18/08/2026
✨Cuando los id**tas llegan al poder✨
¿Por qué es peligroso tener gente id**ta en la política?
Porque el problema nunca termina en el primer pendejo.
El verdadero desastre empieza cuando los pendejos que lo rodean lo ven llegar al poder y piensan:
“Si este pendejo pudo llegar hasta ahí, ¿por qué yo no?”
Y como tienen un poquito más de autoestima (que no es lo mismo que capacidad) se convencen de que son superiores. No estudian, no se preparan, no conocen la ley, no entienden cómo funciona el gobierno, pero tienen algo que les sobra: atrevimiento y cero vergüenza para opinar de lo que no saben.
Entonces empieza la multiplicación.
Un improvisado coloca a otro improvisado.
El otro recomienda a su amigo.
El amigo lleva a su compadre.
El compadre acomoda al pariente.
Y cuando te das cuenta, las decisiones que afectan a miles de ciudadanos están en manos de una bola de pendejos con poder y sin preparación.
Y ahí deja de ser gracioso.
Porque un id**ta sin poder solamente puede decir idioteces.
Un id**ta con poder puede convertir sus idioteces en políticas públicas, contratos, decisiones, abusos, injusticias y tragedias que pagamos todos.
La política no debería ser refugio para quien no pudo demostrar capacidad en ningún otro lugar.
Gobernar no es jugar a ser importante.
No es levantar la mano.
No es posar para la foto.
No es repetir lo que dice el jefe.
Y definitivamente no es premio por ser amigo, familiar, lambiscón o incondicional de alguien.
Un cargo público no te vuelve inteligente.
Solamente te da poder.
Y cuando el poder cae en manos de alguien que no tiene conocimiento, criterio, preparación ni principios, el costo no lo paga el id**ta.
Lo pagamos los ciudadanos.
Por eso hay algo que deberíamos dejar de normalizar:
No basta con que alguien “quiera servir”.
También tiene que saber hacerlo.
Porque cuando dejamos de exigir capacidad para gobernar, terminamos gobernados por ocurrencias.
Y cuando las ocurrencias tienen poder…
la ciudadanía queda a merced de los pendejos.
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