01/02/2025
Miguel Hidalgo lo planteó, el Plan de Iguala lo reivindicó, y el Tratado de Córdoba lo estipuló: que la Nueva España se independizara de la Corona Española, pero que la nueva nación continuara siendo un Imperio, y se entregara a Fernando VII, o alguien de la casa de los Borbón.
Por eso la nueva nación, ya independiente, y al no aceptar ningún Borbón el ofrecimiento, se constituyó en Imperio Mexicano, y Agustín de Iturbide fue coronado emperador.
A la luz de ese tiempo, era lo "normal", la forma de gobierno común en el orbe, era el monárquico.
Sin embargo ya habían permeado en muchos las ideas Republicanas y Federalistas de José María Morelos y Pavón, extremadamente avanzadas para su tiempo.
Éstas, junto con los excesos de concentración y ejercicio de poder del nombrado Agustín I, hicieron indispensable que el 01 de febrero de 1823, hace exactamente 202 años, en Casamata, Tamaulipas, Antonio López de Santa Anna, entre otros jefes militares, suscribieran el Plan de Casamata, que declaraba nulo el imperio, desconocía a Iturbide como Emperador de México y solicitaba la reinstalación del Congreso como máxima representación nacional.
Iturbide pudo ser recordado como el gran consumador de la Independencia de México, pero sus excesos al final lo convirtieron en un villano de la historia nacional.
A Santa Anna le pasó exactamente lo mismo, de ser caudillo del federalismo y de las ideas republicanas, se convirtió en el mayor ícono del centralismo y conservadurismo en México.
Asi pasa, Iturbide, Santa Anna y Porfirio Díaz después, de ser considerados héroes nacional, al acceder al poder, se corrompieron y terminaron como vulgares traidores.
Eric L Villaseñor