28/07/2026
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa. Pero precisamente por ello, también exige responsabilidad.
En los últimos días hemos escuchado sobre el abuso de la IA, en especial en lo referente al examen de ingreso a la UNAM Universidad Nacional Autónoma de México.
Con independencia de coincidir con el rechazo, vale la pena hacer algunas reflexiones sobre la IA.
Debemos reconocer que toda tecnología capaz de influir en la toma de decisiones, en la generación de conocimiento y en el ejercicio de derechos requiere un marco jurídico que garantice un uso ético, transparente y responsable.
La libertad para utilizar la inteligencia artificial no puede convertirse en un abuso del derecho.
La IA debe ser un instrumento de apoyo para investigar, organizar información, optimizar procesos y potenciar nuestras capacidades. Sin embargo, nunca debería sustituir aquello que distingue a una persona profesional: el juicio crítico, el razonamiento, la experiencia, la creatividad y la responsabilidad por las decisiones que adopta.
Un abogado no se define por el documento que entrega; se define por el criterio jurídico que construye. Un médico no vale por el diagnóstico que genera un algoritmo, sino por su capacidad para interpretar, decidir y asumir la responsabilidad frente a un paciente.
Las grandes ideas no nacen de una base de datos. Nacen del análisis, del debate, de la experiencia y de la capacidad humana para cuestionar, crear y resolver problemas.
La IA puede procesar millones de datos en segundos. Pero no tiene conciencia, valores, prudencia ni responsabilidad jurídica.
Por eso, el desafío de nuestro tiempo no es decidir si usamos o no la IA. El verdadero desafío es establecer límites claros para evitar su utilización irresponsable y recordar que ninguna tecnología puede reemplazar el valor del pensamiento humano.