07/06/2026
MI POSICIÓN SOBRE EL EXAMEN DEL COLEGIO DE ABOGADOS
El examen de incorporación al Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica no es un examen imposible. Tampoco fue diseñado para excluir a nadie. No nos rasguemos las vestiduras.
Es un examen de competencia mínima. Nada más. Es un estándar mínimo.
Quien quiera ejercer una profesión tan delicada como el Derecho tiene que poder demostrar que sabe lo suficiente para representar a una persona, defender un derecho, manejar un patrimonio o enfrentar un proceso judicial. Eses el piso mínimo.
El problema no son los aspirantes. El problema es lo que están aprendiendo, o dejando de aprender, en las aulas. Ahí me parece que está el problema.
La educación jurídica en Costa Rica lleva años deteriorándose. Varias universidades privadas convirtieron la carrera de Derecho en un negocio familiar, donde lo que importa es llenar grupos, no formar profesionales. En las públicas, la burocracia académica terminó protegiendo estructuras y gollerías en lugar de resultados. El efecto es visible desde hace varios años: graduados que llegan al final de la carrera sin dominar conceptos que debieron haber aprendido en primer año.
Sería un error que pagaríamos caro bajar el nivel del examen. Sería un precio que lo pagarían los ciudadanos que le confían a esos profesionales su libertad, su patrimonio y sus derechos.
Para tener perspectiva y compararnos “hacia arriba”, el examen de barra de Nueva York dura dos días, con jornadas de seis horas cada una. El examen costarricense es una fracción mínima de esa exigencia. Aun así se debate si es demasiado difícil.
La pregunta correcta no es cómo hacer más fácil el examen. La pregunta es por qué las universidades están graduando personas que no lo pasan.
Costa Rica necesita más abogados. Pero, sobre todo, necesita mejores abogados.