25/04/2026
Hay un tema del que casi no se habla con honestidad en el derecho familiar:
El narcisismo en la maternidad.
Y no, no se trata de atacar a las madres.
Se trata de reconocer una realidad que, en muchos casos, está afectando directamente a niñas, niños y adolescentes.
El narcisismo parental (venga de quien venga), se caracteriza por una necesidad constante de control, validación y dominio emocional.
Pero cuando se presenta en la figura materna, suele pasar desapercibido por estereotipos como: “la madre siempre protege”.
Y ahí empieza el problema.
En la práctica jurídica y psicológica, este tipo de conductas suelen manifestarse así:
Se obstaculizan convivencias sin causa real o se condicionan constantemente.
Se manipula emocionalmente a los hijos para generar rechazo hacia el otro progenitor.
Se victimiza la figura materna para justificar el control.
Se utilizan a los hijos como medio de castigo o presión.
Se construye una narrativa donde el otro progenitor siempre es el “riesgo”.
Esto no es protección.
Esto es control.
Y tiene consecuencias reales:
Afectación al desarrollo emocional de los hijos.
Conflictos de lealtad (el niño siente que “traiciona” a uno si quiere al otro).
Deterioro del vínculo paterno-filial.
Ansiedad, culpa y confusión en los niñ@s.
Desde el derecho, hay algo que no podemos perder de vista:
El derecho de convivencia no es un premio ni un castigo entre adultos.
Es un derecho de los hijos.
Y el interés superior de la niñez obliga a analizar más allá del discurso, a observar conductas, dinámicas familiares y posibles formas de violencia, incluso aquellas que no son evidentes.
Porque sí:
el control emocional también es violencia.
DerechoFamiliar
Y reconocerlo no es atacar a las madres.
Es proteger a los hijos.