La clase política de primer nivel se ha distanciado (desde hace mucho tiempo aunque nos hayamos dado cuenta ahora) del resto de la ciudadanía. Ningún ciudadano de clase media o baja puede sentirse identificado o representado por ningún dirigente de ese sector. Pero no os engañéis, no penséis que aquellos que forman parte de partidos minoritarios y esgrimen ideas populares para alentar al pueblo ll
ano se parecen a vosotros. Pues su objetivo es el mismo, alcanzar las altas esferas, subirse al tren de la política estatal y acceder al círculo vicioso de la pseudodemocracia imperante.
¿Qué creéis que harán cuando hayan llegado? Cuando puedan prevaricar, malversar, enriquecerse ilícitamente, etc, a coste cero, ¿elegirán ser honestos? El que aún hoy no se ha corrompido es porque no ha tenido ocasión. La solución no es aupar a los partidos minoritarios. La salida de este agujero pasa por romper ese círculo vicioso en el que todo está permitido y es gratuito. El problema, amigos míos, no es quién gobierna sino qué límites tiene. Ellos no se los pondrán. Nos corresponde a nosotros, al pueblo, imponerles márgenes para ejercer la función pública. Somos esclavos de un sistema viciado que jamás nos dejará ser libres. Sólo nosotros, todos juntos, podremos recuperar las riendas de un país que nos pertenece y que hace ya muchos años que nos arrebataron.