13/04/2026
Hace veinte años sembré una promesa en silencio, cuando apenas comenzaba este camino sinuoso pero satisfactorio. No fue un sendero fácil, estuvo marcado por sacrificios, por ausencias que pesaron más que cualquier carga, por noches largas y días inciertos, pero nunca me detuve.
A Dios le debo la fortaleza que me sostuvo cuando las fuerzas faltaban, cuando el cansancio quería quebrarme.
Este logro no es solo mío. Pertenece también a mi esposa y a mis hijos, que fueron luz en la distancia, refugio en el pensamiento.
A la institución militar, mi gratitud sincera por haberme permitido integrar sus filas, en cada rincón recorrido, fui dejando parte de mi vida y forjando historias que jamás se borrarán.
Veinte años no pasan en vano; dejan huella, marcan el alma y transforman al hombre.
Lo prometí y lo cumplí.
Y ahora, con la tranquilidad que me otorga la vida estoy listo para regresar a donde siempre pertenecí, al abrazo sincero de mi familia, a vivir con plena libertad y seguir mis ideales.