23/09/2026
LOBOS SIN MANADA
Por Gerardo Sánchez Martínez / Expresión Ciudadana!
La localización e identificación, el día de ayer, del cuerpo del estudiante Hugo Alejandro Hernández Tello, mientras los universitarios Erik Alejandro Briones y Mateo Hernández López continúan en calidad de desaparecidos, colocan a la comunidad de la BUAP frente a una dolorosa contradicción: la distancia entre la identidad que proclama y la solidaridad que distingue a una verdadera manada cuando uno de sus integrantes está en peligro.
Los lobos no sobreviven únicamente por su fuerza ni por su ferocidad. Son animales sociales que viven en grupos familiares, se comunican mediante aullidos y cooperan para protegerse. Cuando uno de sus integrantes está en peligro, pueden alertarse, reagruparse y acudir en su defensa. La supervivencia de la manada depende, en buena medida, de esa solidaridad.
Los universitarios de la BUAP también se proclaman lobos. Sin embargo, la desaparición de estos tres jóvenes ha dejado dos imágenes difíciles de ignorar: apenas un centenar de estudiantes movilizados para exigir la localización de sus compañeros y, cinco días después, más de 30 mil participantes en una carrera encabezada por la rectora Lilia Cedillo.
No eran necesariamente las mismas personas ni convocatorias comparables. Sin embargo, ambas escenas exhiben una paradoja: una comunidad que ha elegido al lobo como símbolo de identidad, pero cuya solidaridad parece olvidar el instinto cooperativo de la manada, para dar paso a la indiferencia que, paradójicamente, atribuimos a chacales.
CIEN LOBOS DIERON LA VOZ DE ALARMA
El lunes 14 de septiembre, alrededor de cien estudiantes se concentraron frente a la puerta 14 de Ciudad Universitaria. Llevaban fotografías, fichas de búsqueda y la intención de llamar la atención sobre dos jóvenes desaparecidos: Hugo Alejandro Hernández Tello y Erik Alejandro Briones Valencia.
Los manifestantes se organizaron en contingentes para recorrer distintas unidades académicas y colocar fichas en los muros de las facultades.
La iniciativa había surgido de los propios estudiantes, quienes aclararon que la universidad era ajena a la organización de aquella movilización.
Había, sin embargo, una circunstancia que llamaba la atención: muchos de los participantes llevaban el rostro cubierto.
No se protegían del sol. Algunos temían posibles represalias policiales o de las propias autoridades educativas.
No existen elementos suficientes para afirmar que hubieran recibido amenazas. Pero el temor que expresaron merece atención en una institución que, además de impartir conocimientos, tiene la responsabilidad de garantizar las libertades de su comunidad.
Aquella mañana también estuvo presente Heidi Valencia, madre de Erik Alejandro, de 29 años, desaparecido desde el 2 de septiembre, después de acudir a la zona de la Central de Abasto.
Su intervención llevó a la movilización una realidad que ninguna ficha puede expresar por completo: la incertidumbre de una familia que desconoce dónde se encuentra uno de sus integrantes.
Los estudiantes no pretendían sustituir a las autoridades encargadas de investigar. Buscaban visibilizar las desapariciones y conseguir que más personas conocieran los rostros de quienes faltaban.
ENTRE LA INFORMACIÓN Y LA DESINFORMACIÓN
La administración de la BUAP publicó una ficha de búsqueda el 8 de septiembre y aseguró colaborar con las autoridades. Sin embargo, en las cuentas oficiales examinadas no encontramos una campaña sostenida que convocara a la comunidad universitaria a participar en la difusión de la búsqueda del estudiante Hugo Alejandro Hernández Tello.
En aquel pronunciamiento pidió a familiares y amigos evitar compartir información que no proviniera de las autoridades, con el propósito de prevenir la desinformación.
La advertencia no carecía de importancia.
Durante los días posteriores circularon versiones sobre el supuesto hallazgo del cuerpo de Hugo Alejandro, particularmente el 14 de septiembre, cuando las labores de búsqueda se concentraban en las inmediaciones del río Alseseca.
La familia desmintió aquellas informaciones y la Fiscalía sostuvo que el joven continuaba desaparecido.
La colaboración institucional existió. Lo que todavía requiere esclarecimiento es cómo se organizó, qué mecanismos se activaron y de qué manera se involucró a la comunidad universitaria.
Porque publicar una ficha de búsqueda es una medida de difusión. Un protocolo institucional, en cambio, debe permitir identificar las responsabilidades, los procedimientos y las acciones que corresponden a cada autoridad.
La BUAP tendría que explicar cuáles fueron los mecanismos concretos que aplicó y cómo dio continuidad a sus acciones durante los diecisiete días en que Hugo Alejandro permaneció desaparecido.
TREINTA MIL CORREDORES Y EL ROMPECABEZAS DE LOBO
El sábado 19 de septiembre, Ciudad Universitaria volvió a reunir a miles de personas.
Esta vez no se trataba de buscar a un estudiante, sino de participar en la vigesimosegunda edición de la Carrera Universitaria.
La rectora Lilia Cedillo encabezó el contingente de más de 30 mil corredores que recorrieron 6.5 kilómetros por las instalaciones universitarias.
La institución difundió ampliamente el acontecimiento y destacó la participación de la comunidad.
Hubo, además, un detalle simbólico. El lobo volvía a ocupar el centro de la identidad universitaria.
Los primeros dos mil participantes recibieron una medalla que constituye la primera pieza de un rompecabezas con la figura de una cabeza de lobo. Las piezas restantes se entregarán en futuras ediciones hasta completar la figura en 2029.
En el boletín oficial de la carrera no hubo referencia a Hugo Alejandro.
LAS CONDOLENCIAS Y LAS PREGUNTAS PENDIENTES
Tres días después de la carrera, con la localización del cuerpo de Hugo Alejandro, llegaron las condolencias institucionales y una amplia difusión informativa. La solidaridad que ahora se expresaba públicamente contrastaba con la escasa continuidad de los llamados de búsqueda encontrados en las páginas oficiales examinadas, cuando todavía existía la esperanza de encontrarlo con vida.
La universidad sostiene que participó en las labores de búsqueda. Queda por esclarecer qué protocolo activó, cómo funcionó y qué respuesta ofreció a los estudiantes que reclamaban la localización de sus compañeros, algunos de ellos con el rostro cubierto por temor a posibles represalias.
La muerte de Hugo Alejandro merece algo más que condolencias: el esclarecimiento de las circunstancias de su fallecimiento y una explicación sobre los mecanismos de protección de la comunidad universitaria.
Porque la preocupación no termina con su muerte.
Erik Alejandro Briones Valencia continúa figurando en los reportes de búsqueda consultados. Su madre participó en la movilización del 14 de septiembre para exigir a las autoridades que intensificaran las acciones destinadas a localizarlo.
A este caso se sumó la desaparición de un adolescente de 16 años, estudiante de preparatoria de la BUAP, de nombre Mateo Hernández López, igual que su padre, el presidente municipal de Tecamachalco.
Al cierre de esta edición, no se había encontrado confirmación pública de la localización de ambos jóvenes. Aunque no existen elementos que permitan relacionar los tres casos, comparten una preocupación que los estudiantes llevaron hasta las instalaciones universitarias: la seguridad de sus compañeros y el derecho de las familias a recibir respuestas.
Mientras dos jóvenes continúan reportados como desaparecidos, la solidaridad universitaria tiene todavía una tarea pendiente. La capacidad institucional de convocatoria y comunicación puede contribuir a mantener visibles sus búsquedas, mediante información verificada y en coordinación con las autoridades y sus familiares.
Las condolencias expresan solidaridad ante una pérdida. La búsqueda exige ejercerla mientras todavía existe la esperanza de evitarla.
UNA MANADA INCOMPLETA
Los lobos no son una familia perfecta. Enfrentan peligros y conflictos, pero su supervivencia depende, en buena medida, de la comunicación, la cooperación y la protección de los suyos. Esos valores también deberían dar significado al emblema de una comunidad universitaria.
Hugo Alejandro ya no regresará a las aulas. Erik Alejandro y Mateo Hernández continúan reportados como desaparecidos. Mientras tanto, los estudiantes que salieron a exigir su localización merecen ejercer su solidaridad sin temor a represalias.
La BUAP demostró su capacidad para convocar a miles de personas bajo un mismo emblema. Esa misma capacidad puede ponerse al servicio de la búsqueda, la protección y el acompañamiento de quienes integran su comunidad.
Porque una manada no se reconoce únicamente por correr junta, sino por su respuesta cuando uno de sus integrantes está en peligro.
La BUAP ha elegido al lobo como emblema de su fuerza. La movilización de sus estudiantes recuerda que la solidaridad también forma parte de esa identidad. Entre la multitud que acudió a correr y el centenar que salió a buscar a sus compañeros queda una cuestión pendiente: qué valores está forjando y promoviendo la universidad pública del estado y cómo se reflejan en las decisiones de quienes la dirigen.
Y EN LA MARRANERA…!
—Rectora, ¿qué hacemos si un lobo desaparece?
—¡Demostrar que somos una gran manada!
—¿Salimos a buscarlo?
—No, ¡a correr! 🐺