11/12/2015
PARTE 2/2: El rol del Estado
¿Por qué se han aproximado los liberales e igualitaristas tradicionales?
Porque tenemos matices de las formulaciones liberales: sin ir más lejos, el tipo de economía que impera en todo el mundo. Pero también somos conscientes de la necesidad de atemperar sus efectos, ya que hemos comprobado que las leyes de mercado no bastan para configurar una sociedad justa, acorde con nuestros principios morales.
Hoy en día, en España, las clásicas “izquierda” y “derecha” responden a esta consideración. El reconocimiento de la igualdad no es meramente pasivo, sino que el Estado articula los medios de corregir esas desigualdades en un plano social, e incluso económico. A través de los llamados principios programáticos de la Constitución –los de carácter más político, serían los objetivos del Ejecutivo en el poder, que varían según las decisiones que se tomen, como por ejemplo, la consecución del pleno empleo-; y de su conjugación con el principio de igualdad, el Estado protege a unos colectivos sobre otros.
¿Cómo lo hace?
Pues precisamente, discriminando a unos sobre otros. Es lo que se conoce como “discriminación positiva”, ya que con desigual criterio pretende favorecerse la igualdad de los ciudadanos. Y es que el Estado distingue entre la igualdad teórica y la igualdad efectiva, real, y es consciente de que no con el mismo trato puede llegarse a una solución equitativa para todos en todos los casos. Puede parecer contradictorio que para conseguir la no discriminación se discrimine, pero ésa es la base teórica sobre la que se alza el Estado del bienestar.
Pensemos en algunos ejemplos: Se discrimina positivamente a las mujeres sobre los hombres, a través de las políticas de fomento del empleo y salario de s**o femenino; a través de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer –específicamente para esos asuntos-; se discrimina positivamente a las familias monoparentales, a las familias numerosas, a los discapacitados, a los estudiantes con menos capacidad económica, y un largo etcétera.Todo ello es la base del sistema retributivo de España, de los programas políticos de los diferentes partidos, de la configuración legal sectorial, de su justicia efectiva.
Porque, aunque nos parezca extraño, no todos comulgan con nuestra ideología, nuestra moral. En España, todos los partidos, sean del color que sean, gozan de un marcado corte igualitarista que matice los principios capitalistas. Las variaciones en el programa responden a lo explicado anteriormente: las diferentes configuraciones de los principios programáticos. Cuánto se invierta en los derechos económicos, sociales y culturales, es lo que distingue un partido de otro; ya que estos derechos son, sin duda, más costosos que los derechos civiles y políticos –normalmente consistentes en una prohibición de injerencia del Estado, sin coste económico para el mismo, como por ejemplo, la libertad de expresión-.