30/09/2026
Hay notificaciones que uno entrega… y otras que se quedan contigo (VERSION COMPLETA)
Ayer me tocó hacer una de esas diligencias que me recordó que detrás de cada documento legal hay una persona, una historia y una vida que puede cambiar en cuestión de segundos.
Como Corredor Público, cuando realizamos una notificación nuestra función es cumplir con los requisitos legales de la diligencia y hacer entrega del documento. No intervenimos en el contenido ni en la decisión que contiene.
Somos, en cierta forma, el mensajero legal.
Pero ayer entendí que ser el mensajero no significa ser indiferente a lo que uno presencia.
Me correspondió notificar una carta mediante la cual se negaba una solicitud de servicios médicos.
Desde que llegué al lugar iba un poco más atento de lo normal. No era una zona bonita, la calle donde estaba el domicilio era muy estrecha: prácticamente cabía un solo automóvil… ¡y además era de doble sentido!
Yo tengo una costumbre cuando hago diligencias: siempre espero lo mejor, pero me preparo para lo peor.
Por eso procuré estacionarme cerca de una avenida, en un lugar desde donde pudiera salir rápidamente si las circunstancias se complicaban. Uno nunca sabe qué puede encontrarse al realizar una diligencia.
Caminé unos metros y llegué al domicilio que aparentaba ser una casa de alguien de escasos recursos.
Había varias personas afuera.
Pregunté por la persona a quien debía notificar y me indicaron que se encontraba ahí.
Me identifiqué, confirmé que era la persona buscada y procedí a entregarle la carta.
Pero ocurrió algo que cambió completamente el sentido de aquella diligencia.
No quiso que yo le leyera el documento.
Prefirió leerlo él mismo antes de firmar de recibido.
Comenzó a leer.
Yo estaba pendiente de la diligencia, pero también un poco nervioso por las circunstancias del lugar.
Hasta que vi que, mientras avanzaba en la lectura, algo cayó de uno de sus ojos.
Pensé:
“¿Es una lágrima?”
El papel mojado lo confimó después
Siguió leyendo.
Y entonces se sentó.
En ese momento entendí que aquello iba para largo.
Continuó leyendo con el rostro de alguien que acababa de recibir una de las peores noticias de su vida.
Finalmente levantó la mirada y me preguntó:
“¿Estoy entendiendo bien? ¿Me están negando la solicitud de apoyo médico?”
Le expliqué que el contenido de la carta correspondía a la decisión de la empresa que la emitía y que mi función era únicamente realizar la notificación. Para cualquier aclaración sobre esa decisión tendría que dirigirse directamente con la empresa.
No quiso firmar de recibido.
Y lo entendí.
Pero conservó la carta.
Y para efectos de mi diligencia, eso era suficiente para continuar con mi actuación conforme correspondía.
Me retiré.
Y debo confesar algo:
Esta vez no me fui igual que como llegué.
Durante el camino de regreso me quedé pensando en aquella persona.
Yo había cumplido mi encomienda.
Había realizado la notificación.
Había hecho exactamente lo que me correspondía hacer.
Pero por primera vez, quizás porque tuve la oportunidad de verlo directamente, pude dimensionar algo que muchas veces olvidamos:
Para nosotros puede ser un documento.
Para otra persona puede ser su vida.
Una carta.
Un contrato.
Una resolución.
Un requerimiento.
Una notificación.
Para quien la entrega, forma parte del trabajo.
Pero para quien la recibe puede significar una deuda, la pérdida de una oportunidad, un problema familiar, una decisión empresarial… o, como en este caso, algo relacionado con su salud y su posibilidad de recibir atención médica.
Y creo que ayer me puse un poco en su lugar.
Pensé:
¿Qué haría yo si estuviera ahí?
¿Qué sentiría?
¿A quién llamaría?
¿Qué haría después?
Y esa sensación de impotencia fue probablemente lo que más me afectó.
Me gusta mi trabajo como Corredor Público.
Pero también hay días en los que uno recuerda que detrás de cada diligencia hay seres humanos.
Ayer me tocó ser el mensajero de una noticia que no me correspondía decidir.
Y aunque legalmente yo solamente tenía que cumplir mi función…
humanamente, esa notificación sí me pegó.
Terminé la diligencia, me fui con muchas cosas en la cabeza y, como suele pasar después de algunos días particularmente intensos, terminé con un café en la mano pensando en todo lo ocurrido.
Supongo que también esto forma parte de ser Corredor Público.
A veces también toca ver de frente el efecto que esos hechos tienen en la vida de las personas.
¿Necesitas realizar una notificación o diligencia con fe pública?
81 3056 9094
Marcelo Estrada
Corredor Público No. 31 del Estado de Nuevo León