09/07/2026
Para Moisés, con el amor infinito de tu hijo, Max.
Hoy celebramos que el 9 de julio de 1949, bajo el cielo de Limón, Colón, nació mi padre, Moisés Canelas Withol. De origen humilde pero de alma inconmensurable, mi padre no solo habitó este país; lo soñó grande desde la escasez, forjando una mentalidad de éxito que se convertiría en su mayor estandarte.
Su historia es el testimonio vivo de que Dios hace grandes las cosas pequeñas. Aquel joven que trabajó con esfuerzo en los campos bananeros de Coyoles Central, que fue zapatero y cuya voz resonó primero como locutor, guardaba en su pecho un tesoro que el mundo llegaría a apreciar. Esa transición de los campos a los escenarios internacionales fue meteórica: desde su imponente presencia en el Festival OTI de 1974, su triunfo en Panamá en 1976 con "Latinoamérica", hasta su consolidación en la OTI de 1980 en Buenos Aires.
México se convirtió en su segundo hogar, el escenario donde su talento se entrelazó con leyendas de la talla de José José y el maestro Armando Manzanero. Su voz, un bálsamo de fe, tuvo el honor histórico de recibir al Papa Juan Pablo II en su visita a Honduras en 1983, elevando el espíritu de toda Honduras.
Al regresar a su amada patria, no solo nos regaló himnos de identidad como "Honduras, Vaya pues", sino que volcó su corazón en la filantropía, devolviendo a su pueblo parte de la gloria recibida. De él aprendí que la actitud y las creencias determinan el destino. Me enseñó a erradicar el "no puedo" y a amar a la patria como a una madre, luchando siempre por su grandeza, inspirado quizás por la herencia espiritual de nuestro ascendiente don Froylán de Jesús Turcios Canelas.
¡Bendiga Dios la pródiga tierra en que nací!
Libre y civilizada, agrande su poder en los tiempos y brille su nombre en las amplias conquistas de la justicia y del derecho.
Hoy, envío este tributo cargado de respeto y el cariño eterno de un pueblo que jamás lo olvidará. Su legado no es solo música, es la prueba de que un hondureño puede alcanzar las estrellas sin olvidar sus raíces.
Que Dios bendiga a mi padre y le premie por sus buenas obras, pues su voz seguirá siendo el eco de nuestra esperanza. Amen