27/05/2026
Hoy estaba revisando un asunto y pensé en algo que pocas veces se habla.
Para continuar un procedimiento se necesitan exhortos, diligencias, oficios, notificaciones, seguimiento… cosas que en el papel parecen simples, hasta que te toca vivirlas.
Porque detrás de un expediente hay traslados. Horas esperando en juzgados. Expedientes que no aparecen. Regresar otro día porque aún no está el acuerdo. Acudir nuevamente porque falta una firma, una constancia o porque el oficio no fue turnado.
Hay asuntos donde avanzar una sola etapa implica semanas de insistencia.
Y mientras tanto, el cliente solo recibe un mensaje: “seguimos en trámite”.
A veces pienso que los abogados postulando terminamos aprendiendo paciencia de una forma muy dura. Paciencia para esperar. Para insistir. Para volver. Para hacer llamadas. Para acompañar diligencias bajo el sol. Para permanecer horas en un juzgado por algo que, visto desde fuera, parece pequeño.
No escribo esto como queja.
Lo escribo porque muchas veces las personas creen que el trabajo jurídico es únicamente comparecer a una audiencia o redactar un escrito. Pero hay mucho más detrás: tiempo, desgaste, recursos, personal, traslados y una insistencia constante para que los asuntos avancen.
Litigar también es esto.
Es perseguir expedientes, impulsar trámites detenidos y sostener procesos que pocas personas alcanzan a ver.
Y quizá por eso, cuando alguien pregunta cuánto cuesta un asunto, también debería preguntarse cuánto tiempo invisible hay detrás para moverlo.