21/08/2026
⚖️ HAY ASUNTOS QUE NO TERMINAN CUANDO TERMINA LA AUDIENCIA
En estos días fuimos contactados para asumir la defensa de dos jóvenes.
Su mamá fue quien nos buscó.
Una mujer de recursos muy limitados que, como muchas madres, hizo todo lo que estuvo a su alcance para conseguir una defensa para sus hijos.
Cuando acudimos al domicilio de la familia entendí que este asunto iba mucho más allá de una carpeta de investigación.
Me encontré frente a una realidad que muchas veces conocemos en cifras, pero que cambia cuando la vemos de frente: una familia viviendo en condiciones de profunda precariedad, con pocas oportunidades, escaso acceso a educación y jóvenes que, además, cargan con el estigma que muchas veces provoca su apariencia.
Tienen tatuajes.
Y aunque jurídicamente sabemos que un tatuaje no convierte a nadie en delincuente, socialmente todavía existen personas que son juzgadas primero por cómo se ven y después por lo que realmente hicieron o dejaron de hacer.
Hoy ocurrió algo que me hizo reflexionar todavía más.
Nos dijeron:
“Aquí comemos mejor que en nuestra casa.”
Se referían al reclusorio.
Y esa frase me pareció profundamente triste.
Porque cuando una persona privada de la libertad puede decir que dentro de una cárcel tiene garantizada una alimentación que afuera no tenía, entonces el problema que estamos viendo es mucho más grande que un expediente penal.
En esta ocasión no conseguimos que recuperaran su libertad.
Y como abogada sé perfectamente que no todos los asuntos terminan como uno quisiera. Nuestra obligación no es prometer resultados; es estudiar, argumentar, combatir jurídicamente y defender con toda la capacidad que tengamos hasta el último momento.
Pero nos quedó una preocupación todavía mayor.
Estos jóvenes van a permanecer privados de su libertad.
Y me pregunto:
¿Qué va a hacer el sistema con ellos durante ese tiempo?
Porque si ingresaron siendo jóvenes con poca escolaridad, pocas oportunidades y enormes carencias, el Estado debería procurar que salieran con más herramientas para vivir dentro de la legalidad.
Porque algún día muchas de esas personas van a recuperar su libertad.
Y entonces tendremos que preguntarnos qué queremos que regrese a nuestras calles:
¿una persona con educación, un oficio y una oportunidad distinta de vida, o alguien que durante años únicamente aprendió a sobrevivir dentro de un ambiente criminal?
No escribimos esto para justificar delitos.
La pobreza no justifica delinquir.
Pero tampoco podemos ignorar que la desigualdad, la falta de educación, la ausencia de oportunidades y la estigmatización colocan a muchas personas en condiciones profundamente distintas frente al sistema de justicia.
Hoy regresamos de esa audiencia sin haber conseguido la libertad que buscábamos.
Pero también regresamos recordando algo que después de tantos años dentro del sistema penal considero fundamental:
detrás de cada imputado existe una historia, detrás de cada expediente existe una familia y detrás de cada persona privada de la libertad debería existir, al menos, una posibilidad real de reinserción.
La justicia debe perseguir y sancionar a quien resulte responsable de un delito.
Pero una sociedad verdaderamente interesada en su seguridad también debería preguntarse qué está haciendo para evitar que la cárcel fabrique aquello que después dice querer combatir.
⚖️ Defender no significa justificar. Defender significa exigir que la justicia se aplique con legalidad, dignidad y humanidad.