20/01/2026
Nos unimos a la pena que embarga a la familia Venegas y al motociclismo hidrocálido
Hoy el asfalto de Aguascalientes guarda silencio.
Las rutas que tantas veces escucharon el rugido de un motor viejo y honesto hoy saben que uno de los suyos ha partido.
Laurencio Venegas, Don Wencho, no fue solo un motociclista: fue carácter, fue camino y fue palabra cumplida. De esos hombres de la vieja escuela que no necesitaban parches ni reflectores para imponer respeto; bastaba su presencia, su andar firme y la forma en que miraba la carretera, como quien la entiende y la honra.
Don Wencho perteneció a una generación donde la moto no era moda, era destino. Donde el viaje importaba más que la llegada y el compañero valía más que la máquina. Su historia está escrita en kilómetros, en anécdotas contadas al caer la tarde, en motores afinados con paciencia y en silencios compartidos al borde del camino.
Fue maestro sin proponérselo, ejemplo sin alardes. Enseñó que la lealtad no se presume, se demuestra; que el respeto se gana rodando derecho; y que la hermandad motociclista no se firma, se vive.
Hoy se va un ícono del motociclismo hidrocálido, pero no se apaga su legado. Don Wencho seguirá rodando en cada ruta tomada con dignidad, en cada motociclista que saluda con la cabeza, en cada historia que empiece con un “¿te acuerdas de Don Wencho…?”.
Buen camino, viejo guerrero del asfalto.
Que la carretera sea infinita,
que el motor nunca falle
y que el viento te lleve en paz.
Hasta siempre, Don Wencho.