12/07/2026
Las escritoras que abrieron el camino hacia el voto femenino: las plumas que cambiaron la historia
Cuando se habla de la lucha por el voto femenino, es común recordar a grandes activistas y manifestaciones multitudinarias. Sin embargo, mucho antes de que las mujeres pudieran depositar una papeleta en las urnas, varias escritoras utilizaron un arma igual de poderosa: la palabra escrita.
A través de libros, periódicos, ensayos y discursos, cuestionaron una sociedad que les negaba derechos fundamentales y defendieron que la igualdad política no debía entenderse como un privilegio, sino como un principio de justicia. En México y en distintas partes del mundo, sus ideas sembraron las bases de uno de los movimientos sociales más trascendentes de la historia.
Hermila Galindo (México)
Si hay una escritora mexicana imprescindible en esta historia, es Hermila Galindo (1886-1954). Periodista, ensayista y una de las principales defensoras de los derechos de las mujeres durante la Revolución Mexicana, fundó la revista La Mujer Moderna, desde donde impulsó la educación, la igualdad jurídica y el sufragio femenino.
En 1917 presentó ante el Congreso Constituyente una propuesta para reconocer el derecho de las mujeres a votar en la Constitución. Aunque fue rechazada, su iniciativa abrió un debate que, décadas más tarde, contribuiría al reconocimiento del sufragio femenino en México en 1953.
Mary Wollstonecraft (Reino Unido)
Mucho antes de que existiera un movimiento sufragista organizado, Mary Wollstonecraft publicó en 1792 Vindicación de los derechos de la mujer. En esta obra defendió una idea revolucionaria para su época: las mujeres no eran inferiores por naturaleza, sino porque se les negaba el acceso a la educación.
Sus argumentos influyeron profundamente en las generaciones de mujeres que, durante el siglo XIX, iniciarían la lucha por sus derechos políticos.
Olympe de Gouges (Francia)
En plena Revolución Francesa, Olympe de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), donde exigía que las mujeres gozaran de los mismos derechos civiles y políticos que los hombres, incluido el derecho a participar en la vida pública.
Sus ideas le costaron la vida: fue ejecutada en la guillotina en 1793. Con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los símbolos más importantes de la igualdad y de la defensa de los derechos de las mujeres.
Susan B. Anthony (Estados Unidos)
Aunque es recordada principalmente como activista, Susan B. Anthony también fue una prolífica escritora y conferencista. Publicó artículos, pronunció cientos de discursos y colaboró en la monumental History of Woman Suffrage, obra que documentó la historia del movimiento sufragista en Estados Unidos.
En 1872 fue arrestada por intentar votar en unas elecciones presidenciales, un acto de desobediencia civil que marcó un antes y un después en la defensa del sufragio femenino.
Emilia Pardo Bazán (España)
Novelista, periodista y crítica literaria, Emilia Pardo Bazán defendió durante toda su vida el acceso de las mujeres a la educación y a la vida intelectual. Desde sus artículos denunció la discriminación que sufrían las mujeres y sostuvo que la igualdad educativa era el primer paso hacia la igualdad política.
Aunque España reconocería el voto femenino hasta 1931, sus escritos ayudaron a preparar el terreno para ese cambio.
Simone de Beauvoir (Francia)
Con la publicación de El segundo s**o (1949), Simone de Beauvoir transformó el pensamiento feminista contemporáneo. Aunque escribió cuando muchas mujeres europeas ya podían votar, explicó cómo las desigualdades persistían más allá del sufragio e inspiró a nuevas generaciones en la defensa de la igualdad de derechos.
Flora Tristán (Francia–Perú)
Considerada una de las precursoras del feminismo moderno, Flora Tristán unió la defensa de los derechos de las mujeres con la lucha por la justicia social. En obras como Peregrinaciones de una paria denunció la desigualdad legal y económica que impedía a las mujeres participar plenamente en la sociedad.
Sus ideas inspiraron tanto al movimiento obrero como a las primeras organizaciones feministas.
Una historia escrita con tinta y valentía
El derecho al voto femenino no surgió de un día para otro ni fue el resultado de una sola protesta. Fue el fruto de décadas de reflexión, resistencia y perseverancia de mujeres que escribieron cuando casi nadie estaba dispuesto a escucharlas. Sus libros, artículos y manifiestos transformaron la manera de entender la igualdad y demostraron que las palabras también pueden cambiar leyes, gobiernos y sociedades.
Cada vez que una mujer ejerce su derecho al voto, también honra el legado de aquellas escritoras que, con una pluma en la mano y frente a enormes obstáculos, imaginaron un mundo más justo mucho antes de que ese mundo fuera posible.