30/04/2017
Cuadros Fundamentales para entender la historia de la Pintura
Las Oreadas (1902). Bouguereau.
Óleo sobre Tela. 236 cm x 182 cm.
Musée d'Orsay. París, Francia.
La obras "académicas" poseen una gran calidad técnica, alcanzan la mayor perfección posible para su época, y esto se debe a que están concebidas con las normas que dictan las Academias de Artes.
Los patrones de belleza están establecidos de antemano (no los descubre el artista por su experiencia directa) y suelen ser del gusto de un público mayoritario, clásico.
Pero en la historia, como en la vida misma, cada cierto tiempo se da un agotamiento por tanta perfección, por tanto orden, por tanta "prolijidad", por tanto "hacer lo que agrada a todo el mundo", que termina estallando la rebeldía y llega con fuerza algún movimiento que se opone a todo ello, acusando al academicismo de rígido, de no permitir la libertad del artista.
Buguereau es un excelente ejemplo de artista academicista, exquisito, condenado y aborrecido en la historia por ser enemigo de toda idea progresista. Tengamos en cuenta que es la máxima figura del arte oficial, en una época en la que vendrán a rebelarse contra éste Constable, los impresionistas, los genios post-impresionistas y toda la Modernidad (recién sobre finales del Siglo XX recupera algo de prestigio, ya que hay que reconocer su calidad técnica perfecta, innegable al dar un simple vistazo a cada una de sus pinturas).
Sus temáticas son las temáticas idealizadas y evocadoras que le interesan al burgués: mujeres bellas, desnudos tímidamente eróticos, ternura, niños encantadores, y una especie de "mitología sentimental".
Para los grandes genios de su época que lo detestan (una anécdota: cuando Cézanne es rechazado de la convocatoria anual de la Academia, dice haber sido "excluido del Salón Bouguereau"), su pintura es una pintura complaciente, como "para el burgués hipócrita".
Pero qué bien pinta.
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