15/04/2026
La romantización de la abogacía
A veces nos gusta romantizar la abogacía: imaginarnos como héroes justicieros luchando contra el sistema, mostrar la vida glamorosa del abogado, el dominio del conocimiento jurídico y el amor inquebrantable por la justicia.
Pero nadie habla de esas noches en las que no dormimos, dándole vueltas a cuál es la mejor decisión para un asunto. Nadie habla del agotamiento mental constante, porque nuestra oficina está en la mente, activa 24/7 con los problemas y posibles soluciones de los clientes.
Tampoco se habla de la carga emocional que llevamos cuando algo no sale bien en audiencia, o cuando recibimos una sentencia injusta tras tanto esfuerzo y dedicación. Ni de esas veces en las que, por cumplir con el trabajo, terminamos alejándonos de la familia y de los amigos.
Cada día se menosprecia más nuestra labor; al punto que hay quienes creen que la inteligencia artificial puede hacer mejor las cosas que los profesionistas, y que nuestros servicios deben ofrecerse como promociones de supermercado.
Y sí, en ocasiones la ética nos complica más el camino, porque lo que hoy predomina son las falacias y las chicanadas.
Por eso, el abogado postulante necesita más que técnica: se requiere resistencia, vocación, empatía y una enorme valentía para sobrevivir en este mundo llamado litigio.
Desconozco su Autor.