16/12/2015
La difícil teoría del derecho fiscal.
Arrogante, es un adjetivo muy usado para describir a los abogados; y están en lo cierto, somos arrogantes sin excepción, hasta el menos arrogante es arrogante a veces. Un abogado no solo debe saberse imponer en los Tribunales, también en las conferencias o pláticas de derecho que surjan en las que exista un interés. Tampoco se trata de alegar por alegar, en lo personal trato de evadir cualquier tipo de discusión legal con personas que claramente no saben de lo que hablan, ¿para qué me molesto? De ninguna manera estoy diciendo que sea correcto, debemos aprender a ser más tolerantes y convertirnos en mejores personas; en ser pacientes con aquellos que menos saben, y respetuosos con los abogados que dicen que saben pero no saben. Sin embargo, aquí van seis razones por las que los abogados fiscalistas somos más arrogantes de lo habitual.
1. El abogado promedio conoce la ley; el abogado fiscalista no solo conoce la ley, sino que conoce las leyes que cambian cada año.
2. El abogado promedio pierde horas en audiencias; el abogado fiscalista no va a audiencias.
3. Al abogado promedio lo torturan los cortos plazos; el abogado fiscalista tiene quince, treinta y hasta cuarenta y cinco días hábiles para estudiar los asuntos.
4. El abogado promedio cita precedentes; el abogado fiscalista los crea.
5. El abogado promedio cobra tres mil pesos por divorcio; el abogado fiscalista no cobra menos de veinte mil pesos por asunto.
6. El abogado promedio busca cursos de capacitación (en el mejor de los casos); el abogado fiscalista es autodidacta.
¿Me leí arrogante? Eso no es otra cosa que seguridad en mi misma, de un trabajo bien hecho. Todos pueden ser excelentes abogados sin importar la rama que manejen, solo se trata de ser aplicado en el estudio.
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