06/09/2026
“La corrupción sigue siendo una de las armas más importantes de los cárteles.”
Terry Cole, administrador de la DEA
Esta afirmación adquiere especial relevancia en Costa Rica frente al caso Riverside. La investigación describe una poderosa estructura criminal que no se habría limitado al narcotráfico y la legitimación de capitales: habría buscado penetrar instituciones, obtener información privilegiada, evadir controles y proteger su capacidad operativa.
Lo verdaderamente inquietante es que el peligro no era desconocido.
❌Desde 2014, el propio Poder Judicial había detectado el riesgo de penetración del narcotráfico y el crimen organizado dentro de su estructura, al punto de crear una comisión y adoptar medidas para intentar blindar la institución.
Doce años después aparece Riverside y las alarmas vuelven a encenderse.
No significa que todo el Poder Judicial esté contaminado. Significa algo suficientemente grave: el crimen organizado habría intentado con éxito permear sectores institucionales precisamente porque sabe que corromper el sistema puede resultar más efectivo que enfrentarlo.
Por eso resulta peligroso reducir las actuales denuncias a solo una disputa política entre poderes.
La independencia judicial es indispensable, pero no puede convertirse en argumento para negar problemas que el mismo Poder Judicial reconoció hace más de una década.
Costa Rica necesita saber qué falló, hasta dónde pudo llegar la penetración criminal y cuáles controles deben modificarse urgentemente.
Porque cuando el narcotráfico logra acercarse a las instituciones encargadas de investigarlo y juzgarlo, ya no estamos hablando únicamente de delincuencia.
Hablamos de seguridad nacional.
De 53 personas detenidas en el caso en cuestión, 15 ya fueron liberadas con la ayuda de la Fiscalía .