04/12/2024
¿Queréis conocer los tres siguientes mandamientos de los abogados?
Eduardo Couture dice en su decálogo que los abogados debemos estudiar, pensar y trabajar. Este decálogo que si bien es para abogados, también, como he insistido sobre él en mis anteriores posts, son reglas que puede aplicar cualquier persona en el ámbito de su vida que desee, pues no dejan de ser valores nucleares para avanzar firmemente hacia nuestros objetivos.
Como digo, los siguientes integrantes forman un triángulo, digamos, “amoroso”: pensar, sentir y actuar. Ya que todo aquello que regula nuestra existencia se basa en pensamientos, sentimientos y acciones ¿o no?
Aplicado al Derecho, Couture nos advierte que debemos estudiar puesto que el Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado. También debemos pensar, puesto que, el derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando. Finalmente, nos dice que debemos trabajar duro ya que la abogacía es una dura fatiga pues está al servicio de la Justicia.
Y es cierto, es una profesión maravillosa, pero muy sacrificada y con numerosos sinsabores diarios. Por ejemplo, un día de trabajo normal de un abogado, que puede durar unas 12 horas perfectamente, puede comenzar dando una buenísima noticia a su cliente, continuar recibiendo una notificación que descuadra la estrategia que pensó para otro asunto que le obliga a estudiar de nuevo el expediente y la jurisprudencia, y terminar con una llamada de un nuevo cliente, y, en medio de todo, imprevistos muy variopintos para que no se aburra (si es que nos da tiempo de eso).
Fuera del Derecho (dejemos descansar a Couture), ponerlos en práctica es muy útil, ya que, ante cualquier decisión importante o problema, antes de actuar debemos pensar, estudiar. La intuición está bien, pero hay que estrujarse el cerebro. Y cuando hayamos sopesado el asunto es cuando debemos actuar. Es cierto que no siempre contamos con mucho tiempo para estudiar, algunas veces hay, además, que ser ágiles y pensar rápido.
Para finalizar este post, comparto con vosotros algo que me repetía mucho mi padre cuando buscaba su experiencia y ayuda, en este caso, ante una preocupación. Él siempre me decía con mucho acierto: María ¿este problema tiene solución? Si la tiene (es decir, ya la has encontrado, pensado o estudiado) ¿por qué te preocupas tanto? Y si no la tiene (es decir, si por mucho que te has estrujado el cerebro, no hay como salvar la situación) ¿de qué te preocupas?
Reconozco que soy de las personas que se preocupa mucho cuando tiene algún problema y me lleva mi tiempo encontrar la solución. No me gusta decidir a la ligera, aunque lo hago cuando no me queda más remedio. Y vosotros, ¿tenéis alguna estrategia diferente para solucionar vuestros problemas o para tomar decisiones importantes?