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La realidad, la verdad o la mentira, siempre se han representado con imágenes, pinturas, cuentos y comentarios. La intel...
18/02/2024

La realidad, la verdad o la mentira, siempre se han representado con imágenes, pinturas, cuentos y comentarios. La inteligencia artificial también nos comunicará más historietas, con más imágenes y más videos, como siempre se nos han contado.

Sólo, quizás sólo, y atendiéndolo sólo desde algún punto de vista, el firme desconocimiento del infinito antes de las co...
12/02/2024

Sólo, quizás sólo, y atendiéndolo sólo desde algún punto de vista, el firme desconocimiento del infinito antes de las cosas, produzca en nosotros un vacío irremediable; una existencial vacilación.

Nadie puede decir que cuando consiguió englobar bajo el mismo hatillo todo el Universo, no dejara nada fuera. Y eso pensando a lo grande. Pues, pensando en lo mundano de cada uno, tampoco nadie puede decir que teniéndolo todo ordenado, no le quede nada por encajar. Lo mejor de todo es, que en ambos casos, casi nada se encaja y casi nada se engloba.

Al respecto, considerando que sólo desde algún punto de vista, los hilos que cortamos para atar las cosas, se esfuman entre ellas, se podría entender el infinito lienzo de razones que tejemos y destejemos. Cuando uno, pasmado por el número dos, se gira contra el hermético seno de la profundidad, siempre retorna con las manos llenas de ejes. El mundo está repleto. Uno, inconscientemente, pensaría que si pusiera aquí un escalón, ya tendría su escalera. Y aunque inmediato a la primera piedra, más o menos sin ayuda, un gran resto de cosas se ajustasen, también a nadie le faltan pilares donde asomar, al infinito, las mismas, parecidas y otras cosas que los demás. El mundo, así, sólo así, parece un justo caos de razones.

Muchas de las cosas que preocupan a la gente son rutinas de la mente que a saber por qué se producen ¡y bien pudiera ser...
06/02/2024

Muchas de las cosas que preocupan a la gente son rutinas de la mente que a saber por qué se producen ¡y bien pudiera ser que no sean más que una especie de ruido de fondo! Como ese ruidillo que produce el lamento de aquello que uno piensa que se dejó escapar. También hay cosas que preocupan a la gente que no las reconocemos como las verdaderas fraguas de nuestras miradas. A este respecto, pocas cosas más importantes son para la gente que sus relaciones interpersonales. La gente se preocupa constantemente (mucho más que rutinariamente) por la posición que ocupamos entre los demás y por el aprecio y las distancias que guardamos con cada una de las personas a nuestro alcance. Permanentemente estamos calculando estas cosas y adaptando nuestros pasos según las luces que nos transmiten esas ecuaciones de personas. Y sin embargo, esta realidad tan presente en la vida personal de todo el mundo, apenas tiene valor a la hora de rellenar lo que uno tiene o deja de tener. Este es, de hecho, un buen problema de nuestras miserias, porque a pesar de estar considerablemente afectados por esas preocupaciones tan insistentes ¡y tan silenciosamente útiles!, nos dejamos arrastras por los ruidos de fondo: Nadie es nada sin los demás, pero echamos las cuentas según lo que tengamos en propiedad. Es una cosa más de todas las que absurdamente nos engañan la mente y nos van robando la vida.

Muchas veces muchos han dicho y dicen lo universal que es el ser humano y cuan grande es nuestro mundo. Aunque hay una f...
02/02/2024

Muchas veces muchos han dicho y dicen lo universal que es el ser humano y cuan grande es nuestro mundo. Aunque hay una forma de ver eso mismo que no dice nada de lo mismo. Ya que todo lo grande que se ve, está solo sen nuestras cabezas, formado por ilusiones, pulidas palabras, deseos y oscuros conceptos en bruto. Pero si uno viaja con los ojos hasta las estrellas más lejanas y mira desde allí al Universo, mientras mira también desde aquí las pequeñas flores e insectos que nos rodean, puede encontrar un cosmos mucho más grande y universal que nosotros. De hecho no es difícil, de esa manera, encontrar un universo más y más eterno, más y más fundamental, más y más inmutable y más, mucho más envolvente que nuestras palabras, ideas, deseos y colosales proyectos. Hay una forma de vernos que nos hace atómicamente pequeños, y nos mete en un retículo de vibraciones sin aún ningún efecto mariposa sobre el universo. Sin embargo, es indiscutible, que como muchas veces muchos han dicho y dicen, nuestro poderoso cúmulo de universales argumentos e ilusiones, es bastante total y bastante mundial.

Digamos que la diferencia entre la verdad y la mentira (ambos nombres dichos en un sentido lo más amplio posible), sea e...
22/01/2024

Digamos que la diferencia entre la verdad y la mentira (ambos nombres dichos en un sentido lo más amplio posible), sea el lugar en el que se encuentra aquello de lo que se predican: o sólo en la mente, o además en el mundo del presente o pasado. El hecho de la comprobación de si lo que está en la mente también está o ha estado en el mundo (prueba en la que muy probablemente habría que basar el uso eventual de cualquiera de los apelativos), no debería ni presuponer la verdad o mentira de esta pareja de nombres, ni implicarla. Se diría que la clasificación verdad/mentira es válida aunque sus conjuntos estén o vacíos, o llenos o como sea. Esto, aunque parezca disparatado, no hace sino honor a una clasificación ancestral y cuya funcionalidad no es ahora objeto de examen.

La primera cosa que querría ahora añadir al conjunto de la verdad es la afirmación de que el hombre no ha hecho el Universo (dicho también este nombre en su sentido más amplio posible). Supongamos por lo tanto lo siguiente: Nosotros no hemos hecho la especie humana. Así mismo, tampoco habríamos hecho a los demás seres humanos que nos rodean; ni los sentidos humanos por los que nos parece distinguir a otros seres humanos a nuestro alrededor; y no sólo a los otros seres humanos que distinguimos, sino a los demás seres vivos que también nos parece distinguir; y así, tampoco habríamos hecho ninguna de las cosas, excepto las artificiales, que nos rodean. Entonces, computando un poco, diría que en el conjunto de la verdad habrían quedado incluidas dos cosas: que el hombre no ha hecho algo; y un algo que es el Universo (dicho en el mismo sentido más amplio de su significado).

Seguidamente, querría preguntarme si la obligación de respetar lo que nos rodea (dicho también esto de respetar en el más amplio sentido de la palabra) es verdad o mentira. Pero antes de continuar, quisiera aclarar que tanto las afirmaciones sobre que el hombre, o algún hombre, haya hecho el Universo, junto con la alternativa de que nada lo haya hecho; como la otra afirmación de que no existe ningún algo (entiéndase este pronombre en su sentido más amplio posible), quedan todas, a simple voluntad propia, fuera del conjunto de la verdad: vamos, que son mentira.

Entonces, nos queda estar obligados (en términos generales, como si se entendiese que se puede hacer lo contrario a lo que de hecho ocurre). Porque, ¿Quién no ha dado nunca una orden? Y no me refiero a dársela, en el peor de los casos, a uno mismo, sino a una orden a otra persona. En este sentido, ¿no queda claro que si ordenas algo es porque crees en la obligación? Quiero decir, que si pensases que la obligación es mentira, ¿para qué nos íbamos a molestar en dar órdenes? ¿no se opone por alguien que lo que se hace es lo que tiene que pasar? Con todo, estaríamos afirmando que admitir que somos libres, es casi lo mismo que admitir que tenemos obligaciones. En este sentido, ¿podríamos afirmar que somos libres pero que no tenemos obligaciones? Como ya se dijo en otra ocasión, parecería precisamente que eso se afirma al decir que somos libres: que no tenemos obligaciones. Sin embargo, aunque ser libres no equivalga a tener obligaciones (por ejemplo en cuanto a hacer el futuro); con relación al hecho de poder hacer simplemente otra cosa (prevista), la obligación es una consecuencia de la libertad. O sea, es como que si se tienen obligaciones es porque se es libre; y como que si no se tienen obligaciones, entonces es que no hay nada previsto. Para aclararnos, se está hablando de dos conceptos distintos: uno el de la libertad como movimiento hacia lo desconocido; otro el de la libertad como movimiento hacia lo reconocido. En uno no existen las obligaciones, en el otro son necesarias. Esto es, respecto de la obligación de respetar a los demás, queda entendido que se trataría del ámbito donde las cosas se mueven entre lo previsto, y donde la libertad se corresponde con obligaciones.

Si el deseo es libre, la forma de alcanzar su objeto es una cadena de obligaciones. En este sentido (y a la manera del anteriormente descrito mundo reconocible), se dice que somos libres , porque podemos elegir los objetos de nuestro deseo: aunque hasta alcanzarlos nos veremos obligados. Afirmar, por lo tanto, que todos debemos respetar a los demás, pasa por reconocer que detrás de esto hay algún deseo que todos quieren alcanzar. Esto podría ser fácil de entender si dijésemos que para alcanzar el objetivo, por ejemplo, de ser inmortales, hay que respetar a los demás. El caso es que, sea cual fuere el mismo objeto al que sirva toda obligación de respetar a los demás, será cierto que habremos de cumplirla.

Pero la cuestión, como es obvio, se despierta más bien para determinar el objeto al que sirve la obligación; y sobre todo, en si al eludir esa obligación se debe responder de algo y ante quién, o sólo se sufre la pérdida de la consecución del deseo.

Si nos preguntamos qué es lo que nos obliga, posiblemente nos responderíamos que muchas cosas; y pensaríamos, si fuese e...
19/01/2024

Si nos preguntamos qué es lo que nos obliga, posiblemente nos responderíamos que muchas cosas; y pensaríamos, si fuese el caso, que la mayoría de esas cosas, por cierto que serían de origen ajeno a nuestra propia voluntad. Y esta no sería una respuesta demasiado extraña. No obstante, si ahora nos preguntáramos qué nos obligará cuando podamos hacer lo que queramos, nos extrañaríamos si no respondiésemos a favor de nuestra propia voluntad; valdría decir que, si se pudiese, haríamos lo que quisiéramos. Al fin y al cabo, ¿no diríamos que todos obramos en primera instancia según nos da? ¿Cómo verlo de otra forma? Sostengamos por ello, una nueva cuestión: ¿qué conjunto de cosas son esas que hacen fuerza contra nuestra propia voluntad?

Entendamos antes, y en primer lugar, ese hecho que antes hemos colocado como nuestra primera instancia, y que no es otro que el actuar conforme a nuestra propia dirección. Se trata simplemente de reconocer que nadie, si no se ve forzado, escapa de sí mismo. Así, igual que la primera vez nos hubimos respondido que nos obligaban muchas cosas (ajenas), también habremos de reconocer que, bien pensado, cada uno siempre busca hacer (o de hecho lo hace) lo que quiere.

Pero, como se dice, así como parece insalvable este primer abismo de la propia voluntad, también nos encontramos con una ineludible atmósfera donde todo un mundo de cosas ajenas está empujándonos a actuar. Y preguntémonoslo, porque ¿quién está detrás de esta funesta tela?

Hablando como aquí se está haciendo, hay algo que se crece con prisa en este razonamiento. Y es que, si todo lo que pasa ante los ojos, ocurre necesariamente, o sea, que pasa como si las cosas estuviesen encadenadas unas con otras, habría que concluir que nadie, sea cuando fuere, es ni será libre de nada. Esta cuestión podría parecer sólo especulativa, pero tira una persistente resaca contra nuestra aludida primera instancia: mas no así contra ese otro mundo de fuerzas ajenas, que, así visto, se impondría más bien como un destemplado oleaje. Diríamos que, al calor de la mera especulación, esa tela se hace, si aún cabe, más ma**za y más funesta. Y preguntémonoslo, ¿somos o no somos libres?

30/03/2023

Dado el escenario de generalizado abuso en materia de cumplimiento de la jornada laboral diaria, con excesos habituales de horas trabajadas sin remunerar ni…

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