30/05/2026
De verdugos a víctimas: el espectáculo
de la hipocresía política en Acatlán
Quienes durante meses sembraron confrontación, insultos y división, hoy intentan disfrazarse de perseguidos para convertir una visita histórica para la Mixteca en un escenario de grilla, protagonismo y victimización.
Redacción, Acatlán de Osorio.-
En Acatlán de Osorio está ocurriendo un fenómeno político digno de análisis: los responsables de alimentar la confrontación ahora pretenden venderse como víctimas de la misma guerra que ayudaron a construir.
Es la vieja historia de quienes lanzaron la primera piedra, promovieron el conflicto, alentaron la división y después corrieron a esconder la mano. Hoy, con una facilidad asombrosa, buscan convencer a la opinión pública de que son perseguidos, ignorados y agraviados.
En esta historia están involucrados: Maricruz Bello Nacer, María de Jesús Ocampo Álvarez, Magdalena Ocampo Álvarez, Roberto Hernández Moranchel, Doc. Pedro García Núñez, Javier Salas Rosas (Inspector Auxiliar de Garzones). Además de la banda más temida de Acatlán y la Mixteca poblana.
La escena resulta casi teatral.
Mientras la Mixteca se prepara para recibir al gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, y posiblemente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en una visita enfocada en obras de infraestructura, desarrollo regional, apoyos sociales y proyectos estratégicos para la región, un grupo de inconformes parece tener otras prioridades.
Para ellos, las carreteras, la inversión pública, la seguridad y el desarrollo pasan a segundo término. Lo verdaderamente importante es llamar la atención.
Y qué mejor oportunidad que una visita de alto nivel para intentar colocar reflectores sobre un grupo que lleva meses buscando sin éxito posicionar una narrativa política basada en denuncias, acusaciones y ataques contra la administración municipal encabezada por Lupita Bárcenas.
Lo más llamativo no es que quieran manifestarse. Están en su derecho.
Lo verdaderamente llamativo es la amnesia selectiva que padecen.
Porque los que hoy exigen respeto son los mismos que durante meses repartieron descalificaciones. Los que hoy hablan de agresiones son los mismos que no tuvieron reparo en alimentar campañas de confrontación. Los que hoy piden justicia son los mismos que durante mucho tiempo actuaron como fiscales, jueces y verdugos en la plaza pública.
Ahora resulta que quienes encendieron el incendio se presentan como los principales afectados por el humo.
La contradicción es tan evidente que raya en el cinismo.
La estrategia parece clara: aprovechar una visita institucional que debería centrarse en el futuro de la Mixteca para transformarla en un espectáculo político de reclamos, gritos y victimización.
Lo preocupante es que detrás de este tipo de acciones no existe una propuesta seria para resolver problemas, impulsar proyectos o generar beneficios para la población. Lo que existe es la obsesión de mantenerse vigentes a través del conflicto permanente.
Porque cuando la política deja de ser una herramienta para construir y se convierte en una actividad basada únicamente en destruir al adversario, el resultado siempre es el mismo: desgaste, división y estancamiento.
Mientras miles de ciudadanos esperan anuncios de inversión, infraestructura y desarrollo, algunos personajes parecen más interesados en protagonizar un nuevo capítulo de la novela política local.
Una novela que ya todos conocen.
Los mismos actores.
Los mismos discursos.
Las mismas acusaciones.
Y ahora, también, las mismas lágrimas.
Porque en Acatlán hay quienes pasaron de acusadores profesionales a víctimas de tiempo completo.
Y quizás esa sea la mayor ironía de todas: quienes durante tanto tiempo apostaron por la confrontación, hoy intentan convencer a la sociedad de que son ellos quienes necesitan ser defendidos.
Pero la memoria ciudadana suele ser más fuerte que los discursos de ocasión.
Y la historia rara vez absuelve a quienes primero sembraron el conflicto y después pretendieron cosechar compasión.