04/07/2025
La reciente detención de Julio César Chávez Jr. no solo es innecesaria, sino una muestra más del espectáculo decadente en el que se han convertido las acciones de las autoridades mexicanas, pues, lejos de responder a una lógica de justicia, protección o legalidad, esta detención es un acto de protagonismo mediático, una forma burda de simular eficacia mientras el país se desangra en impunidad.
Estamos hablando de un deportista que, si bien ha atravesado problemas personales y de salud mental NO representa una amenaza para la sociedad. ¿Cuál es la prioridad del Estado mexicano? ¿Perseguir selectivamente a figuras públicas con tal de presumir resultados en conferencias de prensa, mientras los verdaderos criminales continúan operando impunemente desde oficinas, cárteles y curules?
El trato hacia Chávez Jr. no es solo desproporcionado, es humillante, utiliziado para criminalizar su condición de salud o su comportamiento errático no es justicia, es estigmatización. Y es doblemente grave cuando el propio sistema de salud pública en México es incapaz de ofrecer atención digna, y el sistema penal parece más interesado en castigar que en rehabilitar.
Esta detención debe entenderse como lo que es: un montaje, un distractor mediático en un país donde las masacres no tienen culpables, los feminicidios no tienen justicia, y la corrupción navega con fuero. ¿Es ese el México que queremos? ¿Uno donde la autoridad se ensaña con los vulnerables y se arrodilla ante los verdaderos poderes fácticos?
Se esta utilizando a Julio César Chávez Jr., para distraer a la opinión pública y justificar lo injustificable.
El sistema judicial y policial de este país tiene deudas mucho más urgentes y profundas, si realmente buscan recuperar credibilidad, que empiecen por combatir la impunidad, no por fabricar villanos donde hay personas que necesitan ayuda, no esposas.