10/11/2022
¡Síguenos protegiendo, Señor San Martín! 🙏🏼🙏🏼🙏🏼
¡Con motivo de la Víspera de nuestra Feria Patronal les compartimos una interesante leyenda de nuestro San Martín!
El guardián del pueblo
La leyenda que nos ocupa la sitúa nues tro informante, don Crescencio Martínez Mori (†), a quien se la relataron sus pa dres, en el transcurso de la segunda mi tad del siglo XIX, cuando nuestro país sufría la invasión de las fuerzas france sas que habían traído para gobernarnos, un emperador austriaco Maximiliano de Habsburgo y a las que las fuerzas juaristas implacablemente daban la ba talla por la independencia nacional.
San Martin Obispo, pueblo entonces è poco más de 1 000 habitantes, veia de turbada su bucólica existencia por el cons tante paso de tropas regulares, guerrille ros o simples gavillas de bandoleros que aprovechaban el movimiento armado para cometer toda clase de abusos en los pueblos que encontraban a su paso.
Como el mantenimiento de cualquier tipo de tropas requería de caballos, ví veres y demás bastimientos, que dadas las circunstancias, eran tomados preci samente de las poblaciones más inme diatas, esa situación no diferenciaba a los ejércitos conservadores o liberales, por lo que a los pobladores les hacía temer por igual el paso de unos y otros.
Confiados a la voluntad de Dios y se guros del patrocinio de su santo titular, los vecinos de San Martín dormían tran quilos una de tantas noches de aquellos años, mientras por el este avanzaban can sadas y hambrientas las tropas de los generales tlaxcaltecas Antonio Carbajal y Rafael Cuéllar de la 4a. brigada del Ejército de Oriente, después de haber sostenido enfrentamientos con fuerzas francesas y austríacas en los llanos de Apan, Hidalgo, una vez atravesada la importante sierra nevada y luego de pasar de largo por el pueblo de Cuautla cingo, llegaron por el camino ancho hasta la barranca grande dispuestos a entrar a nuestra población.
El desconocimiento del terreno y la obscuridad motivaban el avance caute loso de la tropa y al llegar a la barranca grande, ésta les pareció un abismo im posible de salvar. Al otro lado de la ba rranca y sólo visible por lo blanco y brillante de su cabalgadura, un jinete observaba los movimientos que a lo lar go de la barranca, desde el norte hasta el sur donde se encuentra el pueblo de San Francisco Mazapa, efectuaban los recién llegados buscando inútilmente un lugar propio para cruzar. Al fin decidieron acampar en el camino ancho y esperar el nuevo día.
Con los primeros rayo del sol "las blusas coloradas", como eran conocidos los soldados de Carbajal, entraron al pueblo de San Martín Obispo, llegando hasta la plaza principal tocaron a las puertas de la iglesia pidiendo alimentos, y una vez adentro reconocieron e inmediato al jinete que los vigilaba la noche anterior. ¡Nada menos que nuestro santo patrono!, San Martín, ante cuya imagen prometieron respetar a la población siguiendo de largo su camino hacia el poniente, con rumbo a San Antonio de las Palmas.
Tomada del libro "Monografia Municipal de San Martín de las Pirámides" de Julia Martinez de la Rosa.
(Créditos de la foto a quien corresponda)