25/09/2026
Durante mucho tiempo me costó responder una pregunta aparentemente muy sencilla: “¿A qué te dedicas?”
Porque decir “soy abogada” era verdad, pero no era toda la verdad.
Decir “soy consultora” tampoco.
Y cuando llegó la imagen a mi vida profesional, explicarlo se volvió todavía más complicado.
Durante años pensé que tenía que encontrar una forma de hacer que todo se viera lógico desde afuera.
Hoy entiendo que no.
Mi trayectoria no fue diseñada sobre una hoja en blanco. Hubo decisiones que tomé porque quería crecer y otras porque la vida me obligó a moverme. Hubo etapas que parecían no tener relación entre sí y que años después terminaron encontrándose.
Derecho. Derechos humanos. Administración. Empresa. Propiedad intelectual. Desarrollo organizacional. Imagen.
Y detrás de todos esos títulos, maestrías, proyectos y servicios, hay algo que casi nunca cuento: la historia de cómo llegué hasta aquí.
No ha sido una línea recta.
Tampoco una sucesión perfecta de decisiones correctas.
He cambiado de dirección. He empezado de nuevo. He estudiado mientras trabajaba. He maternado mientras estudiaba y trabajaba. He construido proyectos. Algunos funcionaron y otros no. He tenido momentos de muchísima certeza y otros en los que me he preguntado seriamente qué estoy haciendo.
Y sigo construyendo.
Quizá por eso hoy quise presentarme de otra manera.
No desde el currículum.
No desde los servicios que vendo.
No desde una versión perfectamente acomodada para redes sociales.
Simplemente desde mi historia.
Porque detrás de Marissa Beltrán hay una mujer que todavía está aprendiendo, cambiando, cuestionándose y tratando de hacer algo con todo lo que ha vivido y aprendido.
Y si llevas tiempo por aquí, quiero conocerte también:
¿Hay alguna decisión en tu vida que en su momento no entendías y que años después terminó teniendo sentido?
Te leo. 🤍