11/04/2026
POR EL RESPETO A LA DIGNIDAD DE JAQUELINE CAMPBELL
Saltillo, Coahuila a 10 de abril del 2026
Cuando conocí a Jacquie, como la llamamos sus amigos, ella trabajaba en CADHAC, un centro regio de derechos humanos llamado Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos que tenía su sede en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Todavía estaba yo como obispo Coadjutor en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas cuando la conocí. Muy pronto me nombraron obispo de Saltillo, el 30 de diciembre de 1999, y llegué a Saltillo el 20 de marzo del año dos mil.
Pocos meses después me di cuenta que necesitaba de una persona que me apoyara en el tema de las Comunicaciones Sociales, y recordé que en San Cristóbal había conocido a Jacquie Campbell, experta en esa área y que vivía cerca de Saltillo. Así que la busqué, hablamos y aceptó venir a trabajar conmigo, haciéndose cargo en muy poco tiempo, del Departamento de Comunicación Social de la Diócesis de Saltillo. Fue la primer mujer a nivel nacional en un puesto de ese nivel. Dentro de su especialidad de la Comunicación siempre ha incluído su enconada lucha por el respeto a los Derechos Humanos, especialmente de quienes son las víctimas más vulnerables como es el caso de las mujeres. En el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata cursó un Postgrado en Derechos Humanos mientras tuvo que salir exiliada por la defensa de unas mujeres que necesitaban ser escuchadas. Terminó con la máxima calificación y volvió cada año a un presentar investigaciones.
Declaro que desde el tiempo que llevo de conocerla, hasta hoy, Jacquie Campbell ha sido una persona íntegra, que defiende los derechos de las personas más desprotegidas, y es capaz de dar todo cuando es posible para visibilizar las injusticias y promover los derechos de muy variadas personas. Su vida está entregada a la defensa de personas, hoy sobre todo acompaña y defiende mujeres, personas privadas de libertad, defensores de territorio, y diversidad sexual, en otros momentos lo ha hecho con indígenas, migrantes y obreros.
En el área de mi trabajo pastoral por los pobres, a la que he dedicado el más alto porcentaje de mi quehacer como obispo, Jacquie sigue siendo mi más cercana colaboradora. Ni la Casa del Migrante Saltillo, ni el Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, existirían hoy sin el impulso que ella entregó por años constantes y de tiempo completo.
Por eso quiero levantar la voz hacia ella ante las calumnias que en este momento se han desatado contra su persona y pido a ustedes que se sumen al llamado a que sea respetada su seguridad y dignidad. De manera contundente afirmo que ella ha sido en todo momento una persona honesta, adherida desde lo más profundo de su ser humano y profesional a los valores más altos de la justicia, la verdad y la dignidad, y a todos los derechos fundamentales de la persona humana, porque está hecha de otra madera. Ella no se ciñe a los cánones del capitalismo y la corrupción con la que se manejan las mafias que gobiernan Coahuila. Si critican su persona es porque ella es valiente y congruente con su ser cristiana, ella entendió el Evangelio sin pretensiones.
Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo Emérito de Saltillo