandemia.
– La recuperación posterior no ha alcanzado de forma sostenida el 95 %.
– La acumulación de susceptibles explica los brotes actuales.

No se trata de criminalizar ni de eximir. Se trata de reconocer que en salud pública la responsabilidad es acumulativa y permanente. La certificación de 2016 demuestra que el sistema funcionaba bajo estándares internacionales. Los descensos posteriores, documentados por la OPS y la OMS, explican por qué hoy reaparecen casos.

El virus no responde a declaraciones retrospectivas. Responde a porcentajes sostenidos en el tiempo.

Y los porcentajes, en este caso, están publicados.
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Jóvenes Construyendo el Futuro: cuando la narrativa no alcanza a la realidadEl día de ayer, paseando sin mayor pretensió...
27/01/2026

Jóvenes Construyendo el Futuro: cuando la narrativa no alcanza a la realidad

El día de ayer, paseando sin mayor pretensión que cumplir con la rutina cotidiana, me encontré con algo que llamó poderosamente mi atención. En un negocio de ropa —de esos comúnmente llamados de “chácharas”, rústico, pequeño, sin mayor infraestructura— un letrero destacaba con claridad: “Se aceptan Jóvenes Construyendo el Futuro”.

De inicio, lo que me inquietó no fue que se abriera una oportunidad para jóvenes. Al contrario, cualquier esfuerzo por integrar a las juventudes a la vida productiva debería ser, en principio, bien recibido. Sin embargo, mi primer cuestionamiento fue otro, mucho más elemental:
¿qué tipo de aprendizaje real puede obtener un joven que aspira a integrarse de manera sólida a la vida laboral, formándose en un negocio cuya lógica se limita a la venta informal de ropa?

No se trata de menospreciar el trabajo honesto, sino de preguntarnos con seriedad si ese espacio cumple con el objetivo central del programa: formar, capacitar y generar experiencia laboral significativa.

El cuestionamiento quedó ahí, suspendido, hasta que más tarde, en conversaciones con conocidos y pequeños comerciantes, surgió una inquietud aún más grave. Varias voces coincidieron en describir una práctica que, aunque no generalizable, resulta profundamente preocupante: la presencia de lo que algunos ya llaman —con amarga ironía— “los estafadores del bienestar”.

La dinámica, según relatan, es sencilla y reiterada: personas que recorren negocios pequeños, convencen a los propietarios de registrarse como centros de trabajo del programa, inscriben a jóvenes y, una vez asignado el apoyo, solo entregan una parte del monto al aprendiz. De los más de nueve mil pesos mensuales que otorga el programa, el joven recibe ap***s alrededor de $4,500, quedándose el resto en manos del intermediario o del propio centro de trabajo.

No afirmo que esto ocurra en todos los casos. Sería irresponsable hacerlo. Pero sí es cierto que la sola existencia de este modus operandi, relatado por más de un actor económico, debería encender todas las alertas institucionales. Cuando un programa social permite estas grietas, deja de ser solo un instrumento de política pública y se convierte en terreno fértil para el abuso.

Aun suponiendo —en el mejor de los escenarios— que estas prácticas no fueran la norma, la pregunta de fondo permanece intacta:
¿qué aprendizaje sustantivo se obtiene en espacios donde no existe un plan formativo real, ni procesos, ni supervisión efectiva?

Y aquí es donde el discurso oficial comienza a mostrar fisuras. Jóvenes Construyendo el Futuro ha sido presentado como el programa insignia de la política social de la llamada Cuarta Transformación. Un emblema. Un alfil discursivo. Pero cuando se observa con detenimiento, el modelo no es nuevo.

Antes, las universidades tecnológicas y los sistemas de educación dual ya utilizaban esquemas similares: prácticas, estadías, vinculación con empresas, formación en entornos productivos. La diferencia es que aquellos modelos estaban —al menos en el diseño— ligados a trayectorias educativas, perfiles profesionales y evaluación académica.

Hoy, el programa opera muchas veces desligado de cualquier proyecto formativo claro. No genera relación laboral, no crea derechos, no garantiza inserción posterior y, en demasiados casos, se limita a transferir un ingreso temporal bajo la promesa implícita de “experiencia”.

El problema no es ayudar a los jóvenes. El problema es confundir ayuda con formación, transferencia con movilidad social y estadística con bienestar.

Cuando el aprendizaje es dudoso, la supervisión es débil y los incentivos están mal alineados, el riesgo es evidente: jóvenes que terminan el programa sin mayores herramientas, negocios que solo buscan mano de obra barata o ingresos adicionales, y un Estado que presume cifras sin hacerse cargo de la calidad del proceso.

No se trata de cancelar programas ni de descalificar sin matices. Se trata de pensar con seriedad si el camino elegido realmente construye futuro o solo administra la precariedad con un nuevo nombre.

Porque cuando el discurso es más sólido que la experiencia real del joven, algo no está funcionando como debería.

Y esa pregunta —incómoda, necesaria— merece ser formulada sin gritos, sin consignas y sin miedo.

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Anduve ausente unos días pero, la realidad es que hay una cantidad de temas que merecen ser analizados concienzudamente....
26/01/2026

Anduve ausente unos días pero, la realidad es que hay una cantidad de temas que merecen ser analizados concienzudamente.

La Presidenta hoy anduvo muy positiva, presentó una tabla interesante con datos reales si, pero limitados.

Les explico por que...

En los últimos años, se ha instalado una narrativa optimista: que la pobreza disminuyó, que la clase media creció y que el bienestar se expandió como nunca antes.

Las cifras existen. Lo que falta es contexto, método y honestidad institucional.

Empecemos por lo esencial: la pobreza extrema.
De acuerdo con la última medición completa disponible, en México alrededor del 7 % de la población sigue viviendo en pobreza extrema. Personas cuyo ingreso no alcanza ni siquiera para cubrir la canasta alimentaria mínima, aun destinándolo todo a ello.
Esa pobreza no desapareció. En el mejor de los casos, se estancó.

Este dato es incómodo porque rompe con la idea de una transformación profunda. No estamos frente a la erradicación de la miseria más severa, sino frente a una contención parcial del daño.

Ahora bien, se afirma que millones de personas pasaron a formar parte de una “nueva clase media”. La pregunta obligada es:
¿cuántas de ellas provienen realmente de la pobreza extrema?

La evidencia muestra que la gran mayoría no salió de la pobreza extrema, sino de la pobreza moderada o de la vulnerabilidad por ingreso. Es decir, personas que ya tenían algún ingreso y que lograron rebasar un umbral estadístico mínimo.
Eso no es movilidad social estructural. Es desplazamiento estadístico, no transformación de fondo.

Salir de la pobreza extrema implica mucho más que recibir dinero: implica educación sostenida, salud garantizada, vivienda, empleo formal y seguridad social. Y eso no ocurrió de manera generalizada.

Aquí entra un tercer elemento clave: los apoyos sociales.

Millones de personas los reciben, pero la mayoría de quienes viven principalmente de ellos:

No tienen vivienda propia,

No cuentan con seguridad social,

No acceden a servicios de salud continuos,

No tienen un empleo formal que les dé certidumbre futura.

Los apoyos alivian, sí. Pero no construyen por sí solos bienestar ni clase media. Funcionan como red de contención, no como escalera de movilidad social. Cuando el apoyo se detiene o los precios suben, la supuesta clase media vuelve a caer.

Y aquí aparece un problema aún más profundo: quién mide todo esto.

Durante años, México contó con una institución que evaluaba la pobreza de manera multidimensional, considerando no solo el ingreso, sino las carencias reales: salud, educación, vivienda, servicios y alimentación.
Hoy, esa institución sigue existiendo en el papel, pero su función crítica ha sido debilitada y vaciada. Sus atribuciones están siendo absorbidas, sus evaluaciones reducidas y su voz técnica silenciada.

El resultado es preocupante: el gobierno comienza a evaluarse a sí mismo, privilegiando mediciones por ingreso —más simples, más manejables— y dejando de lado las carencias estructurales que incomodan.

Por eso el problema ya no es solo cuánto bajó o subió un porcentaje.
El problema es qué se mide, cómo se mide y quién lo mide.

Las gráficas pueden verse bien.
La realidad cotidiana sigue mostrando fragilidad.

Mientras la pobreza extrema persista, mientras más de la mitad del ingreso mínimo se vaya solo en sobrevivir, mientras millones dependan de apoyos sin derechos garantizados, no estamos frente a un cambio estructural, sino ante una administración del límite.

El verdadero reto no es mover personas de una categoría estadística a otra.
El verdadero reto es sacar a las personas de la precariedad permanente y reconstruir el bienestar con instituciones, no solo con transferencias.

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Mtro. Mariano Rocha
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La importancia de este día es, la muestra fehaciente de la capacidad de soñar e idealizar que el ser humano tiene.Desde ...
06/01/2026

La importancia de este día es, la muestra fehaciente de la capacidad de soñar e idealizar que el ser humano tiene.

Desde niños, se nos inculca el pensamiento de la existencia de seres maravillosos que están dispuestos año con año a traer felicidad a nuestras casas, a nuestros niños.

Ellos son tres personajes:Melchor, Gaspar y Baltazar, símbolos universales de la igualdad entre razas y culturas.

Tres personajes que por el simple hecho de llamarles magos, pensábamos en la capacidad que tienen de poder enfrentar cualquier adversidad.

Somos sujetos con una enorme esencia, una gran espiritualidad, con una gran ingenuidad y consecuentemente, credulidad.

Somos humanos, pero también está comprobado que el hombre ha domesticado al hombre.

Crecimos venerando a tres personajes que nos ilusionaron, nos despertaron infinidad de sensaciones.

Recuerdo siempre cada seis de enero despertar con la ilusión de que existirá un regalo, verlo... Disfrutarlo era algo indescriptible!!!

Sin embargo pienso que, si desde pequeños se nos inculca una frase que ha sido un gran motor en mis pensamientos... (La aprendí en la primaria cuando se nos preguntó que eran nuestros padres para nosotros)...

Un chico dijo: "Son aquellos que harían hasta lo imposible por nosotros"

Y, efectivamente así es... Durante años hemos vanagloriado a un gordito, canoso, barbón, vestido de rojo y a estos tres hermosos personajes como los reyes magos; sin embargo, el infante creció agradeciendo, amando, respetando la figura de estos cuatro personajes a cambio de esperar les llegase lo que ellos anhelaban...

Crecimos perdiendo la autoridad de padres... Algo que si queremos una sociedad culta, educada, responsable, debemos enfocarla hacia el respeto, la admiración de las figuras de casa...

No voy contra la "tradición" de estos personajes, finalmente tienen una contraparte... Otorgan felicidad e ilusión; felicidad para quienes cada año llegan a sus casas, pero también debemos pensar que provocan desdicha, desolación, para quienes por ser pobres o no tener familia, no son vistos por estos seres mágicos...

Lo importante es establecer un equilibrio que permita el crecimiento y desarrollo sano de los pequeños para que, de grandes, se forjen como sujetos responsables, ciudadanos de bien que requiere la gran nación a la que pertenecen.

Hoy, veremos hasta altas horas de la noche, figuras de esos seres mágicos, aquellos que harían hasta lo imposible por nosotros...

Veremos también una calidez en el entorno, ante el nacimiento de un halo de esperanza, de fe, de amor por parte de las familias que se verán iluminadas...

Luz para el necesitado, amor, atención y confianza.

Feliz día de reyes a todos.

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Mtro. Mariano Rocha
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LA LEYENDA DEL CUARTO REY MAGOHay una leyenda que, sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de noso...
05/01/2026

LA LEYENDA DEL CUARTO REY MAGO

Hay una leyenda que, sin ser parte de la Revelación, nos enseña lo que Dios espera de nosotros:

Se cuenta que había un cuarto Rey Mago( ARTABÁN), que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personitas que iban solicitando de su ayuda.

Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus p***s y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.

Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba.

Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados. Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de la estrella. Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado!!

La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión...

Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.

Ap***s habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que la de la estrella, llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro!

El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:

“Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino.

¡Muchas gracias por tantos regalos de amor, ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa!

Había pensado mantenerme un poco al margen pero, dados los acontecimientos, es importante reflexionar sobre lo ocurrido ...
03/01/2026

Había pensado mantenerme un poco al margen pero, dados los acontecimientos, es importante reflexionar sobre lo ocurrido en las últimas 24 horas.

Más allá del ruido mediático y de las reacciones viscerales —a favor o en contra—, lo sucedido en Venezuela no puede leerse como un hecho aislado. Responde a un patrón histórico reconocible en América Latina, que conviene analizar con memoria, método y cabeza fría.

La experiencia regional demuestra que las intervenciones extranjeras, directas o encubiertas, por parte de potencias con superioridad militar no se activan por razones ideológicas simples, sino cuando confluyen ciertos factores estructurales: gobiernos altamente centralizados, concentración del poder estatal, discursos nacionalistas o antiimperialistas y la ruptura con intereses estratégicos en materia económica, energética o de seguridad. Guatemala en 1954, Chile en 1973, Nicaragua en los años ochenta, Cuba tras 1961 y la propia Venezuela en el siglo XXI confirman este patrón. No es opinión: es historia documentada.

México, aunque con un trayecto distinto, no es ajeno a esta lógica. Las intervenciones directas de Estados Unidos ocurrieron cuando el país enfrentaba Estados frágiles, centralismos inestables, conflictos internos y vacíos de poder, como en la guerra de 1846–1848 o durante la Revolución Mexicana, con la ocupación de Veracruz en 1914 y la expedición punitiva de 1916. No era un conflicto entre izquierda y derecha, sino la combinación peligrosa de debilidad institucional, centralismo y crisis interna.

Cuando México abandona el centralismo autoritario clásico y se integra al orden liberal-económico occidental, la relación cambia de forma sustantiva: Estados Unidos deja de ser adversario y pasa a ser aliado estratégico. Esto se observa con claridad desde los años ochenta, se consolida en los noventa con la apertura comercial y se profundiza en el siglo XXI mediante la integración productiva y las agendas compartidas. Incluso en gobiernos profundamente cuestionados por sus efectos sociales —los llamados “neoliberales”— nunca se habló seriamente del riesgo de una intervención extranjera, como sí ocurrió en el México decimonónico de Santa Anna o en los periodos de guerra civil y fragmentación del poder.

Por ello es fundamental insistir en un punto clave: no es la derecha o la izquierda lo que detona la intervención, sino el grado de autonomía estatal sin contrapesos. La historia muestra que se interviene cuando un gobierno centraliza el poder, controla sectores estratégicos, limita el capital externo y desafía el orden hemisférico; y se coopera cuando los Estados abren mercados, alinean su política exterior, comparten agendas de seguridad y reducen el control estatal directo. De ahí que existan gobiernos de izquierda no intervenidos —cuando se moderan— y gobiernos de derecha derrocados —cuando se vuelven nacionalistas y cerrados—.

En este contexto, México debe ser especialmente cuidadoso. El tema de la seguridad no puede convertirse en un pretexto, pero tampoco en una negación de la realidad. Nuestro país debe colaborar, coordinarse y organizarse de manera inteligente en el combate al crimen organizado, fortaleciendo capacidades propias, cooperación internacional y Estado de derecho, sin ceder soberanía ni improvisar discursos que nos coloquen en escenarios de riesgo innecesarios.

Conviene recordar, además, que el debate sobre la intervención no surge hoy. Comenzó a instalarse desde el sexenio anterior, cuando el discurso presidencial evocó con insistencia los tiempos pre y post revolucionarios, recuperando categorías como liberales vs. conservadores, propias del siglo XIX. Ese marco narrativo, aunque eficaz políticamente, desplaza el análisis moderno y reintroduce una lógica de confrontación histórica que no corresponde a un mundo interdependiente, jurídico y globalizado.

La lección es clara: la soberanía no se declama, se administra con instituciones fuertes, contrapesos reales y decisiones estratégicas responsables. Cuando el conflicto se internacionaliza, nadie gana con facilidad; las consecuencias permanecen mucho más allá del ruido inmediato.

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Mtro. Mariano Rocha
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02/01/2026

Vaya fin e inicio de año. Muchos temas.

Pero disfrutemos todavía los días de descanso. Será la próxima semana que comentemos algunas cosas.

Desde muy joven he tenido —no sé si como fortuna o como defecto— una creatividad inagotable y una energía que rara vez s...
24/12/2025

Desde muy joven he tenido —no sé si como fortuna o como defecto— una creatividad inagotable y una energía que rara vez sabe quedarse quieta. Siempre he sentido la necesidad de moverme, de explorar, de buscar nuevos espacios donde colocar la imaginación, de encontrar la manera de enfrentar mis miedos y, al mismo tiempo, de divertirme con aquello que me apasiona. Crear ha sido, para mí, una forma de respirar.

Cada uno de mis hobbies ha sido también una forma de entenderme. Un laboratorio personal donde ensayo ideas, identidades, silencios y voces. En ese proceso, cada marca que he construido no es un simple proyecto: es una extensión de mi historia, de mis inquietudes y de mis búsquedas más profundas.

El “mote” de MasterCriminis nace de mi formación profesional, de la disciplina del estudio, del análisis crítico y de la convicción de que el conocimiento debe tener propósito. La radio surge como una respuesta natural a mi amor por la música, a ese sueño —tal vez postergado, nunca abandonado— de estar frente a un micrófono, de comunicar, de acompañar, de crear atmósferas donde otros también se sientan parte. El despacho digital, la oficina de motivación, la fotografía y el video no son ocurrencias aisladas: son lenguajes distintos para decir lo mismo, para expresar quién soy y cómo miro el mundo.

Todos estos espacios son escaparates, sí, pero no de vanidad, sino de identidad. Son fragmentos de mí que han ido tomando forma con el tiempo y que, lo sé, me acompañarán toda la vida porque nacieron de una necesidad auténtica: la de crear sentido.

Por eso, que esta Navidad nos sirva para comprender algo esencial: los sueños no son anhelos inalcanzables ni fantasías ingenuas. Son semillas. Algunas germinan rápido, otras tardan años, pero todas cumplen una función fundamental en la construcción del ser humano. Soñar es una forma de resistir, de proyectarse, de no resignarse a una vida sin profundidad.

La Navidad nos recuerda que no estamos hechos solo de resultados, sino de procesos; no solo de logros visibles, sino de intentos, tropiezos y aprendizajes. Nos recuerda que la creatividad, la pasión y la perseverancia también son formas de amor: amor por lo que hacemos, por lo que creemos y por quienes somos.

Que esta Navidad sea, entonces, un momento para reconciliarnos con nuestros sueños, para reconocerlos sin miedo y para entender que construirlos —paso a paso— es parte esencial de nuestra humanidad. Que nos permita mirar atrás con gratitud y hacia adelante con esperanza, sabiendo que cada creación, por pequeña que parezca, deja huella.

Porque al final, vivir también es atreverse a crear.

Feliz Navidad.

Mtro. Mariano Rocha
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PROGRAMAS SOCIALESHoy hablaremos de los programas sociales… cuáles eran mejores y por qué. ¿Verdaderamente los estableci...
10/12/2025

PROGRAMAS SOCIALES

Hoy hablaremos de los programas sociales… cuáles eran mejores y por qué. ¿Verdaderamente los establecidos por la llamada 4T son los más viables? ¿Quién inició realmente esta cruzada que hoy se presume como novedosa?

La política social mexicana no nació en 2018. Y tampoco comenzó con la narrativa que se repite cada mañana desde Palacio Nacional. La lucha contra la pobreza en México tiene historia, técnica y evidencia desde hace más de tres décadas. En 1989, con Solidaridad, comenzó el primer esfuerzo moderno de combate a la marginación; y en 1997, con Progresa —luego Oportunidades y Prospera— México construyó el programa social más estudiado, evaluado y replicado del mundo, con reconocimiento de OCDE, Banco Mundial, CEPAL, universidades internacionales y más de 50 países que adoptaron su modelo.

Ese programa generó algo que los actuales no ofrecen: movilidad social. Redujo pobreza extrema, aumentó escolaridad femenina, disminuyó desnutrición infantil y mejoró salud materno-infantil a lo largo de generaciones. Nada de eso aparece hoy en la narrativa oficial, donde se insiste en que antes había “intermediarios”, “corrupción”, “amiguismo” y “padrones inflados”.
Pero la evidencia técnica no respalda ese retrato simplificado: CONEVAL documentó durante dos décadas impactos reales y sostenidos. No hay evaluación seria que los descalifique; al contrario, son referencia internacional.

Hoy, en cambio, la política social funciona bajo otra lógica: transferencias universales, directas y sin condicionalidades. Son operativamente simples y políticamente valiosas. Pero desde la evaluación técnica, generan alivio, no transformación estructural.

Los datos de CONEVAL lo explican con claridad: la reducción de la pobreza reciente —incluida la cifra que presume que 13 millones de personas “salieron de la pobreza”— se explica principalmente por transferencias monetarias, no por mejoras en educación, salud, empleo formal o infraestructura social.
Y eso es crucial, porque significa que el avance depende del presupuesto, no del desarrollo. En cuanto se contrae la capacidad fiscal, el “éxito” desaparece. Los propios informes del Consejo señalan que sin las transferencias actuales, la pobreza regresaría casi a los niveles previos.

Por eso la cifra de los “13 millones” debe leerse con honestidad técnica: muchas personas cruzaron la línea estadística de la pobreza por un incremento temporal en el ingreso corriente, pero no salieron de la vulnerabilidad estructural. No mejoró su acceso a salud —que pasó de 16.2% a 39.1% de carencia—, no mejoró su estabilidad laboral —con 37% de pobreza laboral—, ni mejoró la informalidad, que sigue rondando el 55%.
Salir de la pobreza por transferencia no es lo mismo que salir de la pobreza por capacidades, educación, empleo o movilidad. La línea estadística se mueve; la realidad no.

Otra narrativa frecuente es la de la “desigualdad casi como la de Canadá”, apoyada en el Gini oficial de 0.391. Ese dato se repite como logro, pero su interpretación es profundamente incompleta. El descenso no se produjo por prosperidad generalizada, sino porque millones de personas perdieron ingreso durante la pandemia. Hubo una igualación forzada, no un avance estructural. Las mediciones ajustadas del World Inequality Lab y del Colegio de México colocan la desigualdad real entre 0.54 y 0.57, niveles comparables a Brasil, no a Canadá.

Por eso es importante distinguir política social de narrativa política.
La primera se mide en movilidad social; la segunda, en aprobación inmediata.
La primera construye capacidades; la segunda, dependencias.
La primera reduce pobreza estructural; la segunda administra la necesidad.

Los programas sociales actuales son útiles en lo inmediato, pero no sustituyen educación, salud, empleo de calidad ni crecimiento económico. No generan movilidad; la contuvieron. Funcionan, sí, pero como paliativo temporal, no como estrategia de transformación.

Y es aquí donde vale la pena sostener una verdad que no depende de afinidades partidistas: México ya tuvo programas sociales evaluados, exitosos, reconocidos y con resultados medibles. Hoy tenemos un modelo que privilegia la transferencia sobre el desarrollo.
El país necesita apoyos, pero también necesita que esos apoyos construyan futuro, no solo administren el presente.

El bienestar auténtico no se presume: se diseña, se evalúa y se sostiene en el tiempo.

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Por Mtro. Mariano Rocha
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10/12/2025

Hoy ocurrió algo políticamente muy revelador.
Durante la conferencia matutina, se le preguntó a la Presidenta qué opinaba sobre una declaración de Carlos Salinas de Gortari relacionada con los programas sociales. Ella respondió que no sabía de qué se trataba y que le gustaría verlo. Hasta ahí, todo parecía un ejercicio normal de contraste histórico.

Pero cuando el video comenzó a reproducirse —un video de hace varios años, donde Salinas hace una reflexión profunda sobre el uso, el diseño y la finalidad de los programas sociales— alguien, desde la propia estructura de comunicación, se dio cuenta del riesgo: permitir que una explicación técnicamente correcta, históricamente sustentada y políticamente incómoda sonara en cadena nacional.

Y detuvieron el video.
No por error.
No por casualidad.
Sino porque ese mensaje, pronunciado por uno de los presidentes con mayor formación técnica del país, desmontaba en segundos el discurso que la actual administración ha repetido por años: que los programas sociales de hoy son inéditos, superiores y transformadores.

En lugar de permitir que se escuchara la explicación, cambiaron de inmediato el contenido y proyectaron otro video, esta vez sobre niveles de aprobación presidencial, con el famoso 70%. Un giro repentino que reveló más de lo que intentó ocultar.

La Presidenta remató diciendo que mañana explicarían cómo se usaban los programas sociales “antes” y cuáles son las diferencias con los actuales.
Pero la paradoja es clara:
la explicación que intentaron censurar hoy es justamente la que demostraría que los programas sociales no son nuevos, no son exclusivos y no son revolucionarios.

Porque Salinas —con todos los matices de su periodo— describía el principio básico que los economistas conocen desde hace décadas:
que los programas sociales deben servir para reducir la pobreza estructural, no para administrar la pobreza política;
que deben fomentar movilidad social, no dependencia electoral;
y que deben acompañarse de crecimiento económico, empleo formal y productividad, sin los cuales solo funcionan como paliativos.

Por eso detuvieron el video.
Porque la explicación, por sí sola, tundía el discurso de la 4T y de cualquier gobierno populista que pretenda acreditar su éxito únicamente en transferencias monetarias.

Hoy no se trató de Salinas.
Ni siquiera de la comparación histórica.
Se trató de algo más delicado:
de la incapacidad de permitir que una idea técnicamente sólida, aun viniendo del pasado, contradiga el relato oficial del presente.

Mañana, considerando que en La Mañanera hablarán —a su modo— de que sus programas sociales “son mejores”, haremos algo que desde el poder difícilmente se permitirá: un análisis completo, comparado y documentado de todos los programas sociales que han existido en México, desde Solidaridad hasta Oportunidades, de Prospera a las transferencias actuales.

Y compararemos, con datos y no con discursos, cuáles verdaderamente fueron mejores, cuáles redujeron pobreza estructural, cuáles generaron movilidad social y cuáles solo administraron la necesidad.

Porque si algo dejó claro el episodio de hoy es que:

👉 La narrativa oficial no resiste la comparación histórica.
👉 Los programas sociales no nacieron en 2018.
👉 Y mucho menos todos han sido igual de eficaces.

Mañana iniciaremos ese análisis.
Con datos.
Con evidencia.
Con memoria.
Y sin los filtros de una narrativa que teme al contraste.

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Mtro Mariano Rocha
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