19/10/2023
El cimiento esencial de la práctica legal.
Es común que al buscar a un abogado, sea porque surgen problemas, generalmente de considerable magnitud. Cómo responde el abogado ante el miedo, la desesperación y la desolación del cliente, independientemente del problema, tendrá un impacto profundo en la percepción del gremio.
Es crucial tener en cuenta lo siguiente: las personas temen a los abogados. Nos ven como individuos fríos, distantes, interesados y, en ciertos casos, perjudiciales al agravar conflictos. Esta percepción se forma a partir de experiencias previas o de lo que circula en el vox populi, y la diferencia entre ambos casos es mínima.
No obstante, cuando alguien se enfrenta al miedo y decide recurrir a un abogado como último recurso (porque, sí, siempre somos el último recurso), lo que anticipa es más bien complicaciones y un gasto injustificado. La sorpresa es evidente cuando el abogado que lo atiende muestra humanidad y calidez; es algo inesperado. Si, además, detallas con paciencia y claridad las opciones disponibles, lo que sucederá y el alcance de las acciones, el miedo comienza a disiparse gradualmente, permitiendo una comunicación más abierta.
Asesorar a una persona moral, no se compara con ayudar a una pareja que desea divorciarse, más aún cuando se trata de velar por los intereses de los hijos menores, ni con alguien cuya libertad está en juego. Sin embargo, no debemos olvidar que somos seres humanos, interactuando con otros seres humanos que enfrentan dificultades.
La dimensión humana del abogado ha quedado opacada. Envueltos en capas de ego y misticismo, hemos perdido de vista la esencia misma de nuestra profesión. Es momento de renovar la profesión jurídica y dotarla de un enfoque mucho más emocional.
Y considero que, dado que también nosotros enfrentamos problemas, necesitamos a alguien que nos escuche y nos haga sentir protegidos mediante explicaciones y opciones.
Es el instante propicio para transformar la profesión jurídica y brindarle un enfoque mucho más emotivo."