05/06/2026
Los hijos no deberían convertirse en herramientas de conflicto.
Cuando una relación termina, el vínculo de pareja puede romperse.
Pero el rol de madre y padre continúa.
En derecho de familia, muchas decisiones tomadas desde el enojo terminan afectando a quienes menos deberían cargar con ese conflicto: los hijos.
Hablar mal del otro progenitor, usar a los niños como intermediarios, impedir vínculos por resentimiento o convertir cada desacuerdo en una batalla no protege a los hijos. Los expone.
Separarse no debería significar destruir.
La verdadera protección no siempre está en “ganar” una discusión.
Muchas veces está en actuar con calma, estrategia y responsabilidad emocional.
Porque las decisiones impulsivas pueden pasar.
Pero las consecuencias emocionales en los hijos suelen quedarse durante años.
— Nieves López | Abogada de Familia