17/02/2020
Un procedimiento de separación o divorcio es uno de los momentos más desestabilizadores, emocionalmente hablando, para cualquier persona. O, al menos, esa ha sido mi observación en estos 25 años de profesión.
Cada persona lo afronta desde una emoción distinta: la profunda tristeza, la ira, la decepción o incluso la sorpresa o estupefacción...El problema es que estas emociones no quedan aisladas en nuestro interior, sino que dominan la escena y, la mayoría de veces, determinan nuestras decisiones y conductas. Es decir, nuestras emociones terminan por afectar al proceso jurídico al que nos enfrentamos, sea este contencioso o de mutuo acuerdo, y con ello, las demandas que vamos a solicitar o los acuerdos con los que creemos que estaremos conformes.
Por esta razón, es sumamente importante saber elegir el profesional que nos va a acompañar en este proceso judicial: para que la separación o divorcio no se convierta en un problema añadido a la ruptura matrimonial o de pareja y, por el contrario, sirva para lo que realmente fue diseñado que es dar solución a las crisis irreversibles.
Lo ideal es contar con un profesional que abarque ambos aspectos: la parte jurídica y la parte más emocional, ayudándote a clarificar, entender y gestionar esas emociones, que te acompañe en la toma de decisiones, o incluso, cuando la situación lo permite, que "entrene" a las partes a funcionar como un nuevo equipo, a gestionar la nueva realidad, a saber dialogar y alcanzar acuerdos beneficiosos para ambos, porque no podemos olvidar que si bien es verdad que ya no son pareja, sin embargo en la mayor parte de las ocasiones, siguen siendo progenitores o manteniendo un patrimonio común.