07/09/2026
Durante nuestro paso por una oficina pública de atención y gestoría jurídica nos tocó conocer de cerca numerosos asuntos relacionados con violencia familiar, abuso y corrupción de menores.
En aquellos años también pudimos observar, en algunos casos, cierta apatía o falta de seguimiento por parte de las instituciones encargadas de procurar justicia. Asuntos que requerían atención especial y un seguimiento estricto, particularmente cuando estaban involucrados menores de edad.
Hoy, con la experiencia que dan los años, debo reconocer que se ha avanzado. Existe una mayor atención y seguimiento a este tipo de casos, procurando que los menores sean escuchados, protegidos y que sus derechos sean respetados durante los procedimientos.
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. La violencia familiar y cualquier forma de abuso contra niñas, niños y adolescentes no pueden tratarse como asuntos menores. Se requiere personal capacitado, instituciones coordinadas y, sobre todo, una sociedad que deje de normalizar la violencia.
La protección de los menores debe estar por encima de cualquier diferencia, interés o burocracia. Ahí no debería existir espacio para la indiferencia.