27/08/2026
EL SESGO DE GÉNERO EN CIENCIA NO SIEMPRE ES EVIDENTE.
No necesariamente aparece porque alguien decida de forma consciente que la salud de las mujeres importa menos. Muchas veces surge de algo mucho más cotidiano: durante años se investiga principalmente un tipo de cuerpo, se construye conocimiento alrededor de él y después ese conocimiento termina considerándose válido para todo el mundo.
Durante mucho tiempo, el cuerpo masculino ha ocupado ese lugar de referencia en numerosos ámbitos de la investigación biomédica.
Y cuando queremos responder preguntas específicamente femeninas, a veces descubrimos que la evidencia que necesitamos simplemente no existe.
Entonces extrapolamos.
Utilizamos los datos disponibles, hacemos ajustes y aplicamos recomendaciones procedentes de poblaciones que no representan exactamente a las mujeres sobre las que queremos intervenir.
A veces puede ser la mejor decisión posible. Pero no deberíamos confundir:
“es la mejor información que tenemos”
con
“tenemos información suficiente”.
La discusión reciente sobre las recomendaciones nutricionales en la menopausia me parece importante precisamente por eso.
Porque EL SESGO DE GÉNERO EN LA INVESTIGACIÓN NO SURGE AISLADO.
Es también un reflejo del sesgo de género que existe en nuestra sociedad, en nuestras instituciones y en nuestra vida cotidiana.
LOS SESGOS MÁS DIFÍCILES DE DETECTAR SON PRECISAMENTE AQUELLOS QUE HEMOS NORMALIZADO.
Si no nos detenemos a pensar, a cuestionar lo que damos por hecho y a preguntarnos quién ha quedado fuera, difícilmente podremos verlos.
No se trata de asumir que hombres y mujeres somos iguales o diferentes.
Se trata de algo mucho más científico:
comprobar cuándo esas diferencias son relevantes y cuándo no.
TENER LOS MISMOS DERECHOS NO SIGNIFICA TENER CUERPOS IDÉNTICOS.
Y una ciencia verdaderamente igualitaria también necesita reconocer las diferencias cuando importan.
Quizá la pregunta no sea solo:
¿qué sabemos?
Sino también:
¿sobre quién lo sabemos?
Porque aquello sobre lo que no reflexionamos puede permanecer invisible incluso estando delante de nosotros.