22/08/2022
Muchas veces escuchamos a las personas decir esto, y tienen razón, llegará el día en que Dios habrá de juzgar a cada ser humano que ha existido, y en ese día todos habremos de responder ante El, en el día que Dios juzgará por Jesucristo, los secretos de los hombres (Romanos 2:16). La pregunta más importante es: ¿Está usted preparado para ese día?
Las personas dicen “solo Dios puede juzgarme”, queriendo escapar de las acusaciones, las críticas o el juicio de otras personas y para justificar lo que saben que está mal en sus vidas. Lo peligroso es que muchas veces al decir esto, están confiando en que “su dios” es un dios de amor que no castiga la maldad, ni condena a nadie, un dios incapaz de enviar a nadie al in****no; pero de acuerdo a la Biblia ese es un falso “dios” y el hacernos una falsa imagen de Dios en nuestra mente es idolatría, y es un pecado por el que también tendremos que dar cuentas. El Dios verdadero se revela a nosotros en la Biblia, es un Dios de misericordia, amor y piedad, pero también Dios de juicio y de justicia.
Nadie tiene el derecho de juzgar nuestra vida privada para condenarnos, Jesús en el sermón del Monte (Mateo capítulo 7), nos manda no juzgar los pecados personales de otras personas para condenarlos, sobre todo si nosotros practicamos esos mismos pecados; en el mismo contexto nos dice que si limpiamos nuestro ojo para ver claramente, sacando los pecados que nos estorban, entonces veremos con claridad para AYUDAR a otros a sacar los pecados de sus vidas; también en el mismo pasaje nos manda JUZGAR a los falsos maestros y sus doctrinas, para guardarnos de los falsos profetas que vienen vestidos de ovejas pero que realmente son lobos rapaces (Mateo 7:15-16). Dios en Su Palabra nos manda a juzgarnos y examinarnos a nosotros mismos (1ª. Corintios 11:32) para no ser juzgados juntamente con aquellos que no le conocen y se oponen a Él; llegara el día en que Dios habrá de juzgarnos por todo lo que hayamos hecho en el cuerpo sea bueno o sea malo, también dice la Biblia que tendremos que dar cuenta de cada palabra ociosa que hemos hablado. Cuando usted ha reconocido a Jesucristo como Señor y Salvador, Dios lo ve a través de Cristo y a pesar de sus errores y su debilidad, El conoce si su corazón anhela honrarle y obedecerle, por otra parte, si usted NO ha reconocido a Cristo como Señor y Salvador, usted se presentará delante de Dios sin ninguna esperanza ni justificación. Nuestros actos más justos son como trapos de inmundicia delante de un Dios Santo.
Veámoslo con un ejemplo: Si usted supiera que ha sido acusado de un delito grave que puede condenarlo de por vida, y que su juicio es el día de mañana, es seguro que no se cruzaría de brazos y diría “Solo el juez puede juzgarme”, porque seguramente el juez va a hacerlo. Lo que Usted y yo o cualquier otra persona haría sería: primero, averiguar de qué se nos acusa. Dios nos juzgara por haber quebrantado su ley, los diez mandamientos, de los cuales todos excepto el cuarto (guardar el día de reposo) siguen vigentes, el cuarto mandamiento era de carácter ceremonial, todos los demás son de carácter moral y un reflejo del carácter de Dios que al igual que El no cambia. Descubrir si hemos quebrantado sus mandamientos es fácil y rápido, ¿usted ha amado a Dios con toda su alma, mente y fuerzas?, ¿se ha hecho usted una imagen falsa de Dios en su mente?, ¿usted ha dicho mentiras en su vida?, ¿usted ha robado algo en su vida? (el valor no importa), seguramente contestaremos que sí, pero alguien dirá, ¿Quién no lo ha hecho? Y es verdad, todos lo hemos hecho y todos seremos juzgados por ello, alguien más podría decir “Pero yo no he cometido adulterio”, Jesús dijo que cualquier que ve a una persona para desearla ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5:28); alguien más podría decir “bueno, yo no he matado a nadie”, pero la Biblia nos dice que alguien que odia a su prójimo es un homicida (1ª. Juan 3:15). Si somos honestos y nos examinamos de acuerdo a la ley de Dios veremos que somos culpables.
De acuerdo a cuál sea el veredicto, culpable o inocente, solo hay dos posibles destinos después de morir, cielo o in****no; ambos reales y ambos eternos. Dios es amor y es perdonador, pero es justo también y solamente un juez corrupto dejaría ir a un criminal culpable sin castigo. Dios NO es corrupto, Él es justo y podemos estar seguros que aplicará justicia. Entonces si somos culpables, que TODOS lo somos, nuestro destino eterno es el in****no.
Siguiendo con el ejemplo, ahora que sabemos que somos culpables y que el juicio es mañana, lo que haríamos en segundo lugar es buscar un buen abogado para que nos represente, La Biblia dice que Dios ya ha provisto para nosotros al mejor abogado, que no solamente nos defiende, sino que tomó sobre sí el castigo por nuestros pecados, este abogado se llama Jesucristo. El siendo Dios, tomó forma de hombre, nació de una virgen, vivió una vida santa y perfecta, enseño acerca del Padre y de su reino, murió por nuestros pecados en una cruz, cargando sobre sí mismo todo el castigo y la vergüenza por nuestros delitos y transgresiones, fue sepultado y resucitó al tercer día venciendo a la muerte. El pagó por nuestros pecados, tomó el castigo por nuestros delitos y ahora nos ofrece el perdón, la libertad y la vida eterna si creemos en El y lo reconocemos como SEÑOR DE NUESTRAS VIDAS.
Sólo Dios puede juzgarnos y LO HARÁ, y a menos que nuestra esperanza y fe esté puesta en Jesucristo tendremos que responder ante un Dios Santo, por haberlo desobedecido, por haberlo ignorado, haberlo aborrecido, por haber quebrantado su ley, y lo que es peor, por haber rechazado el sacrificio de Jesucristo para librarnos de esa condenación. La vida NO termina con la muerte, nos espera una eternidad; ¿en donde pasaremos esa eternidad? es una pregunta demasiado importante como para ignorarla, piense en ello. Si usted aún no conoce a Jesucristo como Señor y Salvador, y reconoce que ha pecado y ofendido a Dios, NO tiene porque esperar más, Dios ha provisto una puerta y un camino para escapar de la justa condenación que merecemos por nuestros pecados: a Jesucristo Su Único Hijo. Jesús dijo que a quien viene a Él, Él nunca lo echa fuera. Quiera Dios que este sea el día de Salvación para su vida.