14/06/2026
¿Qué tan peligrosa es realmente la planta Fermachem para Lerdo?
En las últimas semanas han circulado muchas publicaciones, videos y comentarios sobre la planta de fertilizantes Fermachem que pretende instalarse en el municipio de Lerdo. Algunas personas afirman que traerá desarrollo y empleo; otras aseguran que representa un riesgo grave para la salud, el agua y el medio ambiente.
Ante tanta información contradictoria, decidimos revisar directamente la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que es el documento técnico que la empresa entregó a las autoridades federales para obtener autorización ambiental. El documento contiene cerca de 700 páginas y describe cómo funcionará la planta, qué sustancias utilizará, cuáles son los riesgos identificados y qué medidas de seguridad propone implementar.
Lo primero que debemos aclarar es que Fermachem no será únicamente una planta de urea. La propia MIA señala que se trata de una planta de producción de amoniaco y urea con capacidad para producir un millón de toneladas de fertilizante al año. Esto es importante porque en redes sociales se ha repetido que la planta “no trabajará con amoniaco”. La realidad es que sí utilizará amoniaco como parte fundamental de su proceso industrial; la diferencia es que la empresa sostiene que dicho material permanecerá dentro de sistemas diseñados para su manejo seguro.
¿Significa eso que existe un riesgo? La respuesta honesta es sí. Toda planta química tiene riesgos. Lo importante no es negar su existencia, sino conocer qué tan grandes son y qué medidas existen para controlarlos.
La propia empresa reconoce en su estudio que utilizará amoniaco, gas natural, sistemas de alta presión y equipos industriales especializados. Por esa razón contempla sistemas automáticos de detección de fugas, alarmas, equipos contra incendios, monitoreo permanente y mecanismos de cierre de emergencia para evitar accidentes mayores.
Respecto a la ubicación, la documentación revisada indica que la planta se construiría al sur de La Loma, entre la carretera federal 49 y la autopista 40D, en una superficie aproximada de 153 hectáreas. Hasta este momento, la información contenida en la MIA coincide con lo difundido por las autoridades en el sentido de que el proyecto no se ubicaría dentro del polígono protegido del Cañón de Fernández.
Otro tema que preocupa a muchas familias es el agua. En una región donde cada año es más difícil conseguir este recurso, resulta lógico preguntarse si una planta de estas dimensiones afectará el abastecimiento de la población. La MIA afirma que el proyecto contará con sistemas de reutilización y tratamiento de agua y que busca reducir al máximo las descargas al exterior. Sin embargo, también reconoce la existencia de aguas residuales industriales que deberán ser tratadas y monitoreadas constantemente.
¿Existe entonces la posibilidad de que residuos lleguen al Río Nazas? La respuesta es que no existe evidencia en la MIA que permita afirmar que eso ocurrirá de manera inevitable. Sin embargo, tampoco sería responsable asegurar que es imposible. Como cualquier instalación industrial, el riesgo dependerá de que los sistemas de tratamiento funcionen correctamente, de la vigilancia de las autoridades y del cumplimiento permanente de las normas ambientales. Precisamente por ello la ciudadanía tiene derecho a exigir transparencia y monitoreo constante.
Otro rumor frecuente es que la planta generará una enorme nube tóxica capaz de afectar a toda la Comarca Lagunera. Después de revisar la documentación disponible, no encontramos evidencia que sustente afirmaciones tan extremas. Sin embargo, tampoco encontramos elementos para afirmar que el riesgo es inexistente. La propia MIA incluye un análisis de riesgos porque reconoce que se manejarán sustancias que requieren protocolos especiales de seguridad. La diferencia entre un riesgo controlado y una tragedia depende de que esos protocolos realmente se cumplan todos los días y no únicamente durante la etapa de autorización.
En cuanto al dióxido de carbono (CO₂), la planta sí generará y utilizará este compuesto dentro de su proceso de producción. De hecho, la fabricación de urea requiere CO₂ como parte de la reacción química. La MIA señala que gran parte de ese CO₂ será aprovechado para producir fertilizante, aunque también reconoce que existirán emisiones asociadas a la operación de la planta.
Después de revisar la información disponible, la conclusión más razonable es que la ciudadanía no debe dejarse llevar ni por el miedo ni por la propaganda. Fermachem no es una bomba de tiempo que inevitablemente destruirá el medio ambiente de Lerdo, pero tampoco es una industria libre de riesgos. Se trata de una planta química de gran escala que puede generar beneficios económicos importantes, siempre y cuando opere bajo estrictos controles ambientales, supervisión permanente y total transparencia hacia la población.
La verdadera discusión no debería ser si la planta es “buena” o “mala”, sino si existen suficientes garantías para proteger la salud de las personas, el agua de la región, el ecosistema del Río Nazas y el futuro de las comunidades cercanas. Esa es la pregunta que merece respuestas claras por parte de la empresa y de las autoridades.